Día 186

La oposición se convirtió en una oportunidad

Sabiduría Salmos 80:1-7
Nuevo Testamento Hechos 23:12-35
Antiguo Testamento 2 Reyes 8:16-9:37

Introducción

Stephen Lungu vino a nuestra casa y nos contó su historia. Es el hijo mayor de una madre adolescente proveniente de un municipio en Zimbabue quien estuvo atada a un matrimonio difícil con un hombre que era más de veinte años mayor que ella. Su madre lidiaba con sus dificultades y luchas bebiendo intensamente.

Cuando Stephen tenía tres años, su madre lo llevó un día junto con sus hermanos pequeños a la ciudad; le dijo que tenía que ir al baño y lo dejó con su hermana en la concurrida plaza del pueblo, mientras su hermano John jugaba en el suelo. Dos horas después no había regresado: había huido dejando a sus tres hijos al cuidado de una tía que lo aceptó a regañadientes. A la edad de once años, Stephen también huyó y prefirió vivir en las calles.

Stephen desarrolló una fuerte amargura contra Dios cuando creció. Siendo un adolescente, fue reclutado por una banda urbana llamada las Sombras Negras quienes cometían robos, violencias, y destruían las calles de Zimbabue.

Un día, un evangelizador llegó a la ciudad para hablar a miles de personas acerca de Jesús bajo una gran carpa; Stephen acudió con la itención de bombardear el evento, para lo cual llevaba una bolsa llena de explosivos. Quería hacerlo porque deseaba atacar a Dios. Mientras aguardaba el momento de su ataque, Shadrach Maloka ­—un predicador sudafricano— subió al escenario y anunció que el Espíritu Santo le había advertido que muchos en la audiencia podrían morir pronto sin Cristo. Con asombro, las Sombras Negras pensaron que alguien había descubierto su plan y Stephen Lungu fue cautivado por el predicador.

En cada uno de los pasajes de hoy vemos varios tipos de ataques y vemos cómo Dios convierte la oposición en una oportunidad.

Sabiduría

Salmos 80:1-7

Salmo 80

Al director musical. Sígase la tonada de «Los lirios del pacto». Salmo de Asaf.

1 Pastor de Israel,
 tú que guías a José como a un rebaño,
tú que reinas entre los querubines,
 ¡escúchanos!
¡Resplandece 2` delante de Efraín, Benjamín y Manasés!
¡Muestra tu poder, y ven a salvarnos!

3 Restáuranos, oh Dios;
 haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
 y sálvanos.

4 ¿Hasta cuándo, Señor, Dios Todopoderoso,
 arderá tu ira contra las oraciones de tu pueblo?
5 Por comida, le has dado pan de lágrimas;
 por bebida, lágrimas en abundancia.
6 Nos has hecho motivo de contienda para nuestros vecinos;
 nuestros enemigos se burlan de nosotros.

7 Restáuranos, oh Dios Todopoderoso;
 haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
 y sálvanos.

Comentario

1. La presencia de Dios

Cuando afrontas dificultades en la vida —oposición y ataques— no hay nada más reconfortante que sentir la presencia de Dios, sabiendo que Él está contigo y Su rostro te sonríe.

El salmista se enfrentó al abuso y la burla de sus vecinos y enemigos (v.6). Estos ataques causaron mucho dolor: «lágrimas por comida» (v.5, DHH). El pueblo de Dios había sido alimentado con «pan de lágrimas \[y\] por bebida, lágrimas en abundancia» (v.5).

Dios puede convertir la oposición en una oportunidad sin importar cuáles son las dificultades que afrontas en tu vida; solo ruega a Dios:

Oración

«Restáuranos, oh Dios; haz resplandecer tu rostro sobre mí, y sálvame» (adaptado de vv.3,7).

