Día 308

Cómo acercarse a Dios

Sabiduría Salmos 119:153-160
Nuevo Testamento Hebreos 4:14-5:10
Antiguo Testamento Ezequiel 1:1-3:27

Introducción

El Libro de Hebreos parece dirigirse a los cristianos judíos y cuanto más lo estudio, más me gusta. Está escrito de una manera que parece extraña a nuestros oídos modernos; el lenguaje está empapado del Antiguo Testamento. Se trata de esta pregunta vital: ¿Cómo puedes acercarte a Dios?

La respuesta del autor es esta: a través de Jesús, nuestro gran sumo sacerdote. El sumo sacerdocio de Jesús es el culmen de esta carta la cual es el único documento del Nuevo Testamento donde expresamente se llama Sacerdote a Jesús. La obra sacerdotal de Jesús se da a entender en otros lugares; por ejemplo, la oración «sumo sacerdotal» de Jesús (Juan 17) y la descripción que Juan hace de Jesús como abogado ante el Padre (1 Juan 2:1). Pero es aquí, en el libro de Hebreos, donde este tema se presenta y se aborda.

Sabiduría

Salmos 119:153-160

153 Considera mi aflicción, y líbrame,
 pues no me he olvidado de tu ley.
154 Defiende mi causa, rescátame;
 dame vida conforme a tu promesa.
155 La salvación está lejos de los impíos,
 porque ellos no buscan tus decretos.
156 Grande es, Señor, tu compasión;
 dame vida conforme a tus juicios.
157 Muchos son mis adversarios y mis perseguidores,
 pero yo no me aparto de tus estatutos.
158 Miro a esos renegados y me dan náuseas,
 porque no cumplen tus palabras.
159 Mira, Señor, cuánto amo tus preceptos;
 conforme a tu gran amor, dame vida.
160 La suma de tus palabras es la verdad;
 tus rectos juicios permanecen para siempre.

Comentario

1. Acércate a Dios sabiendo que es amoroso y compasivo

El amor de Dios por la humanidad siempre ha sido grande. «Grande es, Señor, tu compasión» (v.156). El salmista conocía el amor de Dios: «Conforme a tu gran amor, dame vida» (v.159). Él sabía que Dios era un libertador (v.153). Habla de redención (v.154) y salvación (v.155).

Sabía que Dios lo liberaría, redimiría y salvaría, y fue por eso que supo que podía acercarse a Dios con confianza. Lo que no sabía era cómo lo salvaría Dios.

Al leer todo el Antiguo Testamento — incluyendo este salmo— a través de la lente del Nuevo Testamento, podemos ver que aquello que el salmista describe se hace posible por el sumo sacerdocio de Jesús.

Oración

Señor, gracias por Tu gran amor y compasión. Gracias por haber hecho posible que por medio de Jesús fuese liberado, redimido y salvado.

Nuevo Testamento

Hebreos 4:14-5:10

14 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. 16 Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.

Jesús, el gran sumo sacerdote

5Todo sumo sacerdote es escogido de entre los hombres. Él mismo es nombrado para representar a su pueblo ante Dios, y ofrecer dones y sacrificios por los pecados. 2 Puede tratar con paciencia a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está sujeto a las debilidades humanas. 3 Por tal razón se ve obligado a ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como también por los del pueblo.

4 Nadie ocupa ese cargo por iniciativa propia; más bien, lo ocupa el que es llamado por Dios, como sucedió con Aarón. 5 Tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino que Dios le dijo:

 «Tú eres mi hijo;
  hoy mismo te he engendrado.»

6 Y en otro pasaje dice:

 «Tú eres sacerdote para siempre,
  según el orden de Melquisedec.»

7 En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. 8 Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; 9 y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10 y Dios lo nombró sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

Comentario

2. Acércate a Dios por medio de Jesús, el gran sumo sacerdote

Es asombroso que tú y yo podamos acercarnos al Creador del universo con confianza y osadía. Por supuesto, debemos ser respetuosos pero no necesitamos ser tímidos o temerosos. ¿Cómo es posible?

Cuando el escritor introduce el tema central de su carta —el sumo sacerdocio de Jesús— subraya que el propósito principal de su carta es este: «Aferrémonos a la fe que profesamos» (4:14). Aprender más acerca de quién es Jesús te permite mantenerte firme en tu fe durante las tormentas y las tentaciones de la vida.

¡Jesús es único! El gran sumo sacerdote es a la vez «el Hijo de Dios» (v.14) y plenamente humano. Él es capaz de simpatizar con nuestras debilidades y «ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado» (v.15).

Jesús tuvo todos los mismos sentimientos que tú tienes. Tuvo momentos en los que se sintió tentado a hacer lo malo, pero siempre eligió hacer lo correcto. Al hablarle en oración, puedes saber que él sabe cómo te sientes.

Existían tres requisitos necesarios para el sacerdocio:

  • Humanidad («Escogido de entre los hombres», Hebreos 5:1)
  • Compasión («Puede tratar con paciencia», v.2)
  • Nombramiento divino («Llamado por Dios», v.4)

Cumpliendo estos tres requisitos, Jesús encaja exactamente con este rol.

Pero Jesús pertenecía a la tribu de Judá, no a Leví, y por lo tanto carecía de la calificación para el sacerdocio normal, el cual estaba compuesto por los descendientes del hermano de Moisés, Aarón (quien era levita). Así, el escritor lo identifica con un nuevo orden de sacerdotes, identificado con Melquisedec, el personaje del Antiguo Testamento, quien fue sacerdote del «Dios Altísimo» y ministro de Abraham (Génesis 14:18-20).

El libro de Hebreos muestra cómo el sacerdocio de Melquisedec era superior al de Aