Día 244

Vivirás para siempre

Sabiduría Salmos 104:31-35
Nuevo Testamento 2 Corintios 4:1-18
Antiguo Testamento Miqueas 1:1-4:13

Introducción

¿Te sientes desanimado alguna vez? ¿A veces te preguntas si «todo esto merece la pena» y «si estamos yendo a alguna parte»? ¿Sientes la tentación «descorazonarte»? Si todo esto te pasa, no estás solo. Pablo casi cayó en la tentación del desánimo, y escribió a otros cristianos que también sentían la misma tentación.

Pero aun así, Pablo escribió: «No nos desanimamos» (2 Corintios 4:1,16). En palabras de The Message: «No bajamos los brazos y nos marchamos abandonando el trabajo» (v.1). ¿Por qué no? Pablo explica que es porque en Jesús, hemos recibido un «tesoro» (v.7), el cual no es sino el mensaje de Jesús. El mensaje que Pablo tiene que proclamar es tan sorprendente, que comienza y termina diciendo: «Por tanto \[…\] no nos desanimamos»(vv.1,16).

Pero este tesoro es interior y no se ve. Pablo lo describe como un tesoro en «vasijas de barro» (v.7). Nuestra cultura enfatiza lo exterior y lo que se ve. Los medios de comunicación están dominados por el dinero, las posesiones, las casas, los automóviles, la comida, la belleza física y el éxito exterior. La Biblia es muy diferente. Subraya la importancia de los aspectos interiores y que no se ven de nuestro carácter: los pensamientos, las creencias y las actitudes que determinan nuestro comportamiento exterior. «Ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno» (v.18).

Sabiduría

Salmos 104:31-35

31 Que la gloria del Señor perdure eternamente;
que el Señor se regocije en sus obras.
32 Él mira la tierra y la hace temblar;
toca los montes y los hace echar humo.

33 Cantaré al Señor toda mi vida;
cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.
34 Quiera él agradarse de mi meditación;
yo, por mi parte, me alegro en el Señor.
35 Que desaparezcan de la tierra los pecadores;
¡que no existan más los malvados!

¡Alaba, alma mía, al Señor!

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Comentario

1. Pensamientos interiores e invisibles

Si sabes cómo preocuparte, ¡entonces sabes cómo meditar! Todo lo que necesitas es cambiar aquello en lo que piensas y entonces estarás practicando la meditación cristiana.

«Meditación» (v.34) significa aquello en lo que pensamos, aquello en lo que permitimos que nuestra mente se quede. Nuestras acciones y palabras son vitales. Pero no solo de nuestras acciones y palabras pueden agradar o no al Señor, también nuestra meditación interior e invisible.

El salmista ensalza a Dios por todo el universo creado, diciendo: «Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento» (v.33). Después dice: «Quiera él agradarse de mi meditación» (v.34).

¿Qué significa esto en la práctica? El apóstol Pablo tiene algunos buenos consejos: «Consideren \[piensen\] bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio» (Filipenses 4:8).

Oración

Señor, que mis acciones, palabras y pensamientos te agraden en el día de hoy.

Nuevo Testamento

2 Corintios 4:1-18

Tesoros en vasijas de barro

4Por esto, ya que por la misericordia de Dios tenemos este ministerio, no nos desanimamos. 2 Más bien, hemos renunciado a todo lo vergonzoso que se hace a escondidas; no actuamos con engaño ni torcemos la palabra de Dios. Al contrario, mediante la clara exposición de la verdad, nos recomendamos a toda conciencia humana en la presencia de Dios. 3 Pero si nuestro evangelio está encubierto, lo está para los que se pierden. 4 El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5 No nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo como Señor; nosotros no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús. 6 Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.

7 Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. 8 Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. 10 Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. 11 Pues a nosotros, los que vivimos, siempre se nos entrega a la muerte por causa de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo mortal. 12 Así que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes la vida.

13 Escrito está: «Creí, y por eso hablé.» Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos. 14 Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia. 15 Todo esto es por el bien de ustedes, para que la gracia que está alcanzando a más y más personas haga abundar la acción de gracias para la gloria de Dios.

16 Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. 17 Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. 18 Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.

Comentario

2. El tesoro interior e invisible

Tenemos el mensaje más poderoso del mundo. La fe en Jesús es completamente transformadora, tanto en el ahora como en la eternidad. «Sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús, nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia» (v.14). Tú vivirás para siempre.

Todos nosotros somos «vasijas de barro» (v.7). Dentro de ellas está el «tesoro» (v.7), que es interior e «invisible» (v.18). El tesoro es el mensaje de Jesús que es dado por la misericordia de Dios (v.1).

Esta vida no es el final, pues lo que se ve es temporal, pero «lo que no se ve es eterno» (v.18).

La secularización ha llevado al mundo —y ahora incluso a la iglesia— a olvidarse de la «eternidad». Nos centramos en cosas que podemos ver y tocar, y eso es lo que valoramos. La «eternidad» es una parte vital del mensaje.

Al proclamar el mensaje de Jesús hay cuatro cosas a las que debemos decir «no»:

  • No al secretismo

«Hemos renunciado a todo \[…\] lo que se hace a escondidas» (v.2) o como dice The Message: «Nos negamos a llevar máscaras» (v.2a, MSG). Debemos ser abiertos en todo lo que hacemos «mediante la clara exposición de la verdad» (v.2b).

  • No a la vergüenza

«Hemos renunciado a \[…\] todo lo vergonzoso» (v.2). No debemos hacer nada de lo que, en caso de ser descubiertos, nos avergonzaríamos.

  • No al engaño

«No actuamos con engaño*»* (v.2) o en palabras de The Message, «no hacemos maquinaciones trabajando por detrás del escenario» (v.2, MSG).

  • No a la tergiversación

«… ni torcemos la palabra de Dios» (v.2) o «no distorsionamos la palabra de Dios para acomodarla a nosotros» (v.2, MSG). No debemos cambiar el mensaje para hacerlo más aceptable. Al contrario, Pablo escribe que él expone la verdad «claramente» (v.2).

Puesto que el evangelio es invisible y es interior, no todos lo ven. «Pero, si nuestro evangelio está encubierto, lo está para los que se pierden. El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (vv.3–4). Yo era así; escuché un mensaje que simplemente no podía comprender.

Solo cuando Dios alumbra Su luz en nuestro corazón, podemos conocer «la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo» (v.6).

El mensaje consiste en Jesús: «Cristo, el cual es la imagen de Dios» (v.4). «No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor» (v.5).

Nosotros, los siervos de Jesús, somos vasijas de barro que contienen el mayor tesoro del mundo. Dios ha puesto este tesoro en vasijas de barro a propósito: «Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros» (v.7).

Aunque las vasijas se degradan y «por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día» (v.16). Puede que estemos bajo «gran presión» por condicionantes económicos y de otro tipo, y perplejos por las cosas que nos ocurren. Puede que seamos criticados y «perseguidos», incluso a veces «derribados» (vv.8–9).

Pero «los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento» (v.17). En palabras de The Message, «estos duros momentos son insignificantes comparados con los buenos tiempos que vendrán y la abundancia de la celebración que se nos ha preparado» (v.17, MSG).

«Así que no nos fijamos en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno» (v.18). Como escribe el padre Raniero Cantalamessa: «Una nueva medida ha sido introducida la cual hace que las cruces y las pruebas parezcan ligeras y momentáneas: la eternidad».

Oración

Señor, gracias porque nos has dado vida eterna en Jesús. Ayúdame a fijar mis ojos no en lo que se ve, sino en lo invisible.

Antiguo Testamento

Miqueas 1:1-4:13

1Ésta es la palabra que el Señor dirigió a Miqueas de Moréset, durante los reinados de Jotán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Ésta es la visión que tuvo acerca de Samaria y de Jerusalén.

La venida del Señor

2 Escuchen, pueblos todos;
preste atención la tierra
y todo lo que hay en ella.
Desde su santo templo
el Señor, el Señor omnipotente,
será testigo en contra de ustedes.
3 ¡Miren! Ya sale el Señor de su morada;
ya baja y se encamina
hacia las cumbres de la tierra.
4 A su paso se derriten las montañas
como la cera junto al fuego;
se parten en dos los valles
como partidos por el agua de un torrente.
5 Y todo esto por la transgresión de Jacob,
por los pecados del pueblo de Israel.
¿Acaso no representa Samaria
la transgresión de Jacob?
¿Y no es acaso en Jerusalén
donde están los santuarios paganos de Judá?
6 Dejaré a Samaria hecha un montón de ruinas:
¡convertida en campo arado para viñedos!
Arrojaré sus piedras al valle,
y pondré al descubierto sus cimientos.
7 Todos sus ídolos serán hechos pedazos;
toda su paga de prostituta será arrojada al fuego.
Yo destrozaré todas sus imágenes.
Todo cuanto ganó como prostituta,
en paga de prostituta se convertirá.

Lamento de Miqueas

8 Por eso lloraré y gritaré de dolor,
y andaré descalzo y desnudo.
Aullaré como chacal
y gemiré como avestruz.
9 Porque la herida de Samaria es incurable:
ha llegado hasta Judá.
Se ha extendido hasta mi pueblo,
¡hasta la entrada misma de Jerusalén!
10 No lo anuncien en Gat,
no se entreguen al llanto;
¡revuélquense de dolor
en el polvo de Bet Leafrá!
11 Habitantes de Safir,
emigren desnudos y humillados.
Los habitantes de Zanán
no se atrevieron a salir.
Bet Ésel está gimiendo,
y va a retirarles su apoyo.
12 Se retuercen esperando el bien,
los habitantes de Marot;
el Señor ha enviado el mal
hasta la entrada misma de Jerusalén.

13 Habitantes de Laquis,
¡enganchen al carro los corceles!
Con ustedes comenzó el pecado de la hija de Sión;
en ustedes se hallaron los delitos de Israel.
14 Por tanto, despídanse de Moréset Gat.
Los edificios de la ciudad de Aczib
son una trampa para los reyes de Israel.

15 Habitantes de Maresá,
yo enviaré contra ustedes un conquistador,
y hasta Adulán irá a parar
la flor y nata de Israel.
16 Así que rasúrate la barba y rápate la cabeza;
haz duelo por tus amados hijos;
agranda tu calva como la del buitre,
pues tus hijos te serán arrebatados.

El castigo a los ricos opresores

2¡Ay de los que sólo piensan en el mal,
y aun acostados hacen planes malvados!
En cuanto amanece, los llevan a cabo
porque tienen el poder en sus manos.
2 Codician campos, y se apropian de ellos;
casas, y de ellas se adueñan.
Oprimen al varón y a su familia,
al hombre y a su propiedad.

3 Por tanto, así dice el Señor:

«Ahora soy yo el que piensa
traer sobre ellos una desgracia,
de la que no podrán escapar.
Ya no andarán erguidos,
porque ha llegado la hora de su desgracia.
4 En aquel día se les hará burla,
y se les cantará este lamento:
“¡Estamos perdidos!
Se están repartiendo los campos de mi pueblo.
¡Cómo me los arrebatan!
Nuestra tierra se la reparten los traidores.” »

5 Por eso no tendrán en la asamblea del
a nadie que reparta la tierra.

Falsos profetas

6 Estos profetas me dicen:
«¡Deja ya de profetizarnos!
¡No nos vengas con que el oprobio nos alcanzará!»
7 Los descendientes de Jacob declaran:
«¿Acaso ha perdido el Señor la paciencia?
¿Es ésta su manera de actuar?
¿Acaso no hacen bien sus palabras?
¿Acaso no caminamos con el Justo?»
8 Ayer ustedes eran mi pueblo,
pero hoy se han vuelto mis enemigos.
A los que pasan confiados,
a los que vuelven de la guerra,
los despojan de su manto.
9 A las mujeres de mi pueblo
las echan de sus preciadas casas,
y a sus niños los despojan para siempre
del honor que les di.

10 ¡Levántense! ¡Pónganse en marcha,
que éste no es un lugar de reposo!
¡Está contaminado,
destruido sin remedio!
11 Si con la intención de mentirles,
llega algún embustero y les dice:
«Yo les anuncio vino y cerveza»,
este pueblo lo verá como un profeta.

