Día 130

Cosecharás mucho más de lo que siembres

Sabiduría Salmos 58:1-11
Nuevo Testamento Juan 6:1-24
Antiguo Testamento Jueces 9:1-57

Introducción

Walter Nishioka sabía que el servicio en el hotel hawaiano donde comía el brunch los miércoles era bueno. Pero descubrió lo bueno que era cuando se le ofreció algo que seguro no estaba en el menú: uno de los riñones del propio camarero.

El señor Nishioka, de 70 años, era un empresario local que estaba gravemente enfermo a causa de una insuficiencia renal que padecía y los médicos le habían dicho que necesitaba urgentemente un trasplante. Había casi renunciado a la esperanza de encontrar un órgano compatible hasta que el camarero José Rocasa, de 52 años, ofreció uno de los suyos. Nishioka comentó: «No iba a sobrevivir mucho tiempo y los médicos habían dicho que era poco probable que pudieran encontrar a tiempo un órgano compatible. Pero con un buen hombre aquí y con mucha ayuda de arriba, ahora estoy vivo y bien».

El señor Nishioka había frecuentado el hotel durante 22 años, y a lo largo de ellos José Rocasa había servido su mesa. Rocasa recordaba que siempre había sido muy considerado y simpático, y había dado propinas generosamente. «Solo quería ayudarlo» —aseguró— «Durante años hemos tenido una amistad en la que él viene a almorzar y yo hago todo lo posible por hacerlo feliz y siempre me corresponde siendo bueno conmigo. Por supuesto le dije: “No se preocupe, le puedo dar un riñón”».

¡El señor Nishioka sembró generosidad y cosechó generosidad!

Hoy vemos que:

  • Cosechas lo que siembras
  • Cosechas más tarde lo que siembras
  • Cosechas más de lo que siembras
Sabiduría

Salmos 58:1-11

Al director musical. Sígase la tonada de «No destruyas». Mictam de David.

1 ¿Acaso ustedes, gobernantes, actúan con justicia,
 y juzgan con rectitud a los seres humanos?
2 Al contrario, con la mente traman injusticia,
 y la violencia de sus manos se desata en el país.

3 Los malvados se pervierten desde que nacen;
 desde el vientre materno se desvían los mentirosos.
4 Su veneno es como el de las serpientes,
 como el de una cobra que se hace la sorda
5 para no escuchar la música del mago,
 del diestro en encantamientos.

6 Rómpeles, oh Dios, los dientes;
 ¡arráncales, Señor, los colmillos a esos leones!
7 Que se escurran, como el agua entre los dedos;
 que se rompan sus flechas al tensar el arco.
8 Que se disuelvan, como babosa rastrera;
 que no vean la luz, cual si fueran abortivos.

9 Que sin darse cuenta, ardan como espinos;
 que el viento los arrastre, estén verdes o secos.
10 Se alegrará el justo al ver la venganza,
 al empapar sus pies en la sangre del impío.
11 Dirá entonces la gente:
 «Ciertamente los justos son recompensados;
 ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra.»

Comentario

Siembra justicia

Más de 800 000 personas (principalmente mujeres y niños) son víctimas de trata para explotación sexual cada año en este nefasto comercio. Actualmente hay 29,8 millones de personas bajo esta forma de esclavitud moderna. Casi todos los días leemos noticias de las atrocidades llevadas a cabo por el Daes y otros regímenes malvados.

En palabras de The Message, el salmista se opone a esta clase de injusticia: «¿Es esto una manera de dirigir un país? ¿Hay un político honesto en casa?» (v.1, MSG).

Clama contra los gobernantes que no hablan con justicia (v.1), cuyos corazones traman la injusticia y cuyas manos «a la violencia \[le\] abren camino» (v.2, RVA-2015). Son «calderos del mal», haciendo «tratos con los demonios» (v.2, MSG) y hablan mentiras (v.3). Ignoran los gritos de aquellos que desean la justicia —tanto los seres humanos como Dios mismo— porque son como «una cobra que se hace la sorda para no escuchar la música del mago, del diestro en encantamientos» (vv.4b-5).

El liderazgo es clave en cualquier sociedad; un líder que siembra injusticia cosechará terribles consecuencias. Están sembrando veneno: «Su veneno es como el de las serpientes» (v.4). Ellos crean una sociedad inestable y con el tiempo, acabarán siendo arrastrados (v.9). Cuando esto suceda, habrá un gran alivio por todas partes. Ellos cosechan lo que siembran. Del mismo modo, «los justos son recompensados» (v.11a). Cuando vemos este principio en el trabajo decimos, «hay un Dios» (v.11).

A menudo, la cosecha sucederá mucho más tarde que la siembra. Incluso si tenemos que esperar hasta el juicio final, este salmo nos recuerda que se hará justicia. El juicio de Dios es bueno, emana de Su amor. Dios valora a cada uno de nosotros tanto que se preocupa por cómo nos tratamos unos a otros. En última instancia, la injusticia no triunfará, la justicia prevalecerá y los justos se alegrarán (v.10).

Oración

Señor, ayúdame a hacer todo lo posible para sembrar justicia en este mundo. Ayúdame a luchar contra la injusticia donde quiera que la vea.

Nuevo Testamento

Juan 6:1-24

Jesús alimenta a los cinco mil

6Algún tiempo después, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades). 2 Y mucha gente lo seguía, porque veían las señales milagrosas que hacía en los enfermos. 3 Entonces subió Jesús a una colina y se sentó con sus discípulos. 4 Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua.

5 Cuando Jesús alzó la vista y vio una gran multitud que venía hacia él, le dijo a Felipe:

—¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?

6 Esto lo dijo sólo para ponerlo a prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer.

7 —Ni con el salario de ocho meses podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno —respondió Felipe.

8 Otro de sus discípulos, Andrés, que era hermano de Simón Pedro, le dijo:

9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?

10 —Hagan que se sienten todos —ordenó Jesús.

En ese lugar había mucha hierba. Así que se sentaron, y los varones adultos eran como cinco mil. 11 Jesús tomó entonces los panes, dio gracias y distribuyó a los que estaban sentados todo lo que quisieron. Lo mismo hizo con los pescados.

12 Una vez que quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos:

—Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada.

13 Así lo hicieron, y con los pedazos de los cinco panes de cebada que les sobraron a los que habían comido, llenaron doce canastas.

14 Al ver la señal que Jesús había realizado, la gente comenzó a decir: «En verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo.» 15 Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo.

Jesús camina sobre el agua

16 Cuando ya anochecía, sus discípulos bajaron al lago 17 y subieron a una barca, y comenzaron a cruzar el lago en dirección a Capernaúm. Para entonces ya había oscurecido, y Jesús todavía no se les había unido. 18 Por causa del fuerte viento que soplaba, el lago estaba picado. 19 Habrían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron que Jesús se acercaba a la barca, caminando sobre el agua, y se asustaron. 20 Pero él les dijo: «No tengan miedo, que soy yo.» 21 Así que se dispusieron a recibirlo a bordo, y en seguida la barca llegó a la orilla adonde se dirigían.

22 Al día siguiente, la multitud que se había quedado en el otro lado del lago se dio cuenta de que los discípulos se habían embarcado solos. Allí había estado una sola barca, y Jesús no había entrado en ella con sus discípulos. 23 Sin embargo, algunas barcas de Tiberíades se aproximaron al lugar donde la gente había comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24 En cuanto la multitud se dio cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm a buscar a Jesús.

Comentario

Siembra generosamente

Por supuesto, hay muchísimas lecciones que aprender de los acontecimientos sucedidos en la vida de Jesús. Una de ellas es el principio de que los que siembran generosamente también cosecharán generosamente.

Jesús alzó la vista y vio una gran multitud acercándose a él. Preguntó a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?» Él preguntó esto para agrandar la fe de Felipe (vv.5-6a, MSG). La fe es como un músculo, crece al ejercitarse.

Aunque Jesús hizo la pregunta, en realidad «él ya sabía lo que iba a hacer» (v.6b). Esto demuestra que está bien hacer preguntas a las que ya conoces la respuesta. (De hecho, cuando ejercí como abogado, ¡me enseñaron que hiciera solamente preguntas a las que ya conocía la respuesta!).

«Ni con el salario de ocho meses podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno —respondió Felipe. Otro de sus discípulos \[…\] señaló: ―Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?» (vv.7-9).

El acto de generosidad de este muchacho nunca será olvidado. Jesús es capaz de hacer mucho con poco. El muchacho dio generosamente todo lo que tenía. No fue mucho, fue como «una gota en el balde para una multitud como aquella» (v.9, MSG).

Sin embargo, se multiplicó en las manos de Jesús. Por lo menos 5000 fueron alimentados y sobró mucho. Jesús les pidió: «Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada» (v.12). Si hacía falta un fundamento bíblico para justificar que no hay que desperdiciar la comida, aquí está; siempre parece un desperdicio terrible tirar la comida innecesariamente.

El mundo produce suficientes alimentos para sustentar a todos. Sin embargo, 870 millones de personas (1 de cada 8 de la población mundial) sufren de desnutrición crónica. Al mismo tiempo, alrededor de un tercio de los alimentos producidos en el mundo para consumo humano cada año —aproximadamente 1300 millones de toneladas— se desperdician o se dañan. Necesitamos poner en obra urgentemente lo mandado por Jesús, tanto individual como colectivamente: «No se desperdicie nada» (v.12).

Lo que le das a Jesús se multiplica. El apóstol Pablo escribió: «Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará» (2 Corintios 9:6).

Haz que sea tu objetivo ser la persona más generosa que conoces. Sé generoso con tu dinero, tus posesiones, tu tiempo y tu amor. Nunca podrás superar a Dios en generosidad; cuanto más das más cosecharás y más disfrutarás del favor de Dios en tu vida.

Inmediatamente después de este asombroso milagro de la alimentación de los 5000, los discípulos se encontraron en medio de una tempestad (Juan 6:18). Jesús llama a sus discípulos a pasar de una fe basada en un milagro visible que satisfizo sus necesidades físicas, a una fe basada en la confianza total en él y sus palabras.

Jesús camina milagrosamente sobre el agua hacia ellos. «Estaban aterrados, pero él exclamó: “No tengan miedo, ¡yo estoy aquí!”» (vv.19-20, NTV). Seguir a Jesús no siempre es fácil; en la vida hay tormentas y desafíos, pero la presencia de Jesús con nosotros es transformadora. No es de extrañar que la multitud fuera «a buscar a Jesús» (v.24).

Oración

Gracias Jesús porque lo que te doy lo multiplicas. Señor, ayúdame a ser generoso con todo: dinero, posesiones, hospitalidad y tiempo.

Antiguo Testamento

Jueces 9:1-57

Abimélec

9Abimélec hijo de Yerubaal fue a Siquén a ver a los hermanos de su madre, y les dijo a ellos y a todo el clan de su madre: 2 «Pregúntenles a todos los señores de Siquén: “¿Qué les conviene más: que todos los setenta hijos de Yerubaal los gobiernen, o que los gobierne un solo hombre?” Acuérdense de que yo soy de la misma sangre que ustedes.»

3 Cuando los hermanos de su madre comunicaron todo esto a los señores de Siquén, éstos se inclinaron a favor de Abimélec, porque dijeron: «Él es nuestro hermano.» 4 Y le dieron setenta monedas de plata del templo de Baal Berit, con el cual Abimélec contrató a unos maleantes sin escrúpulos para que lo siguieran. 5 Fue a Ofra, a la casa de su padre, y sobre una misma piedra asesinó a sus setenta hermanos, hijos de Yerubaal. Pero Jotán, el hijo menor de Yerubaal, se escondió y logró escaparse. 6 Todos los señores de Siquén y Bet Miló se reunieron junto a la encina y la piedra sagrada que están en Siquén, para coronar como rey a Abimélec.

7 Cuando Jotán se enteró, subió a la cima del monte Guerizín y les gritó bien fuerte:

«¡Escúchenme, señores de Siquén,
y que Dios los escuche a ustedes!
8 »Un día los árboles salieron
a ungir un rey para sí mismos.
Y le dijeron al olivo:
“Reina sobre nosotros.”
9 Pero el olivo les respondió:
“¿He de renunciar a dar mi aceite,
con el cual se honra a los dioses y a los hombres,
para ir a mecerme sobre los árboles?”
10 »Después los árboles le dijeron a la higuera:
“Reina sobre nosotros.”
11 Pero la higuera les respondió:
“¿He de renunciar a mi fruto,
tan bueno y dulce,
para ir a mecerme sobre los árboles?”
12 »Luego los árboles le dijeron a la vid:
“Reina sobre nosotros.”
13 Pero la vid les respondió:
“¿He de renunciar a mi vino,
que alegra a los dioses y a los hombres,
para ir a mecerme sobre los árboles?”
14 »Por último, todos los árboles le dijeron al espino:
“Reina sobre nosotros.”
15 Pero el espino respondió a los árboles:
“Si de veras quieren ungirme como su rey,
vengan y refúgiense bajo mi sombra;
pero si no, ¡que salga fuego del espino,
y que consuma los cedros del Líbano!”

16 »Ahora bien, ¿han actuado ustedes con honradez y buena fe al coronar rey a Abimélec? ¿Han sido justos con Yerubaal y su familia, y lo han tratado como se merecía? 17 Mi padre luchó por ustedes, y arriesgando su vida los libró del poder de los madianitas. 18 Pero hoy ustedes se han rebelado contra la familia de mi padre; han matado a sus setenta hijos sobre una misma piedra, y han hecho de Abimélec, hijo de su esclava, el rey de los señores de Siquén sólo porque él es pariente de ustedes. 19 Si hoy han actuado con honradez y buena fe hacia Yerubaal y su familia, ¡que sean felices con Abimélec, y que también él lo sea con ustedes! 20 Pero si no, señores de Siquén y Bet Miló, ¡que salga fuego de Abimélec y los consuma, y que salga fuego de ustedes y consuma a Abimélec!»

21 Luego Jotán escapó, huyendo hasta Ber. Allí se quedó a vivir porque le tenía miedo a su hermano Abimélec.

22 Abimélec había ya gobernado a Israel tres años 23 cuando Dios interpuso un espíritu maligno entre Abimélec y los señores de Siquén, quienes lo traicionaron. 24 Esto sucedió a fin de que la violencia contra los setenta hijos de Yerubaal, y el derramamiento de su sangre, recayera sobre su hermano Abimélec, que los había matado, y sobre los señores de Siquén, que habían sido sus cómplices en ese crimen. 25 Los señores de Siquén le tendían emboscadas en las cumbres de las colinas, y asaltaban a todos los que pasaban por allí. Pero Abimélec se enteró de todo esto.

26 Aconteció que Gaal hijo de Ébed llegó a Siquén, junto con sus hermanos, y los señores de aquella ciudad confiaron en él. 27 Después de haber salido a los campos y recogido y pisado las uvas, celebraron un festival en el templo de su dios. Mientras comían y bebían, maldijeron a Abimélec. 28 Gaal hijo de Ébed dijo: «¿Quién se cree Abimélec, y qué es Siquén, para que tengamos que estar sometidos a él? ¿No es acaso el hijo de Yerubaal, y no es Zebul su delegado? ¡Que sirvan a los hombres de Jamor, el padre de Siquén! ¿Por qué habremos de servir a Abimélec? 29 ¡Si este pueblo estuviera bajo mis órdenes, yo echaría a Abimélec! Le diría: “¡Reúne a todo tu ejército y sal a pelear!” »

30 Zebul, el gobernador de la ciudad, se enfureció cuando oyó lo que decía Gaal hijo de Ébed. 31 Entonces envió en secreto mensajeros a Abimélec, diciéndole: «Gaal hijo de Ébed y sus hermanos han llegado a Siquén y están instigando a la ciudad contra ti. 32 Ahora bien, levántense tú y tus hombres durante la noche, y pónganse al acecho en los campos. 33 Por la mañana, a la salida del sol, lánzate contra la ciudad. Cuando Gaal y sus hombres salgan contra ti, haz lo que más te convenga.»

34 Así que Abimélec y todo su ejército se levantaron de noche y se pusieron al acecho cerca de Siquén, divididos en cuatro compañías. 35 Gaal hijo de Ébed había salido, y estaba de pie a la entrada de la puerta de la ciudad, precisamente cuando Abimélec y sus soldados salían de donde estaban al acecho. 36 Cuando Gaal los vio, le dijo a Zebul:

—¡Mira, viene bajando gente desde las cumbres de las colinas!

—Confundes con gente las sombras de las colinas —replicó Zebul.

37 Pero Gaal insistió, diciendo:

—Mira, viene bajando gente por la colina Ombligo de la Tierra, y otra compañía viene por el camino de la Encina de los Adivinos.

38 Zebul le dijo entonces:

—¿Dónde están ahora tus fanfarronerías, tú que decías: “¿Quién es Abimélec para que nos sometamos a él?” ¿No son ésos los hombres de los que tú te burlabas? ¡Sal y lucha contra ellos!

39 Gaal salió al frente de los señores de Siquén y peleó contra Abimélec; 40 pero éste los persiguió y, en la huida, muchos cayeron muertos por todo el camino, hasta la entrada de la puerta. 41 Abimélec se quedó en Arumá, y Zebul expulsó de Siquén a Gaal y a sus hermanos.

42 Al día siguiente el pueblo de Siquén salió a los campos, y fueron a contárselo a Abimélec. 43 Entonces Abimélec tomó a sus hombres, los dividió en tres compañías, y se puso al acecho en los campos. Cuando vio que el ejército salía de la ciudad, se levantó para atacarlo. 44 Abimélec y las compañías que estaban con él se apresuraron a ocupar posiciones a la entrada de la puerta de la ciudad. Luego dos de las compañías arremetieron contra los que estaban en los campos y los derrotaron. 45 Abimélec combatió contra la ciudad durante todo aquel día, hasta que la conquistó matando a sus habitantes; arrasó la ciudad y esparció sal sobre ella.

46 Al saber esto, los señores que ocupaban la torre de Siquén entraron en la fortaleza del templo de El Berit. 47 Cuando Abimélec se enteró de que ellos se habían reunido allí, 48 él y todos sus hombres subieron al monte Zalmón. Tomó un hacha, cortó algunas ramas, y se las puso sobre los hombros. A los hombres que estaban con él les ordenó: «¡Rápido! ¡Hagan lo mismo que me han visto hacer!» 49 Todos los hombres cortaron ramas y siguieron a Abimélec hasta la fortaleza, donde amontonaron las ramas y les prendieron fuego. Así murió toda la gente que estaba dentro de la torre de Siquén, que eran como mil hombres y mujeres.

50 Después Abimélec fue a Tebes, la sitió y la capturó. 51 Dentro de la ciudad había una torre fortificada, a la cual huyeron todos sus habitantes, hombres y mujeres. Se encerraron en la torre y subieron al techo. 52 Abimélec se dirigió a la torre y la atacó. Pero cuando se acercaba a la entrada para prenderle fuego, 53 una mujer le arrojó sobre la cabeza una piedra de moler y le partió el cráneo.

54 De inmediato llamó Abimélec a su escudero y le ordenó: «Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: “¡Lo mató una mujer!” » Entonces su escudero le clavó la espada, y así murió. 55 Cuando los israelitas vieron que Abimélec estaba muerto, regresaron a sus casas.

56 Fue así como Dios le pagó a Abimélec con la misma moneda, por el crimen que había cometido contra su padre al matar a sus setenta hermanos. 57 Además, Dios hizo que los hombres de Siquén pagaran por toda su maldad. Así cayó sobre ellos la maldición de Jotán hijo de Yerubaal.

Comentario

Siembra lealtad

A lo largo de los años he notado que aquellos que siembran lealtad hacia sus líderes, cosechan un alto grado de lealtad cuando ellos mismos llegan a posiciones de liderazgo. Por otro lado, aquellos que se niegan a estar bajo el liderazgo de otra persona y provocan problemas, invariablemente cosechan la misma actitud de deslealtad si ellos mismos llegan a una posición de liderazgo.

En este pasaje vemos las consecuencias desastrosas de la deslealtad de Abimélec a su padre y a sus hermanos. Abimélec sembró violencia, «… contrató a unos maleantes sin escrúpulos \[...\] y \[…\] asesinó a sus setenta hermanos» (vv.4-5). El único sobreviviente fue el más joven que logró esconderse.

Nuevamente, vemos este principio bíblico en acción: cosechamos lo que sembramos. Abimélec sembró deslealtad y violencia y así cosechó la deslealtad y la violencia. Al principio, estaba confabulado con los señores de Siquén (v.2 y siguientes). Pero tres años más tarde surgió un mal sentimiento entre Abimélec y los señores de Siquén quienes actuaron traicioneramente contra Abimélec.

Abimélec cosechó lo que había sembrado. Los líderes de Siquén

«lo traicionaron. Esto sucedió a fin de que la violencia contra los setenta hijos de Yerubaal, y el derramamiento de su sangre, recayera sobre su hermano Abimélec, que los había matado, y sobre los señores de Siquén, que habían sido sus cómplices en ese crimen» (vv.23-24).

Abimélec no mostró lealtad al pueblo de Siquén. Los usaba cuando los necesitaba (v.2). Sin embargo, no dudó en eliminarlos (vv.42-49).

En última instancia, todos cosecharon lo que habían sembrado y Abimélec fue asesinado sin gloria poco después (vv.53-54). El escritor lo resume todo: «Dios le pagó a Abimélec con la misma moneda, por el crimen que había cometido contra su padre al matar a sus setenta hermanos. Además, Dios hizo que los hombres de Siquén pagaran por toda su maldad» (vv.56-57).

Oración

Señor, ayúdanos a ser leales entre nosotros en la iglesia, en el lugar de trabajo, con nuestras familias y con nuestras amistades. Ayúdanos como comunidad a sembrar verdad, justicia, generosidad y lealtad.

Añadidos de Pippa

Pippa añade

Jueces 9:1–57

Qué triste ver la destrucción de la familia de Gedeón (Yerubaal). Creo que él necesitaba haber leído el libro Él y Ella y El Libro para Padres de Familia de Nicky y Sila Lee y haber trabajado un poco más en esas áreas de su vida.

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Referencias

Notas:

Escritura marcada (MSG) es tomada de la traducción bíblica The Message, no está en español, se parafrasea.

Unless otherwise stated, Scripture quotations taken from the Holy Bible, New International Version Anglicised, Copyright © 1979, 1984, 2011 Biblica, formerly International Bible Society. Used by permission of Hodder & Stoughton Publishers, an Hachette UK company. All rights reserved. ‘NIV’ is a registered trademark of Biblica. UK trademark number 1448790.

Scripture quotations marked (AMP) taken from the Amplified® Bible, Copyright © 1954, 1958, 1962, 1964, 1965, 1987 by The Lockman Foundation. Used by permission. (www.Lockman.org)

Scripture marked (MSG) taken from The Message. Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, 2000, 2001, 2002. Used by permission of NavPress Publishing Group.

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