Día 229

Cómo mejorar tu juego

Sabiduría Proverbios 20:5-14
Nuevo Testamento 1 Corintios 10:14-11:1
Antiguo Testamento 2 Crónicas 5:2-7:10

Introducción

Algunos de los mejores jugadores de squash del mundo solían practicar en el club de squash donde juego. Recuerdo bien la primera ocasión en la que vi de cerca un partido de squash de alto nivel. Se trataba del hijo de uno de los jugadores regulares de nuestro grupo, el cual era en aquel momento el número 11 en el ranking mundial, y estaba jugando contra el número 2 del mundo en nuestro club.

Todos los allí presentes contemplamos el partido fascinados. Nunca habíamos visto nada parecido; de hecho, el «squash» al que nosotros jugábamos ¡debería ser llamado de otra manera!

Verlos jugar siempre hacía que nuestro juego mejorara. De repente nos dimos cuenta de que es posible devolver prácticamente cualquier golpe servido por tu oponente, por más bueno que sea. Vimos lo importante que era regresar a la mitad de la pista después de cada golpe. Observamos lo profundamente que golpeaban la bola, y nos dimos cuenta de qué golpes evitaban jugar.

Cuando después de verlos jugar fuimos a la pista, nos sorprendimos de lo bien que jugábamos. Por supuesto, ni de lejos nos aproximamos a jugar la mitad de bien que ellos pero, inspirados por su ejemplo, jugamos mucho mejor de lo habitual.

Durante mi vida cristiana me he encontrado con el mismo patrón. Por ejemplo, tuve el privilegio de trabajar para Sandy Millar durante 19 años. Siempre me sentí inspirado por su ejemplo al ver su vida y oír su predicación. Aunque pueda que no nos sea posible alcanzar el nivel de aquellos que son ejemplo para nosotros, al menos es de esperar que nos inspiren para mejorar nuestro juego.

Un cristiano es alguien que cree en Jesús, pone su fe en él, lo conoce y vive «en Cristo». También es alguien que sigue su ejemplo.

No hay mayor ejemplo en la historia de la humanidad que el de Cristo. Pablo escribe: «Sigan ustedes mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo» (1 Corintios 11:1).

Sabiduría

Proverbios 20:5-14

5 Los pensamientos humanos son aguas profundas;
el que es inteligente los capta fácilmente.

6 Son muchos los que proclaman su lealtad,
¿pero quién puede hallar a alguien digno de confianza?

7 Justo es quien lleva una vida sin tacha;
¡dichosos los hijos que sigan su ejemplo!

8 Cuando el rey se sienta en el tribunal,
con su sola mirada barre toda maldad.

9 ¿Quién puede afirmar: «Tengo puro el corazón;
estoy limpio de pecado»?

10 Pesas falsas y medidas engañosas:
¡vaya pareja que el Señor detesta!

11 Por sus hechos el niño deja entrever
si su conducta será pura y recta.

12 Los oídos para oír y los ojos para ver:
¡hermosa pareja que el Señor ha creado!

13 No te des al sueño, o te quedarás pobre;
manténte despierto y tendrás pan de sobra.

14 «¡No sirve, no sirve!», dice el comprador,
pero luego va y se jacta de su compra.

Comentario

1. El ejemplo de tu vida

La manera en la que vives afecta a los demás. Igual que ves a otros como ejemplo, los demás te miran como ejemplo; es algo que ocurre te guste o no.

El mejor ejemplo de esto es el caso de los padres y los hijos. Me he dado cuenta de cómo parece que he heredado muchas de las excentricidades de mi padre. Por supuesto, los padres dan ejemplo también en cosas más serias: «Justo es quien lleva una vida sin tacha; ¡dichosos los hijos que sigan su ejemplo!» (v.7).

Los padres que tienen una vida íntegra traen gran bendición a sus hijos. Billy Graham dijo: «La integridad es el pegamento que sostiene nuestra manera de vivir como un todo. Debemos luchar siempre por mantener intacta nuestra integridad. Cuando se pierde la riqueza, nada se pierde; cuando se pierde la salud, algo se pierde; pero cuando se pierde el carácter (la integridad), todo se pierde».

Nadie ha vivido jamás una vida perfecta, excepto Jesús: «¿Quién puede afirmar: «Tengo puro el corazón; estoy limpio de pecado»?» (v.9). A pesar de esto, todos podemos buscar llevar una vida que sea un buen ejemplo.

Los padres tienen que demostrarse fidelidad entre ellos, tratándose con paciencia y respecto, solventando los desacuerdos con generosidad, apoyándose mutuamente en los momentos duros y no dejándose arrastrar hacia relaciones inapropiadas con otras personas. «Son muchos los que proclaman su lealtad, ¿pero quién puede hallar a alguien digno de confianza?» (v.6).

Otra área en la que podemos ser un ejemplo es en aflorar los pensamientos de otras personas: «Como aguas profundas es el propósito en el corazón del hombre, pero el hombre de entendimiento logrará extraerlo» (v.5, RVA-2015).

Suelo acordarme de este versículo en el contexto de los grupos pequeños de Alpha, donde el anfitrión ayuda a sacar a la luz los pensamientos de la gente de su grupo. Ese es el arte de ser un buen facilitador de conversaciones, la habilidad del entrevistador. Es una tarea de extrema importancia para los padres con sus hijos, así como para los amigos entre sí. Hay una gran profundidad en cada ser humano. La habilidad consiste en hacer aflorar esas profundidades.

Oración

Señor, ayúdanos a vivir una vida que sea un buen ejemplo para los demás. Ayúdanos a demostrar pureza, fidelidad y dedicación.

Nuevo Testamento

1 Corintios 10:14-11:1

Las fiestas idólatras y la Cena del Señor

14 Por tanto, mis queridos hermanos, huyan de la idolatría. 15 Me dirijo a personas sensatas; juzguen ustedes mismos lo que digo. 16 Esa copa de bendición por la cual damos gracias, ¿no significa que entramos en comunión con la sangre de Cristo? Ese pan que partimos, ¿no significa que entramos en comunión con el cuerpo de Cristo? 17 Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.

18 Consideren al pueblo de Israel como tal: ¿No entran en comunión con el altar los que comen de lo sacrificado? 19 ¿Qué quiero decir con esta comparación? ¿Que el sacrificio que los gentiles ofrecen a los ídolos sea algo, o que el ídolo mismo sea algo? 20 No, sino que cuando ellos ofrecen sacrificios, lo hacen para los demonios, no para Dios, y no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios. 21 No pueden beber de la copa del Señor y también de la copa de los demonios; no pueden participar de la mesa del Señor y también de la mesa de los demonios. 22 ¿O vamos a provocar a celos al Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?

La libertad del creyente

23 «Todo está permitido», pero no todo es provechoso. «Todo está permitido», pero no todo es constructivo. 24 Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo.

25 Coman de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar nada por motivos de conciencia, 26 porque «del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella».

27 Si algún incrédulo los invita a comer, y ustedes aceptan la invitación, coman de todo lo que les sirvan sin preguntar nada por motivos de conciencia. 28 Ahora bien, si alguien les dice: «Esto ha sido ofrecido en sacrificio a los ídolos», entonces no lo coman, por consideración al que se lo mencionó, y por motivos de conciencia. 29 (Me refiero a la conciencia del otro, no a la de ustedes.) ¿Por qué se ha de juzgar mi libertad de acuerdo con la conciencia ajena? 30 Si con gratitud participo de la comida, ¿me van a condenar por comer algo por lo cual doy gracias a Dios?

31 En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. 32 No hagan tropezar a nadie, ni a judíos, ni a gentiles ni a la iglesia de Dios. 33 Hagan como yo, que procuro agradar a todos en todo. No busco mis propios intereses sino los de los demás, para que sean salvos.

11Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.

Comentario

2. El ejemplo de Pablo

El experto en liderazgo John Maxwell escribe: «La gente hace lo que ve; cuanto más escuchan y ven a su líder ser consecuente de palabra y de obra, mayor es la fidelidad de los seguidores y lo consecuentes que son. ¡Entienden lo que ven y creen en lo que ven!».

Pablo escribe con la que parece una gran audacia: «Sigan ustedes mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo» (11:1, DHH). La primera mitad de la frase depende de la segunda mitad. El ejemplo de Pablo solo merece la pena seguirse en la medida en la que él sigue a Cristo. Es audaz para decir y creer que lo hace. Ya solo eso es, en sí mismo, un ejemplo digno de ser seguido.

Este versículo es la conclusión de una sección en la que ha urgido a los corintios diciéndoles «huyan de la idolatría» (10:14). Tienen que mantenerse puros pues participan (en el servicio de comunión) del cuerpo y la sangre de Cristo (v.16). Ese es el centro de su unidad: «Un solo pan del cual todos participamos» (v.17).

«Esa copa de bendición por la cual damos gracias, ¿no significa que entramos en comunión con la sangre de Cristo? Ese pan que partimos, ¿no significa que entramos en comunión con el cuerpo de Cristo? Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo». Como dice The Message: «No reducimos a Cristo a lo que somos, sino que él nos eleva a lo que él es» (v. 17, MSG).

Aunque seamos libres —«Todo está permitido» (v.23) — tenemos que tener mucho cuidado con cómo actuamos porque «no todo es constructivo» (v.23c). «Que nadie busque sus propios intereses, sino los del prójimo» (v.24).

Tú tienes una extraordinaria libertad en Cristo, pero has de usarla en beneficio de los demás y para la gloria de Dios: «Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (v.31).

Todo lo que hacemos, ha de ser hecho para «la gloria de Dios». El propósito final de tu vida debería ser usar tu libertad para buscar la gloria de Dios y el bien de los demás.

Así es como el apóstol Pablo vivió su vida, intentando a la vez

«agradar a todos en todo»: «No busco mis propios intereses, sino los de los demás, para que sean salvos» (v.33). Este es el contexto en el que escribió aquello de «sigan ustedes mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo» (11:1, DHH).

Oración

Señor, gracias por el ejemplo de Jesús. Ayúdame a seguir tu ejemplo como Pablo lo hizo. Ayúdame, Señor, a hacer todo lo que haga para la gloria de Dios.

Antiguo Testamento

2 Crónicas 5:2-7:10

El arca del pacto

2 Entonces Salomón mandó que los ancianos de Israel, y todos los jefes de las tribus y los patriarcas de las familias israelitas, se congregaran en Jerusalén para trasladar el arca del pacto del Señor desde Sión, la Ciudad de David. 3 Así que durante la fiesta del mes séptimo todos los israelitas se congregaron ante el rey. 4 Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los levitas alzaron el arca. 5 Los sacerdotes y los levitas la trasladaron junto con la Tienda de reunión y con todos los utensilios sagrados que había en ella.

6 El rey Salomón y toda la asamblea de Israel reunida delante del arca sacrificaron ovejas y bueyes en tal cantidad que fue imposible llevar la cuenta. 7 Luego los sacerdotes llevaron el arca del pacto del Señor a su lugar en el santuario interior del templo, que es el Lugar Santísimo, y la pusieron bajo las alas de los querubines. 8 Con sus alas extendidas sobre ese lugar, los querubines cubrían el arca y sus travesaños. 9 Los travesaños eran tan largos que sus extremos se podían ver desde el arca delante del Lugar Santísimo, aunque no desde afuera; y ahí han permanecido hasta hoy. 10 En el arca sólo estaban las dos tablas que Moisés había colocado en ella en Horeb, donde el Señor hizo un pacto con los israelitas después de que ellos salieron de Egipto.

11 Los sacerdotes se retiraron del Lugar Santo. Todos los sacerdotes allí presentes, sin distinción de clases, se habían santificado. 12 Todos los levitas cantores —es decir, Asaf, Hemán, Jedutún, sus hijos y sus parientes— estaban de pie en el lado este del altar, vestidos de lino fino y con címbalos, arpas y liras. Junto a ellos estaban ciento veinte sacerdotes que tocaban la trompeta.

13 Los trompetistas y los cantores alababan y daban gracias al Señor al son de trompetas, címbalos y otros instrumentos musicales. Y cuando tocaron y cantaron al unísono: «El Señor es bueno; su gran amor perdura para siempre», una nube cubrió el templo del Señor. 14 Por causa de la nube, los sacerdotes no pudieron celebrar el culto, pues la gloria del Señor había llenado el templo.

6Entonces Salomón declaró:

« Señor, tú has dicho que habitarías en la oscuridad de una nube, 2 y yo te he construido un excelso templo, un lugar donde habites para siempre.»

3 Luego se puso de frente para bendecir a toda la asamblea de Israel que estaba allí de pie, 4 y dijo:

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que con su mano ha cumplido ahora lo que con su boca le había prometido a mi padre David cuando le dijo: 5 “Desde el día en que saqué de la tierra de Egipto a mi pueblo, no elegí a ninguna ciudad de las tribus de Israel para que en ella se me construyera un templo donde yo habitara, ni elegí a nadie para que gobernara a mi pueblo Israel. 6 Más bien, elegí a Jerusalén para habitar en ella, y a David para que gobernara a mi pueblo Israel.”

7 »Pues bien, mi padre David tuvo mucho interés en construir un templo en honor del Señor, Dios de Israel, 8 pero el Señor le dijo: “Me agrada que te hayas interesado en construir un templo en mi honor. 9 Sin embargo, no serás tú quien me lo construya, sino un hijo de tus entrañas; él será quien construya el templo en mi honor.”

10 »Ahora el Señor ha cumplido su promesa: Tal como lo prometió, he sucedido a mi padre David en el trono de Israel, y he construido el templo en honor del Señor, Dios de Israel. 11 Allí he colocado el arca, en la cual está el pacto que el Señor hizo con los israelitas.»

Oración de Salomón

12 A continuación, Salomón se puso ante el altar del Señor y, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos. 13 Había mandado construir y colocar en medio del atrio una plataforma de bronce cuadrada, que medía dos metros con veinticinco centímetros por lado, y un metro con treinta y cinco centímetros de alto. Allí, sobre la plataforma, se arrodilló y, extendiendo las manos al cielo, 14 oró así:

« Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú en el cielo ni en la tierra, pues tú cumples tu pacto de amor con quienes te sirven y te siguen de todo corazón. 15 Has llevado a cabo lo que le dijiste a tu siervo David, mi padre; y este día has cumplido con tu mano lo que con tu boca prometiste.

16 »Y ahora, Señor, Dios de Israel, cumple también la promesa que le hiciste a tu siervo, mi padre David, cuando le dijiste: “Si tus hijos observan una buena conducta, viviendo de acuerdo con mi ley como tú lo has hecho, nunca te faltará un descendiente que ocupe el trono de Israel en mi presencia.” 17 Señor, Dios de Israel, ¡confirma ahora esta promesa que le hiciste a tu siervo David!

18 »Pero ¿será posible que tú, Dios mío, habites en la tierra con la humanidad? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido! 19 Sin embargo, Señor mi Dios, atiende a la oración y a la súplica de este siervo tuyo. Oye el clamor y la oración que elevo en tu presencia. 20 ¡Que tus ojos estén abiertos día y noche sobre este templo, el lugar donde decidiste habitar, para que oigas la oración que tu siervo te eleva aquí! 21 Oye las súplicas de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar. Oye desde el cielo, donde habitas; ¡escucha y perdona!

22 »Si alguien peca contra su prójimo y se le exige venir a este templo para jurar delante de tu altar, 23 óyelo tú desde el cielo y juzga a tus siervos. Condena al culpable, y haz que reciba su merecido; absuelve al inocente, y vindícalo por su rectitud.

24 »Si tu pueblo Israel es derrotado por el enemigo por haber pecado contra ti, y luego se vuelve a ti para honrar tu nombre, y ora y te suplica en este templo, 25 óyelo tú desde el cielo, y perdona su pecado y hazlo regresar a la tierra que les diste a ellos y a sus antepasados.

26 »Cuando tu pueblo peque contra ti y tú lo aflijas cerrando el cielo para que no llueva, si luego ellos oran en este lugar y honran tu nombre y se arrepienten de su pecado, 27 óyelos tú desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos, de tu pueblo Israel. Guíalos para que sigan el buen camino, y envía la lluvia sobre esta tierra, que es tuya, pues tú se la diste a tu pueblo por herencia.

28 »Cuando en el país haya hambre, peste, sequía, o plagas de langostas o saltamontes en los sembrados, o cuando el enemigo sitie alguna de nuestras ciudades; en fin, cuando venga cualquier calamidad o enfermedad, 29 si luego en su dolor cada israelita, consciente de su culpa extiende sus manos hacia este templo, y ora y te suplica, 30 óyelo tú desde el cielo, donde habitas, y perdónalo. Págale a cada uno según su conducta, la cual tú conoces, puesto que sólo tú escudriñas el corazón humano. 31 Así todos tendrán temor de ti y andarán en tus caminos mientras vivan en la tierra que les diste a nuestros antepasados.

32 »Trata de igual manera al extranjero que no pertenece a tu pueblo Israel, pero que atraído por tu gran fama y por tus despliegues de fuerza y poder ha venido de lejanas tierras. Cuando ese extranjero venga y ore en este templo, 33 óyelo tú desde el cielo, donde habitas, y concédele cualquier petición que te haga. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu nombre y, al igual que tu pueblo Israel, tendrán temor de ti y comprenderán que en este templo que he construido se invoca tu nombre.

34 »Cuando saques a tu pueblo para combatir a sus enemigos, sea donde sea, si el pueblo ora a ti y dirige la mirada hacia esta ciudad que has escogido, hacia el templo que he construido en tu honor, 35 oye tú desde el cielo su oración y su súplica, y defiende su causa.

36 »Ya que no hay ser humano que no peque, si tu pueblo peca contra ti y tú te enojas con ellos y los entregas al enemigo para que se los lleven cautivos a otro país, lejano o cercano, 37 si en el destierro, en el país de los vencedores, se arrepienten y se vuelven a ti, y oran a ti diciendo: “Somos culpables, hemos pecado, hemos hecho lo malo”; 38 y en la tierra de sus captores se vuelven a ti de todo corazón y con toda el alma, y oran y dirigen la mirada hacia la tierra que les diste a sus antepasados, hacia la ciudad que has escogido y hacia el templo que he construido en tu honor, 39 oye tú sus oraciones y súplicas desde el cielo, donde habitas, y defiende su causa. ¡Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti!

40 »Ahora, Dios mío, te ruego que tus ojos se mantengan abiertos, y atentos tus oídos a las oraciones que se eleven en este lugar.

41 »Levántate, Señor y Dios;
ven a descansar,
tú y tu arca poderosa.
Señor y Dios,
¡que tus sacerdotes se revistan de salvación!
¡Que tus fieles se regocijen en tu bondad!
42 Señor y Dios,
no le des la espalda a tu ungido.
¡Recuerda tu fiel amor hacia David, tu siervo!»

Dedicación del templo

7Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó el templo. 2 Tan lleno de su gloria estaba el templo, que los sacerdotes no podían entrar en él. 3 Al ver los israelitas que el fuego descendía y que la gloria del Señor se posaba sobre el templo, cayeron de rodillas y, postrándose rostro en tierra, alabaron al Señor diciendo: «El es bueno; su gran amor perdura para siempre.»

4 Entonces el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios en presencia del Señor. 5 El rey Salomón ofreció veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así fue como el rey y todo el pueblo dedicaron el templo de Dios.

6 Los sacerdotes estaban de pie en sus puestos. Los levitas tocaban los instrumentos musicales que el rey David había hecho para alabar al Señor, y con los cuales cantaba: «Su gran amor perdura para siempre.» Los sacerdotes tocaban las trompetas frente a los levitas, y todo Israel permanecía de pie.

7 Salomón también consagró la parte central del atrio, que está frente al templo del Señor, y allí presentó los holocaustos y la grasa de los sacrificios de comunión, ya que en el altar de bronce que hizo Salomón no había espacio para los holocaustos, la grasa y las ofrendas de cereales.

8 En aquella ocasión Salomón y todo Israel celebraron la fiesta durante siete días. Era una inmensa asamblea que había acudido de todo lugar, desde Lebó Jamat hasta el río de Egipto. 9 Al octavo día tuvieron una asamblea solemne, porque habían celebrado la consagración del altar durante siete días, y la fiesta durante siete días más. 10 El día veintitrés del mes séptimo, Salomón envió al pueblo a sus casas, y ellos regresaron contentos y llenos de alegría por el bien que el Señor había hecho en favor de David, de Salomón y de su pueblo Israel.

Comentario

3. El ejemplo de los líderes

Todos estamos llamados a ser ejemplo, pero algunos tienen una responsabilidad especial. Israel fue llamado a ser un ejemplo para el mundo; le fueron dadas bendiciones especiales de parte de Dios quien los llamó a ser un ejemplo para las demás naciones que se sentirían atraídas por su buena reputación. Como resultado, gente de todo el mundo llegaría a conocer al Señor (6:32–33, MSG).

Jerusalén en particular fue elegida como un ejemplo «para que mi nombre resida allí» (v.6, DHH). Dios también escogió como ejemplos particulares a David y a Salomón para que gobernarán a su pueblo Israel (6:6–7:10).

Además, otros líderes también tuvieron la responsabilidad de liderar con el ejemplo. Los levitas tenían un rol de liderazgo particular en la alabanza del Templo (5:2 en adelante). Los trompetistas y los cantores tenían también un rol de liderazgo (6:13).

Salomón lidera dando ejemplo de alabanza y oración: «Allí, sobre la plataforma, se arrodilló y, extendiendo las manos al cielo, oró» (v.13).

Les habla a los demás de la grandeza de Dios y lo alaba con acción de gracias. La oración de dedicación de Salomón muestra que Israel fallaría con frecuencia en el desempeño de su papel. Ora en múltiples ocasiones pidiendo a Dios que los perdone cuando vuelvan a Él (vv.21,25,27,30,39).

Después de que Salomón oró, «al ver los israelitas que el fuego descendía y que la gloria del Señor se posaba sobre el templo, cayeron de rodillas y, postrándose rostro en tierra, alabaron al Señor» (7:3).

Hoy somos, bajo el nuevo pacto, el templo de Dios (1 Corintios 6:19). Como escribe Joyce Meyer: «Dios quiere mostrar Su gloria en nosotros y por medio de nosotros de una manera tan radical como lo hizo físicamente en el Templo en los días de Salomón. Cuando la gloria de Dios se manifeste en tu vida, otros te mirarán y dirán: “¡Vaya en verdad sirves a un gran Dios!”, porque el poder de su bondad para contigo será visiblemente patente para ellos».

Oración

Señor, gracias porque quieres mostrar Tu gloria en mí y a través de mí. Te pido que me llenes hoy con tu Espíritu Santo y me capacites para seguir el ejemplo de Jesús, así como para ser un ejemplo para los demás.

Añadidos de Pippa

Proverbios 20:13

«No te des al sueño, o te quedarás pobre» Ay Dios mío, ¡con lo que me gusta dormir!

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

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