Promesa de liberación

12 Te aseguro, Jacob,
que yo reuniré a todo tu pueblo.
Te aseguro, Israel,
que yo juntaré a tu remanente.
Los congregaré como a rebaño en el aprisco,
como a ovejas que, en medio del pastizal,
balan huyendo de la gente.
13 El que abre brecha marchará al frente,
y también ellos se abrirán camino;
atravesarán la puerta y se irán,
mientras su rey avanza al frente,
mientras el Señor va a la cabeza.

El castigo a los gobernantes corruptos

3Entonces dije:

«Escuchen, gobernantes de Jacob,
autoridades del pueblo de Israel:
¿Acaso no les corresponde a ustedes
conocer el derecho?
2 Ustedes odian el bien y aman el mal;
a mi pueblo le arrancan la piel del cuerpo
y la carne de los huesos;
3 ustedes se devoran a mi pueblo,
le arrancan la piel, le rompen los huesos;
lo descuartizan como carne para la olla,
como carne para el horno.»

4 Ya le pedirán auxilio al Señor,
pero él no les responderá;
esconderá de ellos su rostro
porque hicieron lo malo.

Contraste entre el profeta falso y el verdadero

5 Esto es lo que dice el Señor contra ustedes,
profetas que descarrían a mi pueblo:
«Con el estómago lleno, invitan a la paz;
con el vientre vacío, declaran la guerra.
6 Por tanto, tendrán noches sin visiones,
oscuridad sin presagios.»

El sol se ocultará de estos profetas;
¡el día se les volverá tinieblas!
7 Los videntes quedarán en vergüenza;
los adivinos serán humillados.
Dios les tapará la boca,
pues no les dará respuesta.
8 Yo, en cambio, estoy lleno de poder,
lleno del Espíritu del Señor,
y lleno de justicia y de fuerza,
para echarle en cara a Jacob su delito;
para reprocharle a Israel su pecado.

El gobierno corrupto, causa de la caída de Sión

9 Escuchen esto ustedes,
gobernantes del pueblo de Jacob,
y autoridades del reino de Israel,
que abominan la justicia y tuercen el derecho,
10 que edifican a Sión con sangre
y a Jerusalén con injusticia.
11 Sus gobernantes juzgan por soborno,
sus sacerdotes instruyen por paga,
y sus profetas predicen por dinero;
para colmo, se apoyan en el Señor, diciendo:
«¿No está el Señor entre nosotros?
¡No vendrá sobre nosotros ningún mal!»
12 Por lo tanto, por culpa de ustedes
Sión será como un campo arado;
Jerusalén quedará en ruinas,
y el monte del templo se volverá un matorral.

Futura exaltación de Sión

4En los últimos días,
el monte del templo del
será puesto sobre la cumbre de las montañas
y elevado por encima de las colinas.
Entonces los pueblos marcharán hacia ella,
2 y muchas naciones se acercarán, diciendo:
«Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Dios mismo nos instruirá en sus caminos,
y así andaremos en sus sendas.»
Porque de Sión viene la instrucción;
de Jerusalén, la palabra del Señor.
3 Dios mismo juzgará entre muchos pueblos,
y administrará justicia
a naciones poderosas y lejanas.
Convertirán en azadones sus espadas,
y en hoces sus lanzas.
Ya no alzará su espada nación contra nación,
ni se adiestrarán más para la guerra.
4 Cada uno se sentará
bajo su parra y su higuera;
y nadie perturbará su solaz
—el SeñorTodopoderoso lo ha dicho—.
5 Todos los pueblos marchan
en nombre de sus dioses,
pero nosotros marchamos en el nombre del Señor,
en el nombre de nuestro Dios,
desde ahora y para siempre.

Futura restauración de Sión

6 «En aquel día —afirma el Señor —
reuniré a las ovejas lastimadas,
dispersas y maltratadas.
7 Con las ovejas heridas formaré un remanente,
y con las desterradas, una nación poderosa.
El Señor reinará sobre ellas en el monte Sión
desde ahora y para siempre.
8 Y tú, Torre del Rebaño,
colina fortificada de la ciudad de Sión:
a ti volverá tu antiguo poderío,
la soberanía de la ciudad de Jerusalén.»

