Día 185

Los propósitos de Dios para ti

Sabiduría Proverbios 16:8-17
Nuevo Testamento Hechos 22:22-23:11
Antiguo Testamento 2 Reyes 6:24-8:15

Introducción

En 1981, Pippa y yo sentimos que Dios nos estaba llamando a un ministerio a tiempo completo en la Iglesia de Inglaterra y a que yo me ordenara ministro. También sentimos que debíamos hacer nuestro entrenamiento en Durham a partir de septiembre de 1982. Yo encabezaba la lista de espera para el acceso a la escuela de teología de la Universidad de Durham. Me dijeron que era casi seguro que alguien abandonara y que prácticamente tenía garantizado un lugar. Basándome en aquello, anuncié por todos lados nuestros planes; incluyendo a todo el bufete, donde ejercía como abogado, que me iba.

Justo antes de la fecha en la que debía comenzar la universidad recibimos la noticia de que, excepcionalmente, nadie había abandonado aquel año y que no sería posible que fuéramos a Durham. Intentamos persuadirlos de todas las maneras para que cambiaran de opinión. Ante la negativa, intentamos desesperadamente encontrar otra escuela de teología que nos aceptara. Oramos e hicimos todo lo que pudimos pero fue en vano, la puerta estaba firmemente cerrada.

El año siguiente fue extremadamente difícil. En del despacho de abogados, me dieron muy poco trabajo pues sabían que me iba, y por lo tanto no tenía ningún incentivo para construir mi carrera. En ese momento, aquello supuso una desconcertante y tremenda decepción.

Finalmente, Pippa y yo fuimos a estudiar a Oxford al año siguiente y con el tiempo comencé a trabajar como coadjutor en HTB en 1986. Mirando en retrospectiva, si hubiéramos conseguido el puesto en Durham, conseguir una coadjutoría en HTB hubiera sido imposible por cuestiones de tiempo y no estaríamos haciendo lo que hacemos hoy. Estoy enormemente agradecido a Dios por bloquear nuestros planes y ordenar estratégicamente nuestros pasos.

Si estás atravesando un revés o una decepción, recuerda que los propósitos de Dios para ti son buenos, agradables y perfectos (Romanos 12:2). Nada sucede sin el permiso de Dios, Él tiene el control y dispone todas las cosas para el bien (8:28).

Sabiduría

Proverbios 16:8-17

8 Más vale tener poco con justicia
 que ganar mucho con injusticia.

9 El corazón del hombre traza su rumbo,
 pero sus pasos los dirige el Señor.

10 La sentencia está en labios del rey;
 en el veredicto que emite no hay error.

11 Las pesas y las balanzas justas son del Señor;
 todas las medidas son hechura suya.

12 El rey detesta las malas acciones,
 porque el trono se afirma en la justicia.

13 El rey se complace en los labios honestos;
 aprecia a quien habla con la verdad.

14 La ira del rey es presagio de muerte,
 pero el sabio sabe apaciguarla.

15 El rostro radiante del rey es signo de vida;
 su favor es como lluvia en primavera.

16 Más vale adquirir sabiduría que oro;
 más vale adquirir inteligencia que plata.

17 El camino del hombre recto evita el mal;
 el que quiere salvar su vida, se fija por dónde va.

Comentario

1. Dios ordena tus pasos a través de los planes humanos

Está bien planificar; sin embargo, necesitamos hacerlo con la humildad necesaria, reconociendo que nuestros planes solo tendrán éxito «si el Señor quiere» (ver Santiago 4:13-15). El escritor de Proverbios afirma: «Podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos» (Proverbios 16:9, NTV).

A veces alineamos nuestros planes con los propósitos de Dios. En otras ocasiones — desde luego lo digo por propia experiencia— Dios anula nuestros planes. Debemos tener en cuenta siempre que es posible equivocarnos y que, felizmente, es el Señor quien determina nuestros pasos en última instancia.

