Día 302

Haz el bien

Sabiduría Salmos 119:113-120
Nuevo Testamento Tito 3:1-15
Antiguo Testamento Lamentaciones 1:1-2:6

Introducción

Hay alguna gente de nuestra comunidad en la iglesia que parece que nunca paran de hacer el bien. Cada vez que los veo, están sirviendo o lavando, orando por alguien, animando a otros, ofreciéndose a llevar comida a los enfermos o haciendo algún otro tipo de acto de amor. Dan generosamente para el trabajo de la iglesia y hacen todas estas cosas con mucha generosidad y entusiasmo. Su ejemplo siempre me da ánimo y a la vez me supone un desafío.

Nunca parece que se cansn de hacer el bien. Para citar a John Wesley, «haz todo el bien que puedas por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas, en todo tiempo que puedas, a toda la gente que puedas, por tanto tiempo como puedas».

En nuestra sociedad, el término «buenecit» se ha convertido en peyorativo y se usa como insulto. Pero hacer el bien no debería ser visto de esta manera. Jesús «anduvo *haciendo el bien» (*Hechos 10:38).

San Pablo escribe a Tito: «Recuérdales a todos \[…\] estar dispuestos a hacer lo bueno» (Tito 3:1). Su deseo

Sabiduría

Salmos 119:113-120

113 Aborrezco a los hipócritas,
pero amo tu ley.
114 Tú eres mi escondite y mi escudo;
en tu palabra he puesto mi esperanza.
115 ¡Malhechores, apártense de mí,
que quiero cumplir los mandamientos de mi Dios!
116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré;
no defraudes mis esperanzas.
117 Defiéndeme, y estaré a salvo;
siempre optaré por tus decretos.
118 Tú rechazas a los que se desvían de tus decretos,
porque sólo maquinan falsedades.
119 Tú desechas como escoria a los impíos de la tierra;
por eso amo tus estatutos.
120 Mi cuerpo se estremece por el temor que me inspiras;
siento reverencia por tus leyes.

Comentario

1. Haz el bien, no el mal

Lo opuesto a hacer el bien es hacer el mal. El salmista está determinado a hacer el bien. Es por esto que dice: «Malhechores, apártense de mí» (v.115a). Los malhechores son «hipócritas» (v.113). Se desvían de los decretos de Dios y maquinan falsedades (v.118).

Elige evitar el mal y hacer el bien. Ama las palabras de Dios (vv.113,119). Dios es tu refugio y escudo (v.114a). Pon tu esperanza en Su palabra (v.114b). «Siempre optaré por tus decretos» (v.117).

El salmista escribe: «Sostenme conforme a tu promesa, y viviré; no defraudes mis esperanzas» (v.116). Que nuestra esperanza se vea frustrada es suficientemente malo. El libro de Proverbios dice: «La esperanza frustrada aflige al corazón» (Proverbios 13:12). La oración del salmista es que sus esperanzas no sean defraudadas.

Oración

Señor, hoy te traigo una vez más mis esperanzas… no dejes que mis esperanzas se vean defraudadas. Amo Tus palabras. Ayúdame a vivir según ellas y a permanecer lejos de hacer el mal y hacer el bien.

Nuevo Testamento

Tito 3:1-15

La conducta del creyente

3Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las autoridades. Siempre deben estar dispuestos a hacer lo bueno: 2 a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo.

3 En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos odiábamos unos a otros. 4 Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, 5 él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, 6 el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. 7 Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la esperanza de recibir la vida eterna. 8 Este mensaje es digno de confianza, y quiero que lo recalques, para que los que han creído en Dios se empeñen en hacer buenas obras. Esto es excelente y provechoso para todos.

9 Evita las necias controversias y genealogías, las discusiones y peleas sobre la ley, porque carecen de provecho y de sentido. 10 Al que cause divisiones, amonéstalo dos veces, y después evítalo. 11 Puedes estar seguro de que tal individuo se condena a sí mismo por ser un perverso pecador.

Instrucciones personales y saludos finales

12 Tan pronto como te haya enviado a Artemas o a Tíquico, haz todo lo posible por ir a Nicópolis a verme, pues he decidido pasar allí el invierno. 13 Ayuda en todo lo que puedas al abogado Zenas y a Apolos, de modo que no les falte nada para su viaje. 14 Que aprendan los nuestros a empeñarse en hacer buenas obras, a fin de que atiendan a lo que es realmente necesario y no lleven una vida inútil.

15 Saludos de parte de todos los que me acompañan. Saludos a los que nos aman en la fe.

Que la gracia sea con todos ustedes.

