Día 235

Una vida de íntegro corazón

Sabiduría Salmos 102:1-11
Nuevo Testamento 1 Corintios 15:1-34
Antiguo Testamento 2 Crónicas 16:1-18:27

Introducción

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Me levanté de mi asiento y fui al frente. Era 1974 y solo había sido cristiano desde hacía unos pocos meses. El mensaje al que respondí era el de estar total e íntegramente comprometido con el Señor y seguirlo con todo mi corazón, me llevara a donde me llevara.

Por supuesto, he tenido mis altibajos desde entonces y mi justa dosis de fracasos. Todos distamos mucho de ser perfectos; yo todavía hago cosas que desearía no haber hecho. Pero he permanecido en la determinación de intentar seguir al Señor con todo mi corazón y estar comprometido a Él por completo.

Estar «comprometido por completo» con «todo tu corazón» significa un compromiso del 100%. Significa buscar hacer lo que el Señor te llama a hacer; significa arrancar de raíz todo lo que sea malo, erradicando sin titubear los altares a otros dioses en tu vida, librándote de ellos.

El Señor busca a aquellos «que tienen un corazón íntegro para con él» (2 Crónicas 16:9, RVA-2015). El salmista oró así: «Dame integridad de corazón» (Salmo 86:11). La expresión «todo tu corazón» aparece muchas veces a lo largo de la Biblia. Por ejemplo, tienes que hacer las siguientes cosas «con todo tu corazón»:

  • Amar al Señor (Deuteronomio 6:4–5; Mateo 22:36–38)
  • Confiar en el Señor (Proverbios 3:5)
  • Obedecer al Señor (Salmo 119:34,69; 1 Crónicas 29:19)
  • Alabar al Señor (Salmo 111:1; 138:1)
  • Regocijarte (Sofonías 3:14)
  • Trabajar para el Señor (Nehemías 4:6; Colosenses 3:23).

Así es como se disfruta de la vida en toda su plenitud (Juan 10:10). Es una vida de amor, confianza, gratitud, gozo y un trabajo lleno de significado. En los pasajes de hoy vemos por qué y cómo debemos vivir comprometidos con integridad de corazón.

Sabiduría

Salmos 102:1-11

Salmo 102

Oración de un afligido que, a punto de desfallecer, da rienda suelta a su lamento ante el Señor.

1 Escucha, Señor, mi oración;
llegue a ti mi clamor.
2 No escondas de mí tu rostro
cuando me encuentro angustiado.
Inclina a mí tu oído;
respóndeme pronto cuando te llame.

3 Pues mis días se desvanecen como el humo,
los huesos me arden como brasas.
4 Mi corazón decae y se marchita como la hierba;
¡hasta he perdido el apetito!
5 Por causa de mis fuertes gemidos
se me pueden contar los huesos.
6 Parezco una lechuza del desierto;
soy como un búho entre las ruinas.
7 No logro conciliar el sueño;
parezco ave solitaria sobre el tejado.
8 A todas horas me ofenden mis enemigos,
y hasta usan mi nombre para maldecir.
9 Las cenizas son todo mi alimento;
mis lágrimas se mezclan con mi bebida.
10 ¡Por tu enojo, por tu indignación,
me levantaste para luego arrojarme!
11 Mis días son como sombras nocturnas;
me voy marchitando como la hierba.

Comentario

1. La brevedad de la vida

El salmista es consciente de lo corta que es la vida: «Pues mis días se desvanecen como el humo» (v.3a), «Mis días son como sombras nocturnas; me voy marchitando como la hierba» (v.11). Siente que el tiempo se acaba y la vida en la tierra es corta. ¡Saca el mayor partido a cada día!

El salmista está sufriendo y clama: «Escucha, Señor, mi oración; llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro cuando me encuentro angustiado. Inclina a mí tu oído; respóndeme pronto cuando te llame» (vv.1–2).

Este es un impactante ejemplo de lo que es una dedicación íntegra de corazón a Dios, incluso en medio de las angustias. El salmista elige volverse a Dios, pues sabe que Dios es eterno (v.12) y que se puede confiar en Él.

Oración

Señor, te doy gracias porque aunque mi vida es «como sombras nocturnas», Tú eres eterno y puedo confiar en Ti. Presento mis problemas ante Ti… escucha mi oración, Señor. Que mi clamor en busca de ayuda, llegue hasta Ti.