Dios a menudo lleva a cabo Sus propósitos a través de un buen liderazgo. Los buenos líderes motivan a otros (v.10); no basan sus decisiones simplemente en lo que es popular, como lo señala The Message: «El buen liderazgo tiene un fundamento moral» (v.12b, MSG). Cultivan un ambiente de transparencia: «El rey se complace en los labios honestos; aprecia a quien habla con la verdad» (v.13). «El rostro radiante del rey es signo de vida; su favor es como lluvia en primavera» (v.15).

Oración

Gracias, Señor, porque aunque hago planes en mi corazón; en última instancia, eres Tú quien determina mis pasos.

Nuevo Testamento

Hechos 22:22-23:11

Pablo el ciudadano romano

22 La multitud estuvo escuchando a Pablo hasta que pronunció esas palabras. Entonces levantaron la voz y gritaron: «¡Bórralo de la tierra! ¡Ese tipo no merece vivir!»

23 Como seguían gritando, tirando sus mantos y arrojando polvo al aire, 24 el comandante ordenó que metieran a Pablo en el cuartel. Mandó que lo interrogaran a latigazos con el fin de averiguar por qué gritaban así contra él. 25 Cuando lo estaban sujetando con cadenas para azotarlo, Pablo le dijo al centurión que estaba allí:

—¿Permite la ley que ustedes azoten a un ciudadano romano antes de ser juzgado?

26 Al oír esto, el centurión fue y avisó al comandante.

—¿Qué va a hacer usted? Resulta que ese hombre es ciudadano romano.

27 El comandante se acercó a Pablo y le dijo:

—Dime, ¿eres ciudadano romano?

—Sí, lo soy.

28 —A mí me costó una fortuna adquirir mi ciudadanía —le dijo el comandante.

—Pues yo la tengo de nacimiento —replicó Pablo.

29 Los que iban a interrogarlo se retiraron en seguida. Al darse cuenta de que Pablo era ciudadano romano, el comandante mismo se asustó de haberlo encadenado.

30 Al día siguiente, como el comandante quería saber con certeza de qué acusaban los judíos a Pablo, lo desató y mandó que se reunieran los jefes de los sacerdotes y el Consejo en pleno. Luego llevó a Pablo para que compareciera ante ellos.

Pablo ante el Consejo

23Pablo se quedó mirando fijamente al Consejo y dijo:

—Hermanos, hasta hoy yo he actuado delante de Dios con toda buena conciencia.

2 Ante esto, el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que estaban cerca de Pablo que lo golpearan en la boca.

3 —¡Hipócrita, a usted también lo va a golpear Dios! —reaccionó Pablo—. ¡Ahí está sentado para juzgarme según la ley!, ¿y usted mismo viola la ley al mandar que me golpeen?

4 Los que estaban junto a Pablo le interpelaron:

—¿Cómo te atreves a insultar al sumo sacerdote de Dios?

5 —Hermanos, no me había dado cuenta de que es el sumo sacerdote —respondió Pablo—; de hecho está escrito: “No hables mal del jefe de tu pueblo.”

6 Pablo, sabiendo que unos de ellos eran saduceos y los demás fariseos, exclamó en el Consejo:

—Hermanos, yo soy fariseo de pura cepa. Me están juzgando porque he puesto mi esperanza en la resurrección de los muertos.

7 Apenas dijo esto, surgió un altercado entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea quedó dividida. 8 (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles ni espíritus; los fariseos, en cambio, reconocen todo esto.)

9 Se produjo un gran alboroto, y algunos de los maestros de la ley que eran fariseos se pusieron de pie y protestaron. «No encontramos ningún delito en este hombre —dijeron—. ¿Acaso no podría haberle hablado un espíritu o un ángel?» 10 Se tornó tan violento el altercado que el comandante tuvo miedo de que hicieran pedazos a Pablo. Así que ordenó a los soldados que bajaran para sacarlo de allí por la fuerza y llevárselo al cuartel.

11 A la noche siguiente el Señor se apareció a Pablo, y le dijo: «¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, es necesario que lo des también en Roma.»

Comentario

2. Dios ordena tus pasos a pesar de la oposición humana

¿Estás preocupado por tu futuro? ¿Estás enfrentando dificultades y oposición o pasando por tiempos de crisis? ¿Los planes están en tu contra?

Hay una serie de planes contrapuestos en esta historia. ¿Cómo se relacionan con los propósitos de Dios?

  • La multitud

La multitud planea borrar a Pablo de la tierra (22:22). Aunque esto le genera dificultades a Pablo, fracasan finalmente porque sus planes están en contra del propósito de Dios.

  • El comandante

El «comandante» era un hombre con poder militar, planeaba hacer azotar a Pablo (v.24). Pablo es llevado a la sala de tortura, pero el plan fracasó porque era ilegal azotar a un ciudadano romano antes de ser condenado y el comandante no se había dado cuenta de que Pablo era un ciudadano romano.

  • El Consejo

Las autoridades religiosas —el Sanedrín— planean matar a Pablo (23:12). Pablo es llevado a juicio y puesto en el banquillo (22:30) donde señala su inocencia: «Ananías ordenó a los que estaban cerca de Pablo que lo golpearan en la boca» (23:2). La respuesta de Pablo es: «¡Hipócrita, a usted también lo va a golpear Dios!» (v.3).

Después, Pablo logra dividir a la asamblea (vv.7-8), la cual se componía de fariseos (quienes creían en la resurrección de los muertos) y saduceos (quienes no creían en ella). Pablo decide «aprovechar la oposición» (v.6, MSG); en efecto, afirma: «Yo soy fariseo de pura cepa. Me están juzgando porque he puesto mi esperanza en la resurrección de los muertos» (v.6).

  • Las crisis

En medio de todo esto, Pablo busca alinear sus planes con los planes de Dios. Fue guiado por Dios y en el Espíritu resolvió ir a Jerusalén y luego a Roma (19:21). Sin embargo, a pesar de esto encontró una crisis tras otra.

Pablo tuvo que haberse preguntado si había pasado por alto los propósitos de Dios. Pero en medio de esta «crisis», el Señor se le apareció y lo alentó: «¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, es necesario que lo des también en Roma» (23:11).

Dios ordenará estratégicamente tus pasos al igual que lo hizo con Pablo. La soberanía de Dios significa que no tenemos que preocuparnos por el resultado final, Él tiene el control completo aunque no siempre sea fácil verlo en el momento.

El propósito de Dios es que tú, al igual que Pablo, testifiques; donde quiera que vayas, testifica; cuando sea apropiado, da tu testimonio. Tu vida es un testimonio incluso cuando no estás hablando. No esperes hasta que todo vaya bien; en realidad, a veces tu testimonio es más poderoso en tiempos difíciles.

Oración

Señor, dame el mismo coraje que le diste al apóstol Pablo para que dé testimonio acerca de Ti dondequiera que vaya.

Antiguo Testamento

2 Reyes 6:24-8:15

Hambre en Samaria

24 Algún tiempo después, Ben Adad, rey de Siria, movilizó todo su ejército para ir a Samaria y sitiarla. 25 El sitio duró tanto tiempo que provocó un hambre terrible en la ciudad, a tal grado que una cabeza de asno llegó a costar ochenta monedas de plata, y un poco de algarroba, cinco.

26 Un día, mientras el rey recorría la muralla, una mujer le gritó:

—¡Sálvenos, Su Majestad!

27 —Si el Señor no te salva —respondió el rey—, ¿de dónde voy a sacar yo comida para salvarte? ¿Del granero? ¿Del lagar? 28 ¿Qué te pasa?

Ella se quejó:

—Esta mujer me propuso que le entregara mi hijo para que nos lo comiéramos hoy, y que mañana nos comeríamos el de ella. 29 Pues bien, cocinamos a mi hijo y nos lo comimos, pero al día siguiente, cuando le pedí que entregara su hijo para que nos lo comiéramos, resulta que ya lo había escondido.

30 Al oír la queja de la mujer, el rey se rasgó las vestiduras. Luego reanudó su recorrido por la muralla, y la gente pudo ver que bajo su túnica real iba vestido de luto. 31 «¡Que Dios me castigue sin piedad —exclamó el rey— si hoy mismo no le corto la cabeza a Eliseo hijo de Safat!»