Comentario

2. Está siempre dispuesto a hacer el bien

Hay un contraste muy llamativo entre la vida de Pablo antes de que experimentara una relación con Jesucristo y su vida después (y me identifico con esto por mi propia experiencia). Pablo escribe: «También nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos odiábamos unos a otros» (v.3).

Pero Jesús transforma absolutamente las vidas: «Cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia» (vv.4-5). Hacer el bien es una respuesta a la bondad y el amor de Dios por nosotros. Solemos pensar en la bondad de nuestra familia y nuestros amigos, pero Dios es infinitamente más bondadoso que ellos. Si Dios ha sido tan bondadoso contigo, la respuesta natural es que tú seas bondadoso con los demás.

Por esta bondad y amor, Dios no solo te ha perdonado; también te ha dado el Espíritu Santo: «Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la esperanza de recibir la vida eterna» (vv.5-7). El Espíritu Santo es quien te capacita y empodera para hacer el bien.

Por lo tanto, Pablo puede escribir acerca del tipo de vidas que tenemos que llevar ahora: «Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las autoridades» (v.1). Esta es nuestra responsabilidad civil: obedecer las leyes del país a menos que sean contrarias a la ley de Dios.

Pero la obediencia y la sumisión a los gobernantes y autoridades no es suficiente. Debemos estar «dispuestos a hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo» (vv.1-2). Les insta dos veces a empeñarse más en «hacer lo bueno» (vv.8,14).

Es chocante que el enfoque de Pablo aquí parezca centrarse en sus relaciones con otras personas. Pablo anima a tener una actitud mental «centrada en otra cosa», enraizada en humildad, verdad y consideración hacia los demás. Aunque tenemos que estar motivados por el amor, a veces es sirviendo a los demás como aprendemos a amarlos.

Incluso después de volver a nacer y ser renovados por el Espíritu Santo, habrá tentaciones de desviarnos y volvernos improductivos. No te involucres en discusiones incesantes. Pablo escribe: «Evita las necias controversias y genealogías, las discusiones y peleas sobre la ley, porque carecen de provecho y de sentido» (v.9).

A Pablo le importa que los cristianos en Creta sean distintos y diferentes de la cultura en la que viven, por lo que escribe: «Que aprendan los nuestros a empeñarse en hacer buenas obras, a fin de que atiendan a lo que es realmente necesario y no lleven una vida inútil» (3:14).

Como cristiano encarnas con tu vida lo que crees, ante a un mundo que está observando. Si somos perezosos e improductivos, se darán cuenta. Tenemos que reflejar «la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador» (v.4) al «hacer el bien».

Hacer el bien y vivir una vida productiva no significa necesariamente que tengas que cambiar de carrera. Cuando ejercía como abogado, recuerdo considerar si Dios nos estaba llamando a la ordenación en la Iglesia de Inglaterra. Me sentía muy impactado por la mención de «el abogado Zenas» (v.13). Aquello me recordaba que si dejaba de ejercer como abogado, no era porque tuviera nada de malo ser un abogado cristiano. Sin importar en qué etapa de tu vida estés, cualquiera que sea tu trabajo o ministerio, es posible andar haciendo el bien.

Oración

Señor, muchas gracias por la manera en la que has transformado mi vida. Ayúdame a llevar una vida productiva y, como Jesús, andar haciendo el bien.

Antiguo Testamento

Lamentaciones 1:1-2:6

1¡Ay, cuán desolada se encuentra
la que fue ciudad populosa!
¡Tiene apariencia de viuda
la que fue grande entre las naciones!
¡Hoy es esclava de las provincias
la que fue gran señora entre ellas!
2 Amargas lágrimas derrama por las noches;
corre el llanto por sus mejillas.
No hay entre sus amantes
uno solo que la consuele.
Todos sus amigos la traicionaron;
se volvieron sus enemigos.
3 Humillada, cargada de cadenas,
Judá marchó al exilio.
Una más entre las naciones,
no encuentra reposo.
Todos sus perseguidores la acosan,
la ponen en aprietos.
4 Los caminos a Sión están de duelo;
ya nadie asiste a sus fiestas solemnes.
Las puertas de la ciudad se ven desoladas:
sollozan sus sacerdotes,
se turban sus doncellas,
¡toda ella es amargura!
5 Sus enemigos se volvieron sus amos;
¡tranquilos se ven sus adversarios!
El Señor la ha acongojado
por causa de sus muchos pecados.
Sus hijos marcharon al cautiverio,
arrastrados por sus enemigos.
6 La bella Sión ha perdido
todo su antiguo esplendor.
Sus príncipes parecen venados
que vagan en busca de pastos.
Exhaustos, se dan a la fuga
frente a sus perseguidores.
7 Jerusalén trae a la memoria
los tristes días de su peregrinaje;
se acuerda de todos los tesoros
que en el pasado fueron suyos.
Cuando su pueblo cayó en manos enemigas
nadie acudió en su ayuda.
Sus adversarios vieron su caída
y se burlaron de ella.
8 Grave es el pecado de Jerusalén;
¡por eso se ha vuelto impura!
Los que antes la honraban ahora la desprecian,
pues han visto su desnudez;
ella misma se deshace en llanto,
y no se atreve a dar la cara.
9 Sus vestidos están llenos de inmundicia;
no tomó en cuenta lo que le esperaba.
Su caída fue sorprendente;
no hubo nadie que la consolara.
«¡Mira, Señor, mi aflicción!
¡El enemigo ha triunfado!»
10 El enemigo se adueñó
de todos los tesoros de Jerusalén;
vio ella penetrar en su santuario
a las naciones paganas,
a las que tú prohibiste
entrar en tu asamblea.
11 Todo su pueblo solloza
y anda en busca de pan;
para mantenerse con vida
cambian por comida sus tesoros.
«¡Mira, Señor, date cuenta
de cómo me están humillando!»
12 «Fíjense ustedes, los que pasan por el camino:
¿Acaso no les importa?
¿Dónde hay un sufrimiento como el mío,
como el que el Señor me ha hecho padecer,
como el que el Señor lanzó sobre mí
en el día de su furor?
13 »Desde lo alto envió el Señor un fuego
que me caló hasta los huesos.
A mi paso tendió una trampa
y me hizo retroceder.
Me abandonó por completo;
a todas horas me sentía morir.
14 »Pesan mis pecados como un yugo sobre mí;
Dios mismo me los ató con sus manos.
Me los ha colgado al cuello,
y ha debilitado mis fuerzas.
Me ha entregado en manos de gente
a la que no puedo ofrecer resistencia.
15 »En mi ciudad el Señor ha rechazado
a todos los guerreros;
ha reunido un ejército para atacarme,
para despedazar a mis jóvenes.
El Señor ha aplastado a la virginal hija de Judá
como quien pisa uvas para hacer vino.
16 »Todo esto me hace llorar;
los ojos se me nublan de llanto.
No tengo cerca a nadie que me consuele;
no tengo a nadie que me reanime.
Mis hijos quedaron abandonados
porque el enemigo salió victorioso.»
17 Sión clama pidiendo ayuda,
pero no hay quien la consuele.
Por decreto del
los vecinos de Jacob son ahora sus enemigos;
Jerusalén ha llegado a ser
basura e inmundicia.
18 «El Señor es justo,
pero yo me rebelé contra sus leyes.
Escuchen, ustedes los pueblos;
fíjense en mi sufrimiento.
Mis jóvenes y mis doncellas
han marchado al destierro.
19 »Llamé a mis amantes,
pero ellos me traicionaron.
Mis sacerdotes y mis ancianos
perecieron en la ciudad,
mientras buscaban alimentos
para mantenerse con vida.
20 »¡Mírame, Señor, que me encuentro angustiada!
¡Siento una profunda agonía!
Mi corazón está desconcertado,
pues he sido muy rebelde.
Allá afuera, la espada me deja sin hijos;
aquí adentro, hay un ambiente de muerte.
21 »La gente ha escuchado mi gemir,
pero no hay quien me consuele.
Todos mis enemigos conocen mi pesar
y se alegran de lo que has hecho conmigo.
¡Manda ya tu castigo anunciado,
para que sufran lo que he sufrido!
22 »¡Que llegue a tu presencia
toda su maldad!
¡Trátalos como me has tratado a mí
por causa de todos mis pecados!
Son muchos mis gemidos,
y mi corazón desfallece.»

2¡Ay, el Señor ha eclipsado a la bella Sión
con la nube de su furor!
Desde el cielo echó por tierra
el esplendor de Israel;
en el día de su ira se olvidó
del estrado de sus pies.
2 Sin compasión el Señor ha destruido
todas las moradas de Jacob;
en su furor ha derribado
los baluartes de la bella Judá
y ha puesto su honra por los suelos
al derrocar a su rey y a sus príncipes.
3 Dio rienda suelta a su furor
y deshizo todo el poder de Israel.
Nos vimos frente al enemigo,
y el Señor nos negó su ayuda.
Ardió en Jacob como un fuego encendido
que consumía cuanto le rodeaba.
4 Como enemigo, tensó el arco;
lista estaba su mano derecha.
Como enemigo, eliminó
a nuestros seres queridos.
Como fuego, derramó su ira
sobre las tiendas de la bella Sión.
5 El Señor se porta como enemigo:
ha destruido a Israel.
Ha destruido todos sus palacios
y derribado sus baluartes.
Ha multiplicado el luto y los lamentos
por la bella Judá.
6 Ha desolado su morada como a un jardín;
ha derribado su lugar de reunión.
El Señor ha hecho que Sión olvide
sus fiestas solemnes y sus sábados;
se desató su furia contra el rey
y dejó de lado al sacerdote.

Comentario

3. Mantente unido a aquel que anduvo haciendo el bien

En su introducción al libro de las Lamentaciones, Eugene Peterson escribe: «Ser humano es sufrir, nadie está exento de ello. El Libro de las Lamentaciones se añade al extenso testimonio bíblico que da dignidad al sufrimiento testimoniando que Dios entra en nuestro sufrimiento y es un compañero con nuestros sufrimientos».

El libro, como sugiere su propio nombre, se centra en la tristeza, la pena, el duelo, el dolor, la pérdida y la tragedia que el pueblo de Dios experimentó durante el exilio. Puede que nuestras circunstancias sean diferentes, pero nuestro sufrimiento es igual de real.

El escritor lamenta cómo la nación de Israel que otrora fue grande, ha ido al exilio por causa de sus muchos pecados, en palabras de The Message: «Está entre la espada y la pared» (1:3, MSG), «… lo perdió todo» (v.7, MSG), «… Allá afuera, la espada me deja sin hijos; aquí adentro, hay un ambiente de muerte» (v.20).

Al leer el pasaje de hoy parece que hay muy poca esperanza. Todo consiste en juicio y sufrimiento. El escritor pregunta: «¿Dónde hay un sufrimiento como el mío…?» (v.12). Es así como solemos sentirnos cuando pasamos por dificultades y pruebas.

Escribe: «Pesan mis pecados como un yugo sobre mí; Dios mismo me los ató con sus manos. Me los ha colgado al cuello, y ha debilitado mis fuerzas. Me ha entregado en manos de gente a la que no puedo ofrecer resistencia» (v.14).

La imagen es de sus pecados siendo como un gran yugo pesado alrededor de su cuello cuyo peso le aplasta. Está cansado y apesadumbrado por ellos.

Esta es la experiencia del exilio, el juicio y el sufrimiento inmenso. El exilio físico duró aproximadamente setenta años, pero había un sentir de que la experiencia del exilio continuaba.

Gracias a Dios Jesús vino a anunciar que el exilio estaba bien terminado del todo, y que ya no necesitas ir por la vida cansado y apesadumbrado por los pecados. Jesús dijo: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» (Mateo 11:28-30).

Este es el secreto para hacer el bien: mantente cerca de aquel que anduvo haciendo el bien. Pásale a Jesús tus cargas y recibe su descanso. Carga su yugo sobre ti al aprender de Él, de su suave y amable corazón, porque él es la fuente de hacer el bien.

Oración

Gracias, mi Señor y mi Salvador, porque tomas el yugo del pecado y eliminas su pesada carga. Gracias porque cuando estoy unido a ti, mi yugo es fácil y mi carga es ligera. Ayúdame hoy a permanecer cerca de ti, a ministrar en el poder del Espíritu Santo, como tú, haciendo el bien.

Añadidos de Pippa

Pippa añade

Titus 3:14

«\[Que\] los nuestros \[…\] no lleven una vida inútil».

Me pregunto qué es lo que Dios piensa que es productivo en nuestra vida. La vida es muy ocupada, elegir qué hacer es difícil. En el reino de Dios en el que las cosas son al revés, algo que pensamos que es insignificante puede ser la cosa más importante para Dios.

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Referencias

Notas:

Escritura marcada (MSG) es tomada de la traducción bíblica The Message, no está traducida al español, se parafrasea.

Eugene Peterson, The Message, 'Introduction to Lamentations', (NavPress, 1993) p.1110. No disponible en español.

Unless otherwise stated, Scripture quotations taken from the Holy Bible, New International Version Anglicised, Copyright © 1979, 1984, 2011 Biblica, formerly International Bible Society. Used by permission of Hodder & Stoughton Publishers, an Hachette UK company. All rights reserved. «NIV» is a registered trademark of Biblica. UK trademark number 1448790.

Scripture quotations marked (AMP) taken from the Amplified® Bible, Copyright © 1954, 1958, 1962, 1964, 1965, 1987 by The Lockman Foundation. Used by permission. (www.Lockman.org)

Scripture marked (MSG) taken from The Message. Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, 2000, 2001, 2002. Used by permission of NavPress Publishing Group.

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