Día 221

¿El dinero es una bendición o una maldición?

Sabiduría Proverbios 19:13-22
Nuevo Testamento 1 Corintios 4:1-21
Antiguo Testamento 1 Crónicas 26:20-27:34

Introducción

Lorenzo estaba a cargo de las finanzas de la iglesia y también era diácono. En su entorno estaba sucediendo un gran reavivamiento y se decía que «toda Roma se estaba haciendo cristiana».

Como resultado, se desencadenó una persecución bajo el emperador Valeriano alrededor del año 250 d.C. Los cristianos que tenían propiedades distribuyeron todo el dinero y los tesoros de la iglesia a los pobres.

Valeriano ordenó que todos los obispos, sacerdotes y diáconos fueran arrestados y ejecutados. Ofreció a Lorenzo una escapatoria si le mostraba donde estaban escondidos todos los tesoros de la iglesia.

Lorenzo pidió tres días para juntar todos los tesoros en un lugar central. Trajo a los ciegos, los pobres, los lisiados, los enfermos, los ancianos, las viudas y los huérfanos. Cuando Valeriano llegó, Lorenzo abrió de par en par las puertas y dijo: «¡Estos son los tesoros de la iglesia!».

Valeriano se puso tan furioso, que decidió que decapitar a Lorenzo no era suficiente pena para Lorenzo. Así que ordenó que aquel valeroso hombre fuera asado en una parrilla. De esta forma fue como el 10 de agosto del 258 d.C. murió Lorenzo. Parece ser que incluso bromeó con sus ejecutores diciendo: «Pueden darme la vuelta, ya estoy bien hecho de este lado». Su valentía impresionó tanto que el reavivamiento en Roma se incrementó y mucha gente se hizo cristiana, incluyendo a varios senadores que fueron testigos de su ejecución.

San Lorenzo tenía una comprensión profunda del mensaje de Jesús. Sabía que los pobres eran los verdaderos tesoros de la iglesia.

¿Cuál debería ser nuestra actitud hacia los pobres? ¿Cuál acerca de los ricos? ¿La pobreza es una bendición o una maldición? ¿Las riquezas son una bendición o una maldición? ¿El evangelio promete prosperidad?

Sabiduría

Proverbios 19:13-22

13 El hijo necio es la ruina del padre;
la mujer pendenciera es gotera constante.

14 La casa y el dinero se heredan de los padres,
pero la esposa inteligente es un don del Señor.

15 La pereza conduce al sueño profundo;
el holgazán pasará hambre.

16 El que cumple el mandamiento cumple consigo mismo;
el que descuida su conducta morirá.

17 Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor;
Dios pagará esas buenas acciones.

18 Corrige a tu hijo mientras aún hay esperanza;
no te hagas cómplice de su muerte.

19 El iracundo tendrá que afrontar el castigo;
el que intente disuadirlo aumentará su enojo.

20 Atiende al consejo y acepta la corrección,
y llegarás a ser sabio.

21 El corazón humano genera muchos proyectos,
pero al final prevalecen los designios del Señor.

22 De todo hombre se espera lealtad.
Más vale ser pobre que mentiroso.

Comentario

1. El dinero no lo es todo

El libro de los Proverbios tiene un equilibrio notable en su comprensión de la riqueza y la pobreza. Ninguna de las dos es vista como algo totalmente bueno o totalmente malo. Se entienden como parte del más amplio entramado de la vida, y todos somos animados a usar lo que tenemos sabiamente.

«Una casa y riquezas son herencia de los padres, pero una mujer prudente lo es del Señor» (v.14, RVA-2015). No hay nada de malo en tener casa o dinero, pero en la vida hay cosas más importantes. Encontrar a la persona adecuada para casarse es muchísimo más importante que tener un montón de dinero.

Para aquellos que estén tentados a trabajar demasiado duro buscando el dinero o cualquier otra meta, es importante recordar la soberanía de Dios: «El corazón humano genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor» (v.21). Respetar «el descanso del sábat» y las vacaciones, es un signo de que confiamos en la soberanía de Dios.

Las riquezas no son lo más importante en la vida, ni la pobreza es lo peor que nos puede suceder: «De todo hombre se espera lealtad. Más vale ser pobre que mentiroso» (v.22). Necesitamos el amor mucho más de lo que necesitamos las riquezas. La integridad de carácter es muchísimo más importante que el dinero.

Por otro lado, este pasaje no exalta la pobreza como virtud. A veces la pobreza puede ser algo provocado por uno mismo: «La pereza conduce al sueño profundo; el holgazán pasará hambre» (v.15).

Debemos ser amables con los pobres, independientemente de la razón de la pobreza de una persona: «Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones» (v.17).

Esta es una promesa extraordinaria y maravillosa. Dios no debe nada a nadie. Cada vez que haces algo bueno por un pobre, estás prestándole al Señor y Él te lo devolverá con intereses. Con frecuencia, vemos unas bendiciones extraordinarias en la vida de aquellos que se dedican al ministerio con los pobres, los desamparados y los que están en prisión.

Oración

Señor, te confío mis finanzas y mi futuro. Ayúdame a vivir una vida de generosidad con todos, especialmente con los pobres.

Nuevo Testamento

1 Corintios 4:1-21

Apóstoles de Cristo

4Que todos nos consideren servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios. 2 Ahora bien, a los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza. 3 Por mi parte, muy poco me preocupa que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano; es más, ni siquiera me juzgo a mí mismo. 4 Porque aunque la conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto; el que me juzga es el Señor. 5 Por lo tanto, no juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.

6 Hermanos, todo esto lo he aplicado a Apolos y a mí mismo para beneficio de ustedes, con el fin de que aprendan de nosotros aquello de «no ir más allá de lo que está escrito». Así ninguno de ustedes podrá engreírse de haber favorecido al uno en perjuicio del otro. 7 ¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?

8 ¡Ya tienen todo lo que desean! ¡Ya se han enriquecido! ¡Han llegado a ser reyes, y eso sin nosotros! ¡Ojalá fueran de veras reyes para que también nosotros reináramos con ustedes! 9 Por lo que veo, a nosotros los apóstoles Dios nos ha hecho desfilar en el último lugar, como a los sentenciados a muerte. Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo, tanto para los ángeles como para los hombres. 10 ¡Por causa de Cristo, nosotros somos los ignorantes; ustedes, en Cristo, son los inteligentes! ¡Los débiles somos nosotros; los fuertes son ustedes! ¡A ustedes se les estima; a nosotros se nos desprecia! 11 Hasta el momento pasamos hambre, tenemos sed, nos falta ropa, se nos maltrata, no tenemos dónde vivir. 12 Con estas manos nos matamos trabajando. Si nos maldicen, bendecimos; si nos persiguen, lo soportamos; 13 si nos calumnian, los tratamos con gentileza. Se nos considera la escoria de la tierra, la basura del mundo, y así hasta el día de hoy.

14 No les escribo esto para avergonzarlos sino para amonestarlos, como a hijos míos amados. 15 De hecho, aunque tuvieran ustedes miles de tutores en Cristo, padres sí que no tienen muchos, porque mediante el evangelio yo fui el padre que los engendró en Cristo Jesús. 16 Por tanto, les ruego que sigan mi ejemplo. 17 Con este propósito les envié a Timoteo, mi amado y fiel hijo en el Señor. Él les recordará mi manera de comportarme en Cristo Jesús, como enseño por todas partes y en todas las iglesias.

18 Ahora bien, algunos de ustedes se han vuelto presuntuosos, pensando que no iré a verlos. 19 Lo cierto es que, si Dios quiere, iré a visitarlos muy pronto, y ya veremos no sólo cómo hablan sino cuánto poder tienen esos presumidos. 20 Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras sino de poder. 21 ¿Qué prefieren? ¿Que vaya a verlos con un látigo, o con amor y espíritu apacible?