32 Mientras Eliseo se encontraba en su casa, sentado con los ancianos, el rey le envió un mensajero. Antes de que éste llegara, Eliseo les dijo a los ancianos:

—Ahora van a ver cómo ese asesino envía a alguien a cortarme la cabeza. Pues bien, cuando llegue el mensajero, atranquen la puerta para que no entre. ¡Ya oigo detrás de él los pasos de su señor!

33 No había terminado de hablar cuando el mensajero llegó y dijo:

—Esta desgracia viene del Señor; ¿qué más se puede esperar de él?

7Eliseo contestó:

—Oigan la palabra del Señor, que dice así: “Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio.”

2 El ayudante personal del rey replicó:

—¡No me digas! Aun si el Señor abriera las ventanas del cielo, ¡no podría suceder tal cosa!

—Pues lo verás con tus propios ojos —le advirtió Eliseo—, pero no llegarás a comerlo.

Liberación de Samaria

3 Ese día, cuatro hombres que padecían de lepra se hallaban a la entrada de la ciudad.

—¿Qué ganamos con quedarnos aquí sentados, esperando la muerte? —se dijeron unos a otros—. 4 No ganamos nada con entrar en la ciudad. Allí nos moriremos de hambre con todos los demás, pero si nos quedamos aquí, nos sucederá lo mismo. Vayamos, pues, al campamento de los sirios, para rendirnos. Si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, de todos modos moriremos.

5 Al anochecer se pusieron en camino, pero cuando llegaron a las afueras del campamento sirio, ¡ya no había nadie allí! 6 Y era que el Señor había confundido a los sirios haciéndoles oír el ruido de carros de combate y de caballería, como si fuera un gran ejército. Entonces se dijeron unos a otros: «¡Seguro que el rey de Israel ha contratado a los reyes hititas y egipcios para atacarnos!» 7 Por lo tanto, emprendieron la fuga al anochecer abandonando tiendas de campaña, caballos y asnos. Dejaron el campamento tal como estaba, para escapar y salvarse.

8 Cuando los leprosos llegaron a las afueras del campamento, entraron en una de las tiendas de campaña. Después de comer y beber, se llevaron de allí plata, oro y ropa, y fueron a esconderlo todo. Luego regresaron, entraron en otra tienda, y también de allí tomaron varios objetos y los escondieron.

9 Entonces se dijeron unos a otros:

—Esto no está bien. Hoy es un día de buenas noticias, y no las estamos dando a conocer. Si esperamos hasta que amanezca, resultaremos culpables. Vayamos ahora mismo al palacio, y demos aviso.

10 Así que fueron a la ciudad y llamaron a los centinelas. Les dijeron: «Fuimos al campamento de los sirios y ya no había nadie allí. Sólo se oía a los caballos y asnos, que estaban atados. Y las tiendas las dejaron tal como estaban.» 11 Los centinelas, a voz en cuello, hicieron llegar la noticia hasta el interior del palacio. 12 Aunque era de noche, el rey se levantó y les dijo a sus ministros:

—Déjenme decirles lo que esos sirios están tramando contra nosotros. Como saben que estamos pasando hambre, han abandonado el campamento y se han escondido en el campo. Lo que quieren es que salgamos, para atraparnos vivos y entrar en la ciudad.

13 Uno de sus ministros propuso:

—Que salgan algunos hombres con cinco de los caballos que aún quedan aquí. Si mueren, no les irá peor que a la multitud de israelitas que está por perecer. ¡Enviémoslos a ver qué pasa!

14 De inmediato los hombres tomaron dos carros con caballos, y el rey los mandó al campamento del ejército sirio, con instrucciones de que investigaran. 15 Llegaron hasta el Jordán, y vieron que todo el camino estaba lleno de ropa y de objetos que los sirios habían arrojado al huir precipitadamente. De modo que regresaron los mensajeros e informaron al rey, 16 y el pueblo salió a saquear el campamento sirio. Y tal como la palabra del Señor lo había dado a conocer, se pudo comprar una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio.