Nuevo Testamento

1 Corintios 15:1-34

La resurrección de Cristo

15Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. 2 Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

3 Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, 4 que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, 5 y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. 6 Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. 7 Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles, 8 y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.

9 Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo. 11 En fin, ya sea que se trate de mí o de ellos, esto es lo que predicamos, y esto es lo que ustedes han creído.

La resurrección de los muertos

12 Ahora bien, si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección? 13 Si no hay resurrección, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. 14 Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. 15 Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. 17 Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. 18 En este caso, también están perdidos los que murieron en Cristo. 19 Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.

20 Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. 21 De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. 22 Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, 23 pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. 24 Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. 25 Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 El último enemigo que será destruido es la muerte, 27 pues Dios «ha sometido todo a su dominio». Al decir que «todo» ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo. 28 Y cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos.

29 Si no hay resurrección, ¿qué sacan los que se bautizan por los muertos? Si en definitiva los muertos no resucitan, ¿por qué se bautizan por ellos? 30 Y nosotros, ¿por qué nos exponemos al peligro a todas horas? 31 Que cada día muero, hermanos, es tan cierto como el orgullo que siento por ustedes en Cristo Jesús nuestro Señor. 32 ¿Qué he ganado si, sólo por motivos humanos, en Éfeso luché contra las fieras? Si los muertos no resucitan,

«comamos y bebamos,
que mañana moriremos».

33 No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.» 34 Vuelvan a su sano juicio, como conviene, y dejen de pecar. En efecto, hay algunos de ustedes que no tienen conocimiento de Dios; para vergüenza de ustedes lo digo.

Comentario

2. La certeza de la resurreción

Pablo nos cuenta aquello que constituía el núcleo de su predicación y por qué seguía a Jesús íntegramente con todo el corazón: «Quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes» (v.1). Este es el evangelio por el que eres salvado (v.2); aférrarte con firmeza a él.

  • El mensaje

Es un mensaje muy simple: «Que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras» (vv.3–4).

Su muerte tuvo un gran propósito: sucedió «por nuestros pecados». El poder del pecado se ha roto, los pecados pueden ser perdonados.

Aunque el poder del pecado ha sido roto, su presencia permanece en nuestras vidas. Pero un día, hasta la presencia del pecado será eliminada.

Puedes estar seguro de esto por la resurrección. Es la certeza de tu esperanza en el futuro.

Jesús murió y fue sepultado; un día morirás y serás enterrado. Jesús fue resucitado de entre los muertos; también tú, un día, serás resucitado.

  • Las pruebas

La resurrección es un signo ya en este mundo de lo que Dios tiene preparado. Pablo habló acerca del futuro a la luz de lo que Dios había hecho: «De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos» (Hechos 17:31). La fe no es irracional, sino que está basada en el hecho de la resurrección.

Pablo da algunas de las pruebas de la resurrección. Lo primero, subraya que Jesús fue «sepultado» y «resucitado según las Escrituras». Se escribió acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesús antes de que hubiera nacido.

En segundo lugar, señala a las apariciones de Cristo a Pedro, los Doce, los otros 500, a Santiago, a todos los apóstoles y, finalmente, al mismo Pablo (1 Corintios 15:6–8).

Esta no es una lista exhaustiva de apariciones, pero es suficiente para mostrar que está de sobra atestiguada. Muestra cómo la resurrección está anclada en la historia, basada en las Escrituras y confirmada por la experiencia.

  • La importancia

La resurrección importa de verdad: si no hay resurrección las consecuencias son extremas. La resurrección era el fundamento de la predicación de Pablo. Sin ella «nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos» (vv.14a–15). Puesto que basaron su fe en ella, sin la resurrección «la fe de ustedes es ilusoria» y «todavía están en sus pecados» (v.17). Si «también están perdidos los que murieron en Cristo» (v.18), no hay esperanza. De hecho, Pablo concluye que sin la resurrección, el cristianismo es peor que la nada: «Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales» (v.19).

  • El resultado

Dice The Message: «Lo cierto es que Cristo ha sido resucitado; él es el primero del largo legado de aquellos que van a abandonar los cementerios» (v.20, MSG). Por lo tanto, la resurrección es cierta. Un día, todos aquellos que están «en Cristo» serán resucitados de entre los muertos. La muerte será destruida (v.26). «Y, cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos» (v.28).

Pablo escribe que, puesto que la resurrección es cierta, ponemos nuestras vidas en peligro a cada minuto (v.30): «cada día muero» (v.31). Está 100% comprometido íntegramente de corazón al Señor. Incluso luchó contra las fieras salvajes de Éfeso (v.32). Estaba dispuesto a arriesgar su vida por la certeza de la resurrección.

Esta es la razón por la que Pablo nos urge a «dejar de pecar» (v.34). Las tácticas de Satanás suelen empezar por la duda. Si nos puede hacer dudar, lo siguiente a lo que nos tentará será a pecar. En un sentido, todo pecado es una consecuencia de la increencia.

El mensaje de Jesús, su muerte y resurrección, son buenas noticias. Es el evangelio que tienes que recibir y creer. Has de elegirlo, aferrándote a él firmemente y —como Pablo—, transmitírselo a los demás.

Oración

Padre, gracias porque Jesús murió por mis pecados y lo resucitaste de entre los muertos para que yo pudiera ser perdonado totalmente, liberado y, un día, resucitado con Cristo. Ayúdame, como a Pablo, a estar comprometido íntegramente de todo corazón a transmitir este mensaje de «crucial importancia».

Antiguo Testamento

2 Crónicas 16:1-18:27

Pacto de Asá con Ben Adad

16En el año treinta y seis del reinado de Asá, Basá, rey de Israel, atacó a Judá y fortificó Ramá para aislar totalmente a Asá, rey de Judá.

2 Entonces Asá sacó plata y oro de los tesoros del templo del Señor y del palacio real, y se los envió a Ben Adad, rey de Siria, que gobernaba en Damasco. También le envió este mensaje: 3 «Hagamos un pacto entre tú y yo, como el que hicieron tu padre y el mío. Aquí te envío oro y plata. Anula tu pacto con Basá, rey de Israel, para que se marche de aquí.»

4 Ben Adad estuvo de acuerdo con el rey Asá y dio a los jefes de su ejército la orden de atacar las ciudades de Israel. Así conquistaron Iyón, Dan y Abel Mayin, y todos los depósitos que había en las ciudades de Neftalí.

5 Cuando Basá se enteró, suspendió las obras de fortificación de Ramá. 6 Entonces el rey Asá movilizó a todo Judá y se llevó de Ramá las piedras y la madera con que había estado fortificando aquella ciudad, y fortificó más bien Gueba y Mizpa.

7 En esa ocasión el vidente Jananí se presentó ante Asá, rey de Judá, y le dijo: «Por cuanto pusiste tu confianza en el rey de Siria en vez de confiar en el Señor tu Dios, el ejército sirio se te ha escapado de las manos. 8 También los cusitas y los libios formaban un ejército numeroso, y tenían muchos carros de combate y caballos, y sin embargo el Señor los entregó en tus manos, porque en esa ocasión tú confiaste en él. 9 El Señor recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles. Pero de ahora en adelante tendrás guerras, pues actuaste como un necio.»

10 Asá se enfureció contra el vidente por lo que éste le dijo, y lo mandó encarcelar. En ese tiempo, Asá oprimió también a una parte del pueblo.

11 Los hechos de Asá, desde el primero hasta el último, están escritos en el libro de los reyes de Judá e Israel. 12 En el año treinta y nueve de su reinado, Asá se enfermó de los pies; y aunque su enfermedad era grave, no buscó al Señor, sino que recurrió a los médicos. 13 En el año cuarenta y uno de su reinado, Asá murió y fue sepultado con sus antepasados. 14 Lo sepultaron en la tumba que él había mandado cavar en la Ciudad de David, y lo colocaron sobre un lecho lleno de perfumes y diversas clases de especias aromáticas, muy bien preparadas. En su honor encendieron una enorme hoguera.

Josafat, rey de Judá

17Al rey Asá lo sucedió en el trono su hijo Josafat, quien se impuso a la fuerza sobre Israel. 2 Colocó tropas en todas las ciudades fortificadas de Judá, y guarniciones en el territorio de Judá y en las ciudades de Efraín que su padre Asá había conquistado.

3 El Señor estuvo con Josafat porque siguió el ejemplo inicial de su padre, pues no buscó a los baales 4 sino al Dios de su padre, obedeció los mandamientos de Dios, y no siguió las prácticas de los israelitas. 5 Por eso el Señor afirmó el reino en sus manos. Todo Judá le llevaba regalos, y Josafat llegó a tener muchas riquezas y recibió muchos honores. 6 Anduvo con orgullo en los caminos del Señor, y hasta quitó de Judá los santuarios paganos y las imágenes de la diosa Aserá.