Nuevo Testamento

Hechos 23:12-35

Conspiración para matar a Pablo

12 Muy de mañana los judíos tramaron una conspiración y juraron bajo maldición no comer ni beber hasta que lograran matar a Pablo. 13 Más de cuarenta hombres estaban implicados en esta conspiración. 14 Se presentaron ante los jefes de los sacerdotes y los ancianos, y les dijeron:

—Nosotros hemos jurado bajo maldición no comer nada hasta que logremos matar a Pablo. 15 Ahora, con el respaldo del Consejo, pídanle al comandante que haga comparecer al reo ante ustedes, con el pretexto de obtener información más precisa sobre su caso. Nosotros estaremos listos para matarlo en el camino.

16 Pero cuando el hijo de la hermana de Pablo se enteró de esta emboscada, entró en el cuartel y avisó a Pablo. 17 Éste llamó entonces a uno de los centuriones y le pidió:

—Lleve a este joven al comandante, porque tiene algo que decirle.

18 Así que el centurión lo llevó al comandante, y le dijo:

—El preso Pablo me llamó y me pidió que le trajera este joven, porque tiene algo que decirle.

19 El comandante tomó de la mano al joven, lo llevó aparte y le preguntó:

—¿Qué quieres decirme?

20 —Los judíos se han puesto de acuerdo para pedirle a usted que mañana lleve a Pablo ante el Consejo con el pretexto de obtener información más precisa acerca de él. 21 No se deje convencer, porque más de cuarenta de ellos lo esperan emboscados. Han jurado bajo maldición no comer ni beber hasta que hayan logrado matarlo. Ya están listos; sólo aguardan a que usted les conceda su petición.

22 El comandante despidió al joven con esta advertencia:

—No le digas a nadie que me has informado de esto.

Trasladan a Pablo a Cesarea

23 Entonces el comandante llamó a dos de sus centuriones y les ordenó:

—Alisten un destacamento de doscientos soldados de infantería, setenta de caballería y doscientos lanceros para que vayan a Cesarea esta noche a las nueve. 24 Y preparen cabalgaduras para llevar a Pablo sano y salvo al gobernador Félix.

25 Además, escribió una carta en estos términos:

26 Claudio Lisias,

a su excelencia el gobernador Félix:

Saludos.

27 Los judíos prendieron a este hombre y estaban a punto de matarlo, pero yo llegué con mis soldados y lo rescaté, porque me había enterado de que es ciudadano romano. 28 Yo quería saber de qué lo acusaban, así que lo llevé al Consejo judío. 29 Descubrí que lo acusaban de algunas cuestiones de su ley, pero no había contra él cargo alguno que mereciera la muerte o la cárcel. 30 Cuando me informaron que se tramaba una conspiración contra este hombre, decidí enviarlo a usted en seguida. También les ordené a sus acusadores que expongan delante de usted los cargos que tengan contra él.

31 Así que los soldados, según se les había ordenado, tomaron a Pablo y lo llevaron de noche hasta Antípatris. 32 Al día siguiente dejaron que la caballería siguiera con él mientras ellos volvían al cuartel. 33 Cuando la caballería llegó a Cesarea, le entregaron la carta al gobernador y le presentaron también a Pablo. 34 Félix leyó la carta y le preguntó de qué provincia era. Al enterarse de que Pablo era de Cilicia, 35 le dijo: «Te daré audiencia cuando lleguen tus acusadores.» Y ordenó que lo dejaran bajo custodia en el palacio de Herodes.

Comentario

2. La protección de Dios

Gustave Flaubert escribió una vez: «Se puede calcular lo que vale un hombre por el número de sus enemigos y la importancia de una obra de arte por los ataques que recibe». La razón por la cual la gente en la Biblia y en la iglesia de hoy son tan asediados, es porque el trabajo que hacen es inmensamente importante. Estar bajo ataque no es un acontecimiento raro en la Biblia como tampoco lo es en la vida de un cristiano. A veces pasas por períodos de relativa calma, pero los ataques venideros son prácticamente inevitables.

Dios tiene el control en cualquier situación de ataque a la que te enfrentes. Como vimos al final del pasaje de ayer, el Señor se le apareció a Pablo exhortándole: «¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, es necesario que lo des también en Roma» (v.11).