17 El rey le había ordenado a su ayudante personal que vigilara la entrada de la ciudad, pero el pueblo lo atropelló ahí mismo, y así se cumplió lo que había dicho el hombre de Dios cuando el rey fue a verlo. 18 De hecho, cuando el hombre de Dios le dijo al rey: «Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una doble medida de cebada con una sola moneda de plata, y una medida de flor de harina por el mismo precio», 19 ese oficial había replicado: «¡No me digas! Aun si el Señor abriera las ventanas del cielo, ¡no podría suceder tal cosa!» De modo que el hombre de Dios respondió: «Pues lo verás con tus propios ojos, pero no llegarás a comerlo.» 20 En efecto, así ocurrió: el pueblo lo atropelló a la entrada de la ciudad, y allí murió.

La sunamita recupera su terreno

8Ahora bien, Eliseo le había dicho a la mujer a cuyo hijo él había revivido: «Anda, vete con tu familia a vivir donde puedas, porque el Señor ha ordenado que haya una gran hambre en el país, y que ésta dure siete años.» 2 La mujer se dispuso a seguir las instrucciones del hombre de Dios y se fue con su familia al país de los filisteos, donde se quedó siete años.

3 Al cabo de los siete años, cuando regresó del país de los filisteos, la mujer fue a rogarle al rey que le devolviera su casa y sus tierras. 4 En esos momentos el rey estaba hablando con Guiezi, el criado del hombre de Dios, y le había dicho: «Cuéntame todas las maravillas que ha hecho Eliseo.» 5 Y precisamente cuando Guiezi le contaba al rey que Eliseo había revivido al niño muerto, la madre llegó para rogarle al rey que le devolviera su casa y sus tierras. Así que Guiezi dijo:

—Mi señor y rey, ésta es la mujer, y éste es el hijo que Eliseo revivió.

6 El rey le hizo preguntas a la mujer, y ella se lo contó todo. Entonces el rey le ordenó a un funcionario que se encargara de ella y le dijo:

—Devuélvele todo lo que le pertenecía, incluso todas las ganancias que hayan producido sus tierras, desde el día en que salió del país hasta hoy.

Jazael, rey de Siria

7 Luego Eliseo se fue a Damasco. Ben Adad, rey de Siria, estaba enfermo, y cuando le avisaron que el hombre de Dios había llegado, 8 le ordenó a Jazael: «Llévale un regalo al hombre de Dios. Cuando lo veas, consulta al Señor por medio de él para saber si me voy a recuperar de esta enfermedad.»

9 Jazael fue a ver a Eliseo, y como regalo le llevó de las mejores mercancías de Damasco, cargadas en cuarenta camellos. Cuando llegó, se presentó ante él y le dijo:

—Ben Adad, rey de Siria, su servidor, me ha enviado para preguntarle si él se va a recuperar de su enfermedad.

10 Eliseo respondió:

—Ve y dile que sobrevivirá a esa enfermedad, aunque el Señor me ha revelado que de todos modos va a morir.

11 Luego Eliseo se quedó mirándolo fijamente, hasta que Jazael se sintió incómodo. Entonces el hombre de Dios se echó a llorar.

12 —¿Por qué llora mi señor? —le preguntó Jazael.

—Porque yo sé bien que vas a causarles mucho daño a los israelitas —respondió—. Vas a incendiar sus fortalezas, y a matar a sus jóvenes a filo de espada; despedazarás a los niños y les abrirás el vientre a las mujeres embarazadas.

13 Jazael exclamó:

—¡Qué es este servidor de usted sino un pobre perro! ¿Cómo es posible que haga tal cosa?

Entonces Eliseo le declaró:

—El Señor me ha revelado que vas a ser rey de Siria.

14 Jazael se despidió de Eliseo y regresó para presentarse ante su rey. Cuando Ben Adad le preguntó qué le había dicho Eliseo, Jazael le respondió:

—Me dijo que usted sobrevivirá a su enfermedad.

15 Pero al día siguiente tomó una colcha y, empapándola en agua, le tapó la cara al rey hasta asfixiarlo. Así fue como Jazael usurpó el trono.

Comentario

3. Dios ordena tus pasos a través de los agentes humanos

Dios resuelve Sus propósitos a través de la acción humana.

El sufrimiento del pueblo de Samaria era casi insoportable: la hambruna, los costos astronómicos de los alimentos e incluso el canibalismo (6:24-31). El rey de Israel dio una excusa lamentable para no ayudar a la mujer que le gritaba: «¡Sálvenos, Su Majestad!» (V.26). Respondió: «Si el Señor no te salva \[…\], ¿de dónde voy a sacar yo comida para salvarte?» (v.27). Esta es la reacción equivocada.

La soberanía de Dios y Sus planes no son una excusa para la inacción humana; Dios trabaja a través de agentes humanos. Cuando hay necesidades, estás llamado a ser las manos de Dios. Esto es lo que Eliseo hizo respondiendo a aquellas necesidades. Dios usó a Eliseo y él profetizó: «¡Escuchen la palabra de Dios! La hambruna ha terminado. Mañana a esta hora, la comida será abundante» (7:1, MSG).

Dios usó a cuatro hombres con lepra quienes descubrieron dónde había comida en abundancia. Mientras comían y bebían, dijeron entre sí: «Esto no está bien. Hoy es un día de buenas noticias, y no las estamos dando a conocer» (v.9). Los precios de los alimentos cayeron durante la noche y cada palabra que Eliseo había dicho resultó cumplirse a la letra.

A pesar de que el mundo produce suficiente comida para todos, una de cada ocho personas en este planeta vive con el dolor del hambre. Si simplemente nos alimentamos nosotros mismos «esto no está bien» (v.9), debemos hacer todo lo que podamos para poner fin a la pobreza extrema en nuestra generación.

Esta también es una maravillosa ilustración de cuál debe ser nuestra motivación para decirle a los demás las buenas nuevas acerca de Jesús. Aquellos hombres hambrientos encontraron una montaña de comida y se dieron cuenta de que Dios los había librado de sus enemigos; podrían haber mantenido la buena noticia en secreto solo para ellos, pero hubiera sido algo totalmente egoísta. Aunque estuvieron tentados de hacerlo.

Tenemos noticias mucho mejores que las que ellos tenían: las buenas nuevas de Jesús y el Evangelio. No te las guardes para ti, eres el agente humano responsable de llevar a cabo los planes de Dios.

Igualmente, la gente de la ciudad podría haberse quedado allí en condición de perdidos, negándose a creer las buenas noticias. De hecho, el rey no responde muy positivamente al principio, pues sospechaba que era una trampa (v.12). Así mismo, algunas personas no responden a la oferta de vida que Jesús hace a cada ser humano hoy porque sospechan que hay alguna trampa.

Dios no se limita a hacer cumplir Sus propósitos a través de agentes humanos sino que a veces revela estos planes a Sus profetas. Eliseo profetizó en plena época de hambruna que en veinticuatro horas habría comida en abundancia (v.1); eso parecía totalmente increíble en aquel momento (v.2), pero Dios rescató a su pueblo (v.6). La profecía de Eliseo se hizo realidad, «tal como la palabra del Señor lo había dado a conocer» (v.16). Dios también reveló a Eliseo lo que estaba a punto de sucederle al rey (8:8,13,15).

Oración

Señor, gracias por tener buenos planes para mi vida en la cual Tus propósitos finalmente prevalecerán. Ayúdanos a ser una bendición para el mundo, alimentando a los hambrientos y trayendo las buenas nuevas de Jesús a un mundo que necesita desesperadamente alimentos físicos y espirituales.

Añadidos de Pippa

2 Reyes 6:24–8:15

Dios escoge a los más repudiados (cuatro leprosos) para descubrir el campamento abandonado de los sirios. ¡Qué divertido tuvo que haber sido para ellos saciar sus cuerpos hambrientos con comida deliciosa y probarse ropa hermosa! Ellos fueron los primeros en tener lo mejor.

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

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