Castigo y triunfo de Sión

9 Ahora, ¿por qué gritas tanto?
¿Acaso no tienes rey?
¿Por qué te han venido dolores de parto?
¿Murió acaso tu consejero?
10 Retuércete y puja, hija de Sión,
como mujer a punto de dar a luz,
porque ahora vas a salir de tu ciudad,
y tendrás que vivir a campo abierto.
Irás a Babilonia, pero de allí serás rescatada;
el Señor te librará del poder de tus enemigos.

11 Ahora muchas naciones se han reunido contra ti.
Y dicen: «¡Que sea profanada Sión!
¡Disfrutemos del espectáculo!»
12 Pero ellas no saben lo que piensa el Señor,
ni comprenden sus designios;
no saben que él las junta
como a gavillas en la era.
13 ¡Levántate, hija de Sión!
¡Ponte a trillar!
Yo haré de hierro tus cuernos
y de bronce tus pezuñas,
para que conviertas en polvo a muchos pueblos,
y consagres al Señor sus ganancias injustas;
sus riquezas, al Señor de toda la tierra.

Comentario

3. El poder interior e invisible

Puedes ser usado grandemente por Dios. Ten una visión grande para tu vida porque estás lleno del poder del Espíritu del Señor.

Lo que el profeta Miqueas dice puede ser cierto para todos nosotros: «Yo, en cambio, estoy lleno de poder, lleno del Espíritu del Señor, y lleno de justicia y de fuerza» (3:8a). El poder viene de la obra interior e invisible del Espíritu Santo.

Miqueas habló con gran poder. Fue el paladín de la causa de los menos privilegiados. Como en el caso de Jonás, las advertencias de Miqueas fueron escuchadas y se evitó el desastre (ver Jeremías 26:18 y siguientes).

Miqueas habló contra la avaricia y la injusticia. Como muchos pecados, empiezan por unos planes interiores e invisibles: «Ay de los que solo piensan en el mal, y aun acostados hacen planes malvados» (Miqueas 2:1a).

Sembraron pensamientos y recogieron acciones. «En cuanto amanece, los llevan a cabo porque tienen el poder en sus manos.

Codician campos, y se apropian de ellos; casas, y de ellas se adueñan» (vv.1b–2). (Esta es una descripción extraordinariamente exacta de lo que ahora describiríamos como «acaparamiento de tierras»).

Las palabras de Miqueas se dirigen en particular a los líderes (3:1a). «¿Acaso no les corresponde a ustedes conocer el derecho? Ustedes odian el bien y aman el mal» (vv.1b–2a). Los acusa de tratar a la gente como animales (vv.2–3) y les advierte que si tratan al pobre injustamente, Dios no escuchará sus oraciones (v.4).

Parece que en la raíz de la injusticia estaba el dinero. Como suele ser muy frecuente, la codicia lleva a la injusticia:

« Sus gobernantes juzgan por soborno,

sus sacerdotes instruyen por paga,

y sus profetas predicen por dinero;

para colmo, se apoyan en el Señor, diciendo:

“¿No está el Señor entre nosotros?”» (v.11).

Un día, Dios pondrá las cosas en su lugar. Dios «juzgará entre muchos pueblos, y administrará justicia a naciones poderosas y lejanas. Convertirán en azadones sus espadas, y en hoces sus lanzas. Ya no alzará su espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra» (4:3). Habrá también un justo reparto de la tierra: «Cada uno se sentará bajo su parra y su higuera» (v.4a).

Al final, lo que importa son los pensamientos interiores e invisibles de Dios: «Pero ellas no saben lo que piensa el Señor, ni comprenden sus designios» (v.12).

Oración

Señor, gracias porque un día corregirás todos los males y traerás una paz duradera. Mientras tanto, oro para estar «lleno de poder, lleno del Espíritu del Señor, y lleno de justicia y de fuerza» (3:8).

Añadidos de Pippa

2 Corintios 4:7

«Tenemos este tesoro en vasijas de barro»

Soy muy consciente de que soy una «vasija de barro». ¡Mi vasija se está volviendo vieja, mellada y agrietada!

Puede que esté desvencijada, pero el poder de Dios «que está por encima de todo» todavía vive en mí.

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Nueva Versión Inernacional (NVI)

Copyright © 1999 by Biblica, Inc

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