Comentario

2. La pobreza de los apóstoles

Aunque eran ricos, recibían honores y eran fuertes, la iglesia de Corintio estaba en una situación desastrosa. Pablo señala que eran arrogantes, orgullosos y celosos. Toleraban la inmoralidad sexual y acudían a los tribunales pleiteando entre ellos.

Pablo comienza a abordar algunos de los problemas. Él era apóstol y veía en sus vidas la arrogancia del rico; estaban orgullosos de sus riquezas materiales. Pablo explica resumidamente por qué ninguno tiene de qué envanecerse: «¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?» (vv.7b–8).

Son ricos como reyes: «¡Ya tienen todo lo que desean! ¡Ya se han enriquecido! ¡Han llegado a ser reyes, y eso sin nosotros!»(v.8a). Aquí vemos una pizca de sarcasmo, pues ellos no son los que gobiernan: «¡Ojalá fueran de veras reyes para que también nosotros reináramos con ustedes!»(v.8b)

Pablo pone en contraste la abundancia material de ellos con la pobreza de los apóstoles. «Hasta el momento pasamos hambre, tenemos sed, nos falta ropa, se nos maltrata, no tenemos dónde vivir. Con estas manos nos matamos trabajando. Si nos maldicen, bendecimos; si nos persiguen, lo soportamos» (vv.11–12).

Pablo fue uno de los cristianos más influyentes de todos los tiempos y su ministerio fue uno de los más «exitosos» de la historia. Pero esto no le trajo la prosperidad material sino más bien lo contrario. Era pobre materialmente, no tenía suficiente comida ni tenía un hogar.

Su pobreza no le vino como resultado de su pereza: «Con estas manos nos matamos trabajando» (v.12a). Sufrió abusos —como mucha gente pobre hoy en día— pero no respondió con la misma moneda: «Si nos maldicen, bendecimos; si nos persiguen, lo soportamos; si nos calumnian, los tratamos con gentileza. Se nos considera la escoria de la tierra, la basura del mundo, y así hasta el día de hoy» (vv.12b–13).

Pablo escribe con gran amor, no para avergonzar sino para advertirles, pues los ve como un padre mira a sus propios hijos: «No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos, como a hijos míos amados. De hecho, aunque tuvieran ustedes miles de tutores en Cristo, padres sí que no tienen muchos» (vv.14–15).

Pablo tenía un corazón de padre: amable, amoroso, delicado, dispuesto a enseñar y a perseverar, que nunca abandonaba a las personas. Esta debe ser la actitud de un pastor. Todos los padres humanos están lejos de ser perfectos. Pero eres amado y alimentado por tu padre celestial y puedes buscar ser padre para otros, basándote en este modelo celestial.

Oración

Señor, gracias porque he recibido mucho más por medio de Jesús que cualquier cosa que este mundo me pueda ofrecer. Oro para estar dispuesto a ser un loco «por Cristo»(v.10). Ayúdame a imitar el ejemplo de Pablo.

Antiguo Testamento

1 Crónicas 26:20-27:34

Los tesoreros y otros oficiales

20 A los otros levitas se les puso al cuidado de los tesoros del templo y de los depósitos de los objetos sagrados. 21 Los descendientes de Guersón por parte de Ladán tenían a los jehielitas como jefes de las familias de Ladán el guersonita. 22 Zetán y su hermano Joel, hijos de Jehiel, quedaron a cargo de los tesoros del templo del Señor.

23-24 Sebuel, que era descendiente de Guersón hijo de Moisés, era el tesorero mayor de los amiranitas, izaritas, hebronitas y uzielitas.

25 Sus descendientes en línea directa por parte de Eliezer eran Rejabías, Isaías, Jorán, Zicrí y Selomit. 26 Selomit y sus hermanos tenían a su cargo los depósitos de todos los objetos sagrados que habían sido obsequiados por el rey David y por los jefes de familia, así como por los comandantes de mil y de cien soldados y por los demás oficiales del ejército. 27 Ellos habían dedicado parte del botín de guerra para las reparaciones del templo del Señor. 28 Selomit y sus hermanos tenían bajo su cuidado todo lo que había sido obsequiado por el vidente Samuel, por Saúl hijo de Quis, y por Abner hijo de Ner y Joab hijo de Sarvia.