7 En el año tercero de su reinado, Josafat envió a sus oficiales Ben Jayil, Abdías, Zacarías, Natanael y Micaías, para que instruyeran a la gente en las ciudades de Judá. 8 Con ellos fueron los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías, y también los sacerdotes Elisama y Jorán. 9 Llevaron consigo el libro de la ley del Señor para instruir a los habitantes de Judá. Así que recorrieron todas las ciudades de Judá, enseñando al pueblo.

10 Todos los reinos de las naciones vecinas de Judá sintieron un miedo profundo hacia el Señor y no se atrevieron a declararle la guerra a Josafat. 11 Aun algunos filisteos le llevaron a Josafat, como tributo, regalos y plata. Los árabes también le llevaron siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos.

12 Josafat se hizo cada vez más poderoso. Construyó en Judá fortalezas y lugares de almacenamiento, 13 y tenía muchas provisiones en las ciudades. En Jerusalén contaba con un regimiento de soldados muy valientes, 14 cuyo registro, según sus familias patriarcales, es el siguiente:

Jefes de mil soldados en Judá:

Adnás, el comandante, al frente de trescientos mil soldados.

15 Le seguía Johanán, al frente de doscientos ochenta mil soldados;

16 le seguía Amasías hijo de Zicrí, que se ofreció voluntariamente para servir al Señor, y estaba al frente de doscientos mil soldados.

17 De Benjamín:

Eliadá, guerrero valiente, al frente de doscientos mil soldados que portaban arcos y escudos.

18 Le seguía Jozabad, al frente de ciento ochenta mil soldados adiestrados para la guerra.

19 Todos ellos estaban al servicio del rey, sin contar los que éste había destinado para las ciudades fortificadas de todo Judá.

Micaías profetiza contra Acab

18Josafat se hizo muy rico y famoso, y como había emparentado con Acab, 2 después de algún tiempo fue a visitarlo en Samaria. Allí Acab mató muchas ovejas y vacas para Josafat y sus acompañantes, y lo animó a marchar contra Ramot de Galaad.

3 Acab, rey de Israel, le preguntó a Josafat, rey de Judá:

—¿Irías conmigo a pelear contra Ramot de Galaad?

Josafat le respondió:

—Estoy a tu disposición, lo mismo que mi pueblo. Iremos contigo a la guerra. 4 Pero antes que nada, consultemos al Señor —añadió.

5 Así que el rey de Israel reunió a los cuatrocientos profetas, y les preguntó:

—¿Debemos ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o no?

—Vaya, Su Majestad —contestaron ellos—, porque Dios la entregará en sus manos.

6 Pero Josafat inquirió:

—¿No hay aquí un profeta del Señor a quien podamos consultar?

7 El rey de Israel le respondió:

—Todavía hay alguien por medio de quien podemos consultar al Señor, pero me cae muy mal porque nunca me profetiza nada bueno; sólo me anuncia desastres. Se trata de Micaías hijo de Imlá.

—No digas eso —replicó Josafat.

8 Entonces el rey de Israel llamó a uno de sus funcionarios y le ordenó:

—¡Traigan de inmediato a Micaías hijo de Imlá!

9 El rey de Israel, y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales y sentados en sus respectivos tronos, estaban en la plaza a la entrada de Samaria, con todos los que profetizaban en su presencia. 10 Sedequías hijo de Quenaná, que se había hecho unos cuernos de hierro, anunció: «Así dice el Señor: “Con estos cuernos atacarás a los sirios hasta aniquilarlos.” » 11 Y los demás profetas vaticinaban lo mismo. «Ataque Su Majestad a Ramot de Galaad, y vencerá, porque el Señor la entregará en sus manos.»

12 Ahora bien, el mensajero que había ido a llamar a Micaías le advirtió:

—Mira, los demás profetas a una voz predicen el éxito del rey. Habla favorablemente, para que tu mensaje concuerde con el de ellos.

13 Pero Micaías repuso:

—Tan cierto como que el Señor vive, te juro que yo le anunciaré al rey lo que Dios me diga.

14 Cuando compareció ante el rey, éste le preguntó:

—Micaías, ¿debemos ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o no?

—Ataquen y vencerán —contestó él—, porque les será entregada.

15 El rey le reclamó:

—¿Cuántas veces debo hacerte jurar que no me digas nada más que la verdad en el nombre del Señor?