Pablo permaneció bajo custodia a pesar de que bajo la ley romana no había ningún cargo por el cual merecía estar en prisión. Sus enemigos estaban decididos a matarlo y tenían un plan para su asesinato (v.12), basado —como ocurre con frecuencia— en mentiras, violencia y engaños (v.15).

En realidad, todos los personajes que atacaron a Pablo eran tramposos. El propio comandante Claudio Lisias decía verdades a medias (vv.26-30). En su carta al gobernador Félix, no menciona que él mismo había encarcelado ilegalmente a Pablo ni que estuvo a punto de torturar a un ciudadano romano el cual no había sido condenado por ningún delito.

«Pero» es la poderosa minúscula palabra que ahora entra en la historia (v.16). Dios en Su providencia, protegió a Pablo: «Pero, cuando el hijo de la hermana de Pablo se enteró de esta emboscada, entró en el cuartel y avisó a Pablo» (v.16). Cuando su sobrino le cuenta de las acechanzas, Pablo hace que él le informe al comandante que organiza la protección para su viaje; de esta forma, Dios protege a Pablo.

Dios parece haber usado la combinación del sobrino de Pablo, el ingenio de Pablo y el comandante romano. La providencia y protección de Dios a veces vienen a través de aquellos que no son necesariamente cristianos.

Pablo es llevado de forma segura al juicio con una carta de explicación del comandante. Sin embargo, Dios no intervino para rescatar a Pablo completamente y permaneció detenido. Dios lo protegió y lo usó en la situación en la que se encontraba; el propósito de Dios era que Pablo fuera a dar testimonio en Jerusalén y en Roma y eso fue exactamente lo que sucedió: la oposición se convirtió en una oportunidad.

Oración

Señor, gracias porque puedes disponer de la gente para Tus propósitos en cualquier situación. Señor, te ruego que hoy me uses a mí, así como usaste a Pablo para avanzar en Tu reino. Oro para que venga Tu reino y se haga Tu voluntad.

Antiguo Testamento

2 Reyes 8:16-9:37

Jorán, rey de Judá

16 En el quinto año del reinado de Jorán hijo de Acab, rey de Israel y contemporáneo de Josafat, rey de Judá, Jorán hijo de Josafat ascendió al trono de Judá. 17 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén ocho años. 18 Jorán hizo lo que ofende al Señor, pues siguió el mal ejemplo de los reyes de Israel, como lo había hecho la familia de Acab, y llegó incluso a casarse con la hija de Acab. 19 Pero el Señor no quiso destruir a Judá por consideración a su siervo David, pues le había prometido mantener encendida para siempre una lámpara para él y sus descendientes.

20 En tiempos de Jorán, los edomitas se sublevaron contra Judá y se nombraron su propio rey. 21 Por lo tanto, Jorán marchó sobre Zaír con todos sus carros de combate. Los edomitas cercaron a Jorán y a los capitanes de los carros, pero durante la noche Jorán logró abrirse paso; sin embargo, su ejército se dispersó. 22 Desde entonces Edom ha estado en rebelión contra Judá, al igual que la ciudad de Libná, que en ese mismo tiempo se sublevó.

23 Los demás acontecimientos del reinado de Jorán, y todo lo que hizo, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá. 24 Cuando murió, fue sepultado con sus antepasados en la Ciudad de David. Y su hijo Ocozías lo sucedió en el trono.

Ocozías, rey de Judá

25 En el año duodécimo de Jorán hijo de Acab, rey de Israel, Ocozías hijo de Jorán ascendió al trono de Judá. 26 Tenía veintidós años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén un año. Su madre era Atalía, nieta de Omrí, rey de Israel. 27 Ocozías hizo lo que ofende al Señor, pues siguió el mal ejemplo de la familia de Acab, con la que estaba emparentado.

28 Ocozías, junto con Jorán hijo de Acab, marchó hacia Ramot de Galaad para hacerle guerra a Jazael, rey de Siria, pero en la batalla los sirios hirieron a Jorán. 29 Por eso el rey Jorán tuvo que regresar a Jezrel, para reponerse de las heridas que había recibido de los sirios en Ramot, cuando luchó contra Jazael, rey de Siria. Como Jorán hijo de Acab convalecía en Jezrel, Ocozías hijo de Jorán, rey de Judá, fue a visitarlo.