29 Quenanías y sus hijos, que eran descendientes de Izar, estaban a cargo de los asuntos exteriores de Israel, y ejercían las funciones de oficiales y jueces.

30 Jasabías y sus parientes, que descendían de Hebrón, eran mil setecientos hombres valientes. Ellos eran los que al sudoeste del Jordán administraban a Israel en todo lo referente al Señor y al rey. 31 El jefe de los hebronitas era Jerías. En el año cuarenta del reinado de David se investigó el registro genealógico de los descendientes de Hebrón, y se encontró que en Jazer de Galaad había entre ellos hombres valientes. 32 El número de los jefes de familia de estos valientes era de dos mil setecientos. El rey David les asignó la administración de las tribus de Rubén y Gad y de la media tribu de Manasés, en todos los asuntos relacionados con Dios y con el rey.

Divisiones del ejército

27La siguiente lista corresponde a los jefes patriarcales, a los comandantes de mil y de cien soldados, y a los oficiales de las divisiones militares de Israel. Cada división constaba de veinticuatro mil hombres, y se turnaban cada mes, durante todo el año, para prestar servicio al rey.

2 Al frente de la primera división de veinticuatro mil hombres, la cual prestaba su servicio en el primer mes, estaba Yasobeán hijo de Zabdiel, 3 descendiente de Fares. Él era el jefe de todos los oficiales del ejército que hacían su turno el primer mes.

4 Al frente de la segunda división de veinticuatro mil, que prestaba su servicio en el segundo mes, estaba Doday el ajojita. El jefe de esa división era Miclot.

5 La tercera división de veinticuatro mil, asignada para el tercer mes, tenía como jefe a Benaías, hijo del sumo sacerdote Joyadá. 6 Este Benaías fue uno de los treinta valientes, y el jefe de ellos. En esa división estaba su hijo Amisabad.

7 La cuarta división de veinticuatro mil, asignada para el cuarto mes, tenía como jefe a Asael, hermano de Joab. Su sucesor fue su hijo Zebadías.

8 La quinta división de veinticuatro mil, asignada para el quinto mes, tenía como jefe a Samut el izraíta.

9 La sexta división de veinticuatro mil, asignada para el sexto mes, tenía como jefe a Irá hijo de Iqués el tecoíta.

10 La séptima división de veinticuatro mil, asignada para el séptimo mes, tenía como jefe a Heles el pelonita, de los descendientes de Efraín.

11 La octava división de veinticuatro mil, asignada para el octavo mes, tenía como jefe a Sibecay de Jusá, descendiente de los zeraítas.

12 La novena división de veinticuatro mil, asignada para el noveno mes, tenía como jefe a Abiezer de Anatot, descendiente de Benjamín.

13 La décima división de veinticuatro mil, asignada para el décimo mes, tenía como jefe a Maray de Netofa, descendiente de los zeraítas.

14 La undécima división de veinticuatro mil, asignada para el undécimo mes, tenía como jefe a Benaías de Piratón, descendiente de Efraín.

15 La duodécima división de veinticuatro mil, asignada para el duodécimo mes, tenía como jefe a Jelday de Netofa, descendiente de Otoniel.

Jefes de las tribus

16 Los siguientes fueron los jefes de las tribus de Israel:

de Rubén: Eliezer hijo de Zicrí;

de Simeón: Sefatías hijo de Macá;

17 de Leví: Jasabías hijo de Quemuel;

de Aarón: Sadoc;

18 de Judá: Eliú, hermano de David;

de Isacar: Omrí hijo de Micael;

19 de Zabulón: Ismaías hijo de Abdías;

de Neftalí: Jerimot hijo de Azriel;

20 de Efraín: Oseas hijo de Azazías;

de la media tribu de Manasés: Joel hijo de Pedaías;

21 de la otra media tribu de Manasés que estaba en Galaad: Idó hijo de Zacarías;

de Benjamín: Jasiel hijo de Abner;

22 de Dan: Azarel hijo de Jeroán.