16 Ante esto, Micaías concedió:

—Vi a todo Israel esparcido por las colinas, como ovejas sin pastor. Y el Señor dijo: “Esta gente no tiene amo. ¡Que cada cual se vaya a su casa en paz!”

17 El rey de Israel le dijo a Josafat:

—¿No te dije que jamás me profetiza nada bueno, y que sólo me anuncia desastres?

18 Micaías prosiguió:

—Por lo tanto, oigan la palabra del Señor: Vi al Señor sentado en su trono con todo el ejército del cielo alrededor de él, a su derecha y a su izquierda. 19 Y el Señor dijo: “¿Quién seducirá a Acab, rey de Israel, para que ataque a Ramot de Galaad y vaya a morir allí?” Uno sugería una cosa, y otro sugería otra. 20 Por último, un espíritu se adelantó, se puso delante del Señor y dijo: “Yo lo seduciré.” “¿Por qué medios?”, preguntó el Señor. 21 Y aquel espíritu respondió: “Saldré y seré un espíritu mentiroso en la boca de sus profetas.” Entonces el Señor ordenó: “Ve y hazlo así, que tendrás éxito en seducirlo.” 22 Así que ahora el Señor ha puesto un espíritu mentiroso en la boca de estos profetas de Su Majestad. El Señor ha decretado para usted la calamidad.

23 Al oír esto, Sedequías hijo de Quenaná se levantó y le dio una bofetada a Micaías.

—¿Por dónde se fue el espíritu del Señor cuando salió de mí para hablarte? —le preguntó.

24 Micaías contestó:

—Lo sabrás el día en que andes de escondite en escondite.

25 Entonces el rey de Israel ordenó:

—Tomen a Micaías, y llévenselo a Amón, el gobernador de la ciudad, y a Joás, mi hijo. 26 Díganles que les ordeno echar en la cárcel a ese tipo, y no darle más que pan y agua, hasta que yo regrese sin contratiempos.

27 Micaías manifestó:

—Si regresas sin contratiempos, el Señor no ha hablado por medio de mí. ¡Tomen nota todos ustedes de lo que estoy diciendo!

Comentario

3. Los ojos del Señor

«Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen un corazón íntegro para con él» (16:9, RVA-2015).

Jananí el vidente se presentó ante Asá, rey de Judá, y le dijo que estaba en aprietos porque había dejado de depender totalmente del Señor (vv.7–9). «El Señor recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles» (v.9).

Dios ve todo lo que hace y está buscando a aquellos cuyos «corazones» están «íntegramente» entregados a Él. Los «ojos del Señor» ven dentro de tu corazón. ¿Estás viviendo de todo corazón para Él?

Asá se había comportado muy bien la mayor parte de su vida, pero en los últimos años «aunque su enfermedad era grave, no buscó al Señor, sino que recurrió a los médicos» (v.12). No se le critica buscar la ayuda de los médicos, sino el dejar de buscar la ayuda del Señor.

El corazón de su hijo Josafat «elevó su corazón hacia los caminos del Señor » (17:6, RVA-2015). Una vez más, empezó muy bien. «Siguió el ejemplo inicial de su padre, pues no buscó a los baales, sino al Dios de su padre, obedeció los mandamientos de Dios, y no siguió las prácticas de los israelitas» (vv.3–6).

Fue probado por el hecho de que 400 profetas tuvieron un «espíritu mentiroso» (18:21). Solo Micaías, hijo de Imlá, dijo la verdad. El diablo es un engañador. En una época en la que no faltan las voces que oír, necesitamos el discernimiento de Dios para no ser engañados por las maquinaciones y escuchar cuidadosamente a aquellos que como Micaías dicen: «Tan cierto como que el Señor vive, te juro que yo le anunciaré al rey lo que Dios me diga» (v.13).

Oración

Señor, gracias porque Tus ojos «recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen un corazón íntegro» para Ti (16:9). Te pido que me fortalezcas para que me vuelva a entregar a Ti para servirte íntegramente y de todo corazón.

Añadidos de Pippa

2 Crónicas 16:7

«Por cuanto pusiste tu confianza en el rey de Siria en vez de confiar en el Señor tu Dios… ».

Hasta los líderes más de Dios pueden acabar por depender de ellos mismos, o depender de cosas o de personas equivocadas. Por más difícil que nos sea, debemos estar abiertos a recibir correcciones y mantenernos dependientes de Dios.

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

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