Jehú ungido rey de Israel

9Un día, el profeta Eliseo llamó a un miembro de la comunidad de los profetas. «Arréglate la ropa para viajar —le ordenó—. Toma este frasco de aceite y ve a Ramot de Galaad. 2 Cuando llegues, busca a Jehú, hijo de Josafat y nieto de Nimsi. Ve adonde esté, apártalo de sus compañeros y llévalo a un cuarto. 3 Toma entonces el frasco, derrama el aceite sobre su cabeza y declárale: “Así dice el Señor: ‘Ahora te unjo como rey de Israel.’” Luego abre la puerta y huye; ¡no te detengas!»

4 Acto seguido, el joven profeta se fue a Ramot de Galaad. 5 Cuando llegó, encontró reunidos a los capitanes del ejército y les dijo:

—Tengo un mensaje para el capitán.

—¿Para cuál de todos nosotros? —preguntó Jehú.

—Para usted, mi capitán —respondió.

6 Jehú se levantó y entró en la casa. Entonces el profeta lo ungió con el aceite y declaró:

«Así dice el Señor, Dios de Israel: “Ahora te unjo como rey sobre mi pueblo Israel. 7 Destruirás a la familia de Acab, tu señor, y así me vengaré de la sangre de mis siervos los profetas; castigando a Jezabel, vengaré la sangre de todos mis siervos. 8 Toda la familia de Acab perecerá, pues de sus descendientes en Israel exterminaré hasta el último varón, esclavo o libre. 9 Haré con ellos lo mismo que hice con la familia de Jeroboán hijo de Nabat y con la familia de Basá hijo de Ahías. 10 Y en cuanto a Jezabel, los perros se la comerán en el campo de Jezrel, y nadie le dará sepultura.” »

Acto seguido, el profeta abrió la puerta y huyó. 11 Cuando Jehú salió para volver a reunirse con los capitanes, uno de ellos le preguntó:

—¿Todo bien? ¿Qué quería ese loco?

—Ustedes ya lo conocen —respondió—, y saben cómo habla.

12 —¡Pamplinas! —replicaron—. Dinos la verdad.

Jehú admitió:

—Esto es lo que me declaró, palabra por palabra: “Así dice el Señor: ‘Ahora te unjo como rey de Israel.’”

13 Dicho esto, todos se apresuraron a tender sus mantos sobre los escalones, a los pies de Jehú. Luego tocaron la trompeta y gritaron: «¡Viva el rey Jehú!»

Jehú asesina a Jorán y a Ocozías

14 Entonces Jehú, hijo de Josafat y nieto de Nimsi, conspiró contra Jorán. Sucedió que Jorán, con todo el ejército israelita, había estado defendiendo Ramot de Galaad contra Jazael, rey de Siria, 15 pero tuvo que regresar a Jezrel para reponerse de las heridas que había recibido de los sirios en la batalla. Así que Jehú les dijo a sus partidarios: «Si ustedes quieren que yo sea rey, no dejen que nadie salga de la ciudad para ir a Jezrel con el informe.» 16 Luego se montó en su carro de combate y fue a Jezrel, pues allí se estaba recuperando Jorán, a quien también Ocozías, rey de Judá, había ido a visitar.

17 Cuando el centinela que vigilaba desde la torre de Jezrel vio que las tropas de Jehú se acercaban, gritó:

—¡Se acercan unas tropas!

En seguida Jorán ordenó:

—Llama a un jinete y mándalo al encuentro de las tropas para preguntarles si vienen en son de paz.

18 El jinete se fue al encuentro de Jehú y le dijo:

—El rey quiere saber si vienen en son de paz.

—¿Y a ti qué te importa? —replicó Jehú—. Ponte allí atrás.

Entonces el centinela anunció:

—El mensajero ya llegó hasta ellos, pero no lo veo regresar.

19 Por tanto, el rey mandó a otro jinete, el cual fue a ellos y repitió:

—El rey quiere saber si vienen en son de paz.

—Eso a ti no te importa —replicó Jehú—. Ponte allí atrás.

20 El centinela informó de nuevo:

—Ya llegó el mensajero hasta ellos, pero a él tampoco lo veo regresar. Además, el que conduce el carro ha de ser Jehú hijo de Nimsi, pues lo hace como un loco.

21 —¡Enganchen el carro! —exclamó Jorán.

Así lo hicieron. Y en seguida Jorán, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro, salieron y se encontraron con Jehú en la propiedad que había pertenecido a Nabot el jezrelita. 22 Cuando Jorán vio a Jehú, le preguntó:

—Jehú, ¿vienes en son de paz?

—¿Cómo puede haber paz mientras haya tantas idolatrías y hechicerías de tu madre Jezabel? —replicó Jehú.

23 Jorán se dio la vuelta para huir, mientras gritaba:

—¡Traición, Ocozías!

24 Pero Jehú, que ya había tensado su arco, le disparó a Jorán por la espalda, y la flecha le atravesó el corazón. Jorán se desplomó en el carro, 25 y Jehú le ordenó a su ayudante Bidcar:

—Saca el cadáver y tíralo en el terreno que fue propiedad de Nabot el jezrelita. Recuerda el día en que tú y yo conducíamos juntos detrás de Acab, padre de Jorán, y el Señor pronunció contra él esta sentencia: 26 “Ayer vi aquí la sangre de Nabot y de sus hijos. Por lo tanto, juro que en este mismo terreno te haré pagar por ese crimen. Yo, el Señor, lo afirmo.” Saca, pues, el cadáver y tíralo en el terreno, según la palabra que dio a conocer el Señor.

27 Cuando Ocozías, rey de Judá, vio lo que pasaba, huyó en dirección a Bet Hagán. Pero Jehú lo persiguió, y ordenó:

—¡Mátenlo a él también!

Y lo hirieron en su carro cuando iba por la cuesta de Gur, cerca de Ibleam, pero logró escapar y llegar a Meguido. Allí murió. 28 Luego sus siervos trasladaron el cuerpo a Jerusalén, la Ciudad de David, donde lo sepultaron en su tumba, junto a sus antepasados. 29 Ocozías había ascendido al trono en el undécimo año del reinado de Jorán hijo de Acab.

Muerte de Jezabel

30 Cuando Jezabel se enteró de que Jehú estaba regresando a Jezrel, se sombreó los ojos, se arregló el cabello y se asomó a la ventana. 31 Al entrar Jehú por la puerta de la ciudad, ella le preguntó:

—¿Cómo estás, Zimri, asesino de tu señor?

32 Levantando la vista hacia la ventana, Jehú gritó:

—¿Quién está de mi parte? ¿Quién?

Entonces se asomaron dos o tres oficiales, 33 y Jehú les ordenó:

—¡Arrójenla de allí!

Así lo hicieron, y su sangre salpicó la pared y a los caballos que la pisotearon. 34 Luego Jehú se sentó a comer y beber, y dio esta orden:

—Ocúpense de esa maldita mujer; denle sepultura, pues era hija de un rey.

35 Pero cuando fueron a enterrarla, no encontraron más que el cráneo, los pies y las manos. 36 Así que volvieron para informarle a Jehú, y éste comentó:

—Se ha cumplido la palabra que el Señor dio a conocer por medio de su siervo Elías el tisbita, que dijo: “En el campo de Jezrel los perros se comerán a Jezabel.” 37 De hecho, el cadáver de Jezabel será como estiércol en el campo de Jezrel, y nadie podrá identificarla ni decir: “Ésta era Jezabel.”

Comentario

3. La paz de Dios

Hay un anhelo de paz en el fondo de cada corazón humano. Vemos este anhelo durante un período aterrador de la historia del pueblo de Dios. Jorán fue otro rey de Judá, quien «hizo lo malo ante los ojos del Señor» (8:18, RVA-2015). Seguido por Ocozías quien también «hizo lo malo ante los ojos del Señor» (v.27, RVA-2015).

Por un momento hay un rayo de esperanza. Eliseo hace que Jehú —hijo de Josafat— sea ungido rey (9:1-3). Un joven profeta derrama aceite sobre la cabeza de Jehú y declara: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Ahora te unjo como rey sobre mi pueblo Israel”» (v.6). Curiosamente, los compañeros de Jehú consideraron que el profeta era un «loco» (v.11) y más adelante, se ve a Jehú conduciendo su carro «como un loco» (v.20).

Cuando Jehú comienza a llevar a cabo su instrucción, Jorán envía mensajeros para que le pregunten tres veces: ¿Vienes en son de paz? (vv.17,19,22). Jehú responde: «¿Cómo puede haber paz mientras haya tantas idolatrías y hechicerías de tu madre Jezabel?» (v.22). Luego la propia Jezabel hizo la misma pregunta: «¿Has venido en son de paz…?» (v.31, NTV), la respuesta fue «no». Jezabel tuvo una muerte terrible como cumplimiento de la profecía que Elías había dado (1 Reyes 21:23).

Aquellos fueron días de muerte, maldad y división. La declaración de Jehú de que no podría haber paz mientras la maldad de Jezabel continuara en Israel nos recuerda que la verdadera paz solo puede encontrarse en Dios. El alboroto de estos pasajes nos recuerda la necesidad de traer salvación y paz; nos recuerda la necesidad de Jesús.

Jesús dijo: «La paz les dejo; mi paz les doy» (Juan 14:27). La iglesia primitiva anunció «las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo» (Hechos 10:36). San Pablo escribió: «Tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1). «Permitir que el Espíritu les controle la mente lleva a la vida y a la paz» (Romanos 8:6, NTV); de hecho muchas de sus cartas comienzan: «Gracia a ustedes y paz» (1 Corintios 1:3; 2 Corintios 1:2; Gálatas 1:3, etc., RVA-2015).

Volviendo a la historia de Stephen Lungu, las palabras del predicador lo convencieron de sus pecados y lo llevaron a un encuentro con Jesús en el que experimentó la presencia de Dios y oyó hablar de la gracia y la paz de Dios.

Stephen Lungu se acercó tambaleándose al escenario, agarró los pies del orador y comenzó a sollozar, convirtiéndose así, aquella noche, en seguidor de Jesucristo.

A la mañana siguiente se presentó en la comisaría local y confesó sus crímenes; el sargento de la recepción miró la larga lista de cargos, escuchó su historia y lo absolvió. Stephen estaba tan feliz que cuando viajaba de regreso en el autobús, se sintió impelido a darles las buenas noticias al resto de pasajeros aquella mañana; desde entonces, ha estado hablando a la gente acerca de Jesús.

Stephen es ahora predicador de tiempo completo en África y orador en muchos eventos. Hace unos años, en uno de estos eventos, una anciana se acercó con el deseo de seguir a Jesús. Esa mujer resultó ser su propia madre, ¡aquella que lo había abandonado años atrás!

La presencia, la protección y la paz de Dios son una combinación poderosa. Como lo ratifica Esteban: «Porque me veo como un milagro de la gracia de Dios, así que creo que el poder de Jesucristo para salvar a los pecadores todavía existe. Si pudo cambiarme, puede cambiar a cualquier persona».

En medio de los ataques, ya sea que provengan de vecinos, enemigos o autoridades, puedes tener paz sabiendo que Dios tiene el control de los acontecimientos y la historia y, convierte la oposición en una oportunidad.

Oración

Señor, hoy te traigo mis peticiones con acción de gracias y oro para que la paz de Dios, que soprepasa todo entendimiento, guarde mi corazón y mi mente en Cristo Jesús (ver Filipenses 4:6-7).

Añadidos de Pippa

2 Reyes 9:1–37

¿Cómo sabemos cuando tenemos un llamado a dirigir? Jehú se sentía frustrado con el pasado y anhelaba el cambio. Tenía los dones y la posición, y había recibido una palabra de Dios. Sus amigos y colegas pensaron que era una buena idea (v.13), así que cuando dio un paso al frente para liderar, lo siguieron.

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

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