Éstos eran los jefes de las tribus de Israel.

23 David no censó a los hombres que tenían menos de veinte años porque el Señor había prometido que haría a Israel tan numeroso como las estrellas del cielo. 24 Joab hijo de Sarvia comenzó a hacer el censo, pero no lo terminó porque eso desató la ira de Dios sobre Israel. Por eso no quedó registrado el número en las crónicas del rey David.

Superintendentes del rey

25 El encargado de los tesoros del rey era Azmávet hijo de Adiel.

El encargado de los tesoros de los campos, y de ciudades, aldeas y fortalezas, era Jonatán hijo de Uzías.

26 Ezrí hijo de Quelub estaba al frente de los agricultores.

27 Simí de Ramat estaba a cargo de los viñedos.

Zabdí de Sefán era el encargado de almacenar el vino en las bodegas.

28 Baal Janán de Guéder estaba a cargo de los olivares y de los bosques de sicómoros de la Sefelá.

Joás tenía a su cargo los depósitos de aceite.

29 Sitray de Sarón estaba a cargo del ganado que pastaba en Sarón.

Safat hijo de Adlay estaba a cargo del ganado de los valles.

30 Obil el ismaelita era el encargado de los camellos.

Jehedías de Meronot era el encargado de las burras.

31 Jaziz el agareno era el encargado de las ovejas.

Todos éstos eran los que administraban los bienes del rey.

32 Jonatán, tío de David, escriba inteligente, era consejero del rey. Jehiel hijo de Jacmoní cuidaba a los príncipes.

33 Ajitofel era otro consejero del rey. Husay el arquita era hombre de confianza del rey. 34 A Ajitofel lo sucedieron Joyadá hijo de Benaías, y Abiatar.

Joab era el jefe del ejército real.

Comentario

3. Las riquezas de los reyes

Cuando Pablo escribió: «¡Ya se han enriquecido! ¡Han llegado a ser reyes» (1 Corintios 4:8), puede que estuviera pensando en el rey David.

David era rico y tenía grandes «tesoros» (1 Crónicas 26:22), alacenas reales (27:25), «viñedos», «bodegas» (v.27), «olivares y sicómoros» (v.28), «depósitos de aceite» (v.28b), «ganado» (v.29), «camellos» y «burras» (v.30b), «ovejas» y «bienes» (v.31).

Las finanzas no son algo «no espiritual». Por ejemplo, la alabanza a Dios normalmente tiene lugar en edificios que cuestan dinero. Administrar los aspectos económicos de una iglesia es un papel importante. «A los otros levitas se les puso al cuidado de los tesoros del templo y de los depósitos de los objetos sagrados» (26:20,22). Sebuel era «el tesorero mayor» (v.24).

La riqueza material se suele ver en el Antiguo Testamento como un signo de la bendición de Dios. Y es cierto que la integridad del que honra a Dios trabajando duro (siendo de fiar, íntegro y honesto) es una característica que suele llevar al éxito y traer la prosperidad material. Pero, como hemos visto en el pasaje del Nuevo Testamento de hoy, no es todo lo que hay.

Con los años, he conocido a cristianos muy ricos. Algunos de ellos son de los creyentes más piadosos y más entregados que he conocido. Sus riquezas no son necesariamente señal de la bendición de Dios, pero tampoco son algo malo. La clave es cómo ves tu dinero y lo que haces con él.

Oración

Señor, ayúdanos a conseguir el equilibrio adecuado entre nuestra enseñanza y nuestro estilo de vida. Que nunca seamos culpables de condenar o juzgar a aquellos que has bendecido con la prosperidad material. Que seamos generosos y demos libremente y estemos dispuestos a pasar hambre y sed en tu servicio.

Añadidos de Pippa

Proverbios 19:13b

«La mujer pendenciera es gotera constante».

Antes de levantar el dedo acusador ante cualquiera de mi familia que haya hecho un desastre, pienso en este versículo. ¡No quiero ser acusada de ser un grifo que gotea!

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

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