Día 162

Los problemas no tienen la última palabra

Sabiduría Salmos 71:19-24
Nuevo Testamento Hechos 6:1-7:19
Antiguo Testamento 2 Samuel 15:13-16:14

Introducción

George Matheson nació en Glasgow y era el mayor de ocho hermanos. De niño tenía ceguera parcial y al cumplir los veinte años quedó completamente ciego. Cuando su prometida supo que se había quedado ciego y que los médicos no podían hacer nada, le dijo que no era capaz de pasarse toda la vida con un hombre ciego; George nunca se casó.

Recibía ayuda en su ministerio de una hermana suya muy entregada, la cual aprendió griego, latín y hebreo para ayudarlo en sus estudios. A pesar de su ceguera, Matheson hizo una brillante carrera en la Academia de Glasgow, la Universidad de Glasgow y el Seminario de la Iglesia de Escocia.

Cuando tenía cuarenta años sucedió algo agridulce: su hermana se casó. No solo significaba que perdería su compañía, sino que también fue un vívido recordatorio de lo roto que estaba su corazón. En medio de su intensa tristeza, la noche anterior a la boda de su hermana, escribió uno de los más populares y amados himnos de la iglesia cristiana, «O Love That Wilt Not Let Me Go» (Oh amor que no me dejarás). Lo compuso en su totalidad en cinco minutos y nunca lo editó ni corrigió ni retocó y declaró: «Fue algo que me vino de lo alto como un día de primavera».

¡Oh! Gozo que al venir a mí
quitaste todo mi dolor,
tras la tormenta el arco iris vi,
y ya el mañana yo lo sé,
sin lágrimas será.

Los problemas son parte de la vida; Jesús se encontró con ellos, al igual que los apóstoles, David y todo el pueblo de Dios. Pero como expresa de una manera tan hermosa el himno de Matheson, los problemas no tienen la última palabra.

Sabiduría

Salmos 71:19-24

19 Oh Dios, tú has hecho grandes cosas;
tu justicia llega a las alturas.
¿Quién como tú, oh Dios?
20 Me has hecho pasar por muchos infortunios,
pero volverás a darme vida;
de las profundidades de la tierra
volverás a levantarme.
21 Acrecentarás mi honor
y volverás a consolarme.

22 Por tu fidelidad, Dios mío,
te alabaré con instrumentos de cuerda;
te cantaré, oh Santo de Israel,
salmos con la lira.
23 Gritarán de júbilo mis labios
cuando yo te cante salmos,
pues me has salvado la vida.
24 Todo el día repetirá mi lengua
la historia de tus justas acciones,
pues quienes buscaban mi mal
han quedado confundidos y avergonzados.

Comentario

1. Restaurado tras muchos problemas

Dios no promete un camino fácil y allanado; la vida puede ser extremadamente dura. El salmista ve «muchas desgracias y aflicciones» (v.20, DHH). Sus problemas, presiones y preocupaciones no eran ocasionales ni triviales, eran muy serios y numerosos. Te da un modelo de cómo responder en circunstancias así.

  • Sigue confiando

Es fácil confiar en Dios cuando las cosas van bien, el reto es seguir haciéndolo en medio de los problemas. No pares de creer en la bondad de Dios: «Tu justicia, oh Dios, alcanza los cielos más altos; ¡has hecho cosas tan maravillosas! ¿Quién se compara contigo, oh Dios?» (v.19).

  • Sigue esperando

Tus dificultades no durarán para siempre; en medio de ellas hay esperanza: «pero volverás a darme vida y me levantarás de las profundidades de la tierra. Me restaurarás incluso a mayor honor y me consolarás una vez más» (vv.20b–21). Dios usará tus dificultades para bien y moldeará tu carácter mediante ellas. Como resultado, Él incrementará tu honra. Te confortará en medio de ellas para que tú puedas confortar a otros (2 Corintios 1:4).

  • Sigue alabando

A pesar de las dificultades, sigue alabando a Dios: «te alabaré con música de arpa, porque eres fiel a tus promesas, oh mi Dios. Te cantaré alabanzas con la lira, oh Santo de Israel. Gritaré de alegría y cantaré tus alabanzas, porque me redimiste» (Salmo 71:22–23). La presencia de Dios en la alabanza nos trae paz y consuelo, especialmente en los tiempos difíciles.

Oración

Señor, gracias porque aunque los problemas me parezcan demasiados y me resulten amargos, Tú prometes restaurar mi vida otra vez. Te alabo por Tu fidelidad.

Nuevo Testamento

Hechos 6:1-7:19

Elección de los siete

6En aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, se quejaron los judíos de habla griega contra los de habla aramea de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. 2 Así que los doce reunieron a toda la comunidad de discípulos y les dijeron: «No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas. 3 Hermanos, escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, para encargarles esta responsabilidad. 4 Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra.»

5 Esta propuesta agradó a toda la asamblea. Escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. 6 Los presentaron a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos.

7 Y la palabra de Dios se difundía: el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén, e incluso muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

Arresto de Esteban

8 Esteban, hombre lleno de la gracia y del poder de Dios, hacía grandes prodigios y señales milagrosas entre el pueblo. 9 Con él se pusieron a discutir ciertos individuos de la sinagoga llamada de los Libertos, donde había judíos de Cirene y de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia. 10 Como no podían hacer frente a la sabiduría ni al Espíritu con que hablaba Esteban, 11 instigaron a unos hombres a decir: «Hemos oído a Esteban blasfemar contra Moisés y contra Dios.»

12 Agitaron al pueblo, a los ancianos y a los maestros de la ley. Se apoderaron de Esteban y lo llevaron ante el Consejo. 13 Presentaron testigos falsos, que declararon: «Este hombre no deja de hablar contra este lugar santo y contra la ley. 14 Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dejó Moisés.»

15 Todos los que estaban sentados en el Consejo fijaron la mirada en Esteban y vieron que su rostro se parecía al de un ángel.

Discurso de Esteban ante el Consejo

7—¿Son ciertas estas acusaciones? —le preguntó el sumo sacerdote.

2 Él contestó:

—Hermanos y padres, ¡escúchenme! El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham cuando éste aún vivía en Mesopotamia, antes de radicarse en Jarán. 3 “Deja tu tierra y a tus parientes —le dijo Dios—, y ve a la tierra que yo te mostraré.”

4 »Entonces salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Jarán. Desde allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra donde ustedes viven ahora. 5 No le dio herencia alguna en ella, ni siquiera dónde plantar el pie, pero le prometió dársela en posesión a él y a su descendencia, aunque Abraham no tenía ni un solo hijo todavía. 6 Dios le dijo así: “Tus descendientes vivirán como extranjeros en tierra extraña, donde serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. 7 Pero sea cual sea la nación que los esclavice, yo la castigaré, y luego tus descendientes saldrán de esa tierra y me adorarán en este lugar.” 8 Hizo con Abraham el pacto que tenía por señal la circuncisión. Así, cuando Abraham tuvo a su hijo Isaac, lo circuncidó a los ocho días de nacido, e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

9 »Por envidia los patriarcas vendieron a José como esclavo, quien fue llevado a Egipto; pero Dios estaba con él 10 y lo libró de todas sus desgracias. Le dio sabiduría para ganarse el favor del faraón, rey de Egipto, que lo nombró gobernador del país y del palacio real.

11 »Hubo entonces un hambre que azotó a todo Egipto y a Canaán, causando mucho sufrimiento, y nuestros antepasados no encontraban alimentos. 12 Al enterarse Jacob de que había comida en Egipto, mandó allá a nuestros antepasados en una primera visita. 13 En la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y el faraón supo del origen de José. 14 Después de esto, José mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, setenta y cinco personas en total. 15 Bajó entonces Jacob a Egipto, y allí murieron él y nuestros antepasados. 16 Sus restos fueron llevados a Siquén y puestos en el sepulcro que a buen precio Abraham había comprado a los hijos de Jamor en Siquén.

17 »Cuando ya se acercaba el tiempo de que se cumpliera la promesa que Dios le había hecho a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto. 18 Por aquel entonces subió al trono de Egipto un nuevo rey que no sabía nada de José. 19 Este rey usó de artimañas con nuestro pueblo y oprimió a nuestros antepasados, obligándolos a dejar abandonados a sus hijos recién nacidos para que murieran.

Comentario

2. Rescatado de todos sus problemas

A veces se da la tentación de idealizar la vida de la iglesia primitiva, como si fuera una iglesia perfecta y no tuviera ningún tipo de problemas. Tenemos que leer el cuadro idílico de la iglesia de Hechos 2 con los eventos de Hechos 6 y, por supuesto, no olvidar todas las dificultades de Pablo descritas en sus epístolas. La iglesia primitiva tenía multitud de problemas. No te sorprendas de ninguno de los siguientes problemas cuando sucedan en la iglesia actual:

  • Quejas

Los buenos líderes son selectivos a la hora de elegir sus batallas. No se involucran en todo sino que se hacen responsables de todo. Los apóstoles tuvieron que responder una queja justificada, consistente en que «sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos» (Hechos 6:1). Pero necesitaban concentrarse en su misión principal, dedicándose a «la oración y al ministerio de la palabra» (v.4). La solución consistió, como suele ser el caso, en delegar con efectividad.

Los apóstoles resolvieron el problema separando a un grupo de personas para «servir las mesas» (v.2). Eligieron gente que estuvieran «llenos del Espíritu y de sabiduría» (v.3). Como resultado, se mantuvieron enfocados y «la palabra de Dios se difundía», y el número de discípulos se incrementó exponencialmente (v.7). Los buenos líderes delegan y liberan a los demás para practicar sus dones (recibidos de Dios) y ministerios.

  • Agitación

Un grupo de oponentes «agitaron al pueblo» (v.12) y «presentaron testigos falsos» (v.13). Tergiversaron las palabras de Esteban diciendo: «Este hombre no deja de hablar contra este lugar santo y contra la ley» (vv.13).

  • Miedo al cambio

Parte de la opinión vino desde el miedo al cambio. Decían: «Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dejó Moisés» (v.14).

Se dieron cuenta de que no podían quitar los ojos de Esteban, cuyo «rostro se parecía al de un ángel» (v.15) mientras hacía su alegato de defensa. En él, recitó la historia del pueblo de Dios y citó partes de la historia particularmente relevantes para su propia situación. De José dijo: «Dios estaba con él y lo libró de todas sus desgracias. Le dio sabiduría…» (7:9–10), así como Dios claramente se la estaba dando a Esteban (ver 6:10).

El rescate de Esteban solo le llegó durante el martirio cuando «vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios» (7:55) y fue rescatado para toda la eternidad.

Oración

Señor, enséñame a no desanimarme por los problemas sino por el contrario contrario, al igual que Esteban, a estar lleno de fe y del Espíritu Santo. Oro para que veamos la palabra de Dios diseminada y el número de Tus seguidores incrementados más y más cada día.

Antiguo Testamento

2 Samuel 15:13-16:14

13 Un mensajero le llevó a David esta noticia: «Todos los israelitas se han puesto de parte de Absalón.»

14 Entonces David les dijo a todos los oficiales que estaban con él en Jerusalén:

—¡Vámonos de aquí! Tenemos que huir, pues de otro modo no podremos escapar de Absalón. Démonos prisa, no sea que él se nos adelante. Si nos alcanza, nos traerá la ruina y pasará a toda la gente a filo de espada.

15 —Como diga Su Majestad —respondieron los oficiales—; nosotros estamos para servirle.

16 De inmediato partió el rey acompañado de toda la corte, con excepción de diez concubinas que dejó para cuidar el palacio. 17 Habiendo salido del palacio con todo su séquito, se detuvo junto a la casa más lejana de la ciudad. 18 Todos sus oficiales se pusieron a su lado. Entonces los quereteos y los peleteos, y seiscientos guititas que lo habían seguido desde Gat, desfilaron ante el rey.

19 El rey se dirigió a Itay el guitita:

—¿Y tú por qué vienes con nosotros? Regresa y quédate con el rey Absalón, ya que eres extranjero y has sido desterrado de tu propio país. 20 ¿Cómo voy a dejar que nos acompañes, si acabas de llegar y ni yo mismo sé a dónde vamos? Regresa y llévate a tus paisanos. ¡Y que el amor y la fidelidad de Dios te acompañen!

21 Pero Itay le respondió al rey:

—¡Tan cierto como que el Señor y Su Majestad viven, juro que, para vida o para muerte, iré adondequiera que usted vaya!

22 —Está bien —contestó el rey—, ven con nosotros.

Así que Itay el guitita marchó con todos los hombres de David y con las familias que lo acompañaban. 23 Todo el pueblo lloraba a gritos mientras David pasaba con su gente, y cuando el rey cruzó el arroyo de Cedrón, toda la gente comenzó la marcha hacia el desierto. 24 Entre ellos se encontraba también Sadoc, con los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios. Éstos hicieron descansar el arca en el suelo, y Abiatar ofreció sacrificios hasta que toda la gente terminó de salir de la ciudad. 25 Luego le dijo el rey al sacerdote Sadoc:

—Devuelve el arca de Dios a la ciudad. Si cuento con el favor del Señor, él hará que yo regrese y vuelva a ver el arca y el lugar donde él reside. 26 Pero si el Señor me hace saber que no le agrado, quedo a su merced y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca.

27 También le dijo:

—Como tú eres vidente, puedes volver tranquilo a la ciudad con Abiatar, y llevarte contigo a tu hijo Ajimaz y a Jonatán hijo de Abiatar. 28 Yo me quedaré en los llanos del desierto hasta que ustedes me informen de la situación.

29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron a Jerusalén con el arca de Dios, y allí se quedaron. 30 David, por su parte, subió al monte de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todos los que lo acompañaban se cubrieron la cabeza y subieron llorando. 31 En eso le informaron a David que Ajitofel se había unido a la conspiración de Absalón. Entonces David oró: « Señor, haz que fracasen los planes de Ajitofel.»

32 Cuando David llegó a la cumbre del monte, donde se rendía culto a Dios, se encontró con Husay el arquita, que en señal de duelo llevaba las vestiduras rasgadas y la cabeza cubierta de ceniza. 33 David le dijo:

—Si vienes conmigo, vas a serme una carga. 34 Es mejor que regreses a la ciudad y le digas a Absalón: “Majestad, estoy a su servicio. Antes fui siervo de su padre, pero ahora lo soy de usted.” De ese modo podrás ayudarme a desbaratar los planes de Ajitofel. 35 Allí contarás con los sacerdotes Sadoc y Abiatar, así que manténlos informados de todo lo que escuches en el palacio real. 36 También contarás con Ajimaz hijo de Sadoc y con Jonatán hijo de Abiatar; comuníquenme ustedes por medio de ellos cualquier cosa que averigüen.

37 Husay, que era amigo de David, llegó a Jerusalén en el momento en que Absalón entraba en la ciudad.

David y Siba

16Un poco más allá de la cumbre del monte, David se encontró con Siba, el criado de Mefiboset, que llevaba un par de asnos aparejados y cargados con doscientos panes, cien tortas de uvas pasas, cien tortas de higos y un odre de vino.

2 —¿Qué vas a hacer con todo esto? —le preguntó el rey.

Siba respondió:

—Los asnos son para que monte la familia de Su Majestad, el pan y la fruta son para que coman los soldados, y el vino es para que beban los que desfallezcan en el desierto.

3 Entonces el rey le preguntó:

—¿Dónde está el nieto de tu amo?

—Se quedó en Jerusalén —respondió Siba—. Él se imagina que ahora la nación de Israel le va a devolver el reino de su abuelo.

4 —Bueno —replicó el rey—, todo lo que antes fue de Mefiboset ahora es tuyo.

—¡A sus pies, mi señor y rey! —exclamó Siba—. ¡Que cuente yo siempre con el favor de Su Majestad!

Simí maldice a David

5 Cuando el rey David llegó a Bajurín, salía de allí un hombre de la familia de Saúl, llamado Simí hijo de Guerá. Éste se puso a maldecir, 6 y a tirarles piedras a David y a todos sus oficiales, a pesar de que las tropas y la guardia real rodeaban al rey. 7 En sus insultos, Simí le decía al rey:

—¡Largo de aquí! ¡Asesino! ¡Canalla! 8 El Señor te está dando tu merecido por haber masacrado a la familia de Saúl para reinar en su lugar. Por eso el Señor le ha entregado el reino a tu hijo Absalón. Has caído en desgracia, porque eres un asesino.

9 Abisay hijo de Sarvia le dijo al rey:

—¿Cómo se atreve este perro muerto a maldecir a Su Majestad? ¡Déjeme que vaya y le corte la cabeza!

10 Pero el rey respondió:

—Esto no es asunto mío ni de ustedes, hijos de Sarvia. A lo mejor el Señor le ha ordenado que me maldiga. Y si es así, ¿quién se lo puede reclamar?

11 Dirigiéndose a Abisay y a todos sus oficiales, David añadió:

—Si el hijo de mis entrañas intenta quitarme la vida, ¡qué no puedo esperar de este benjaminita! Déjenlo que me maldiga, pues el Señor se lo ha mandado. 12 A lo mejor el Señor toma en cuenta mi aflicción y me paga con bendiciones las maldiciones que estoy recibiendo.

13 David y sus hombres reanudaron el viaje. Simí, por su parte, los seguía por la ladera del monte, maldiciendo a David, tirándole piedras y levantando polvo. 14 El rey y quienes lo acompañaban llegaron agotados a su destino, así que descansaron allí.

Comentario

3. Refresco en medio de los problemas

El propio hijo de David, Absalón, se volvió contra él, y le cuentan a David que «todos los israelitas se han puesto de parte de Absalón» (15:13). Tuvieron que ser unas noticias devastadoras para él. David, un gran hombre de Dios, un rey para el pueblo de Dios y un «arquetipo» de Cristo (de hecho un antepasado suyo) afrontó muchos problemas en su vida. Si te toca afrontar problemas de ese tipo en tu vida, que no te sorprendan o te hagan pensar que debes haber hecho algo mal. A veces, los problemas llegan simplemente porque estás haciendo algo bien.

  • Lágrimas

Vemos lo afectado que estaba David, el cual «subió al monte de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos» (v.30). Todos «subieron llorando» también (v.30); de hecho «todo el pueblo lloraba a gritos» (v.23).

  • Decepción

El hijo de David no solo estaba en su contra, sino que también Mefiboset le fue desleal aun cuando David se había desviado de su camino para ayudarlo. Se queda en Jerusalén porque piensa que «ahora la nación de Israel le va a devolver el reino de su abuelo» (16:3). ¡La deslealtad es siempre muy decepcionante!

  • Crítica

Simí profería insultos tirando piedras y maldiciendo a David. Sin embargo, David no busca venganza, sino que elige dejar el asunto en manos de Dios (vv.11–12).

  • Agotamiento

David «y quienes lo acompañaban llegaron agotados» (v.14). Cuando leemos todo lo que tuvo que pasar David, no es de sorprender que estuviera genuinamente «agotado».

La vida cristiana nunca está exenta de problemas, lágrimas, tristezas y decepciones. Pero lo que distingue al pueblo de Dios es su relación con Dios.

En medio de sus problemas, David ora así: «Señor, haz que fracasen los planes de Ajitofel» (15:31). Su oración fue contestada, pero no de la manera que esperaba. Ajitofel da un buen consejo, pero es rechazado. Así que Dios responde al espíritu de la oración (ver 17:14).

En medio de su agotamiento, David «descansó» (16:14). En palabras de The message: «Descansaron y fueron revividos» (v.14, MSG). A veces tienes que tomarte un descanso y refrescarte física, espiritual y emocionalmente. No se nos detalla la manera exacta en la que David lo hizo, pero si nos guiamos por los salmos, sabemos que fue mediante su relación íntima con Dios como encontró su reposo.

Sin duda, David se refrescó emocionalmente con la lealtad de sus amigos Sadoc (15:24 en adelante), Husay (v.37), Siba (16:1–4) e Itay, quienes le manifestaron: «Dondequiera que Su Majestad se encuentre, sea para vida o para muerte, allí también estará este servidor suyo» (15:21, DHH).

Oración

Señor, gracias porque no hay problema que depare esta vida del que no me rescates, en última instancia, con la vida eterna en Tu presencia. Gracias porque en medio de mis problemas, puedo orarte y ser refrescado por la presencia de Dios (Hechos 3:19).

Añadidos de Pippa

Salmo 71:24

«Mi lengua dirá a todas horas que tú eres justo».

Hace cuatro años escribí lo siguiente: «He tratado de hablar con Dios de camino a la oficina de correos sobre las impresionantes cosas que Él ha hecho. Empecé bien, pero luego me distraje… aún estoy trabajando en lo de “a todas horas”», ¡y este año todavía no lo hago mejor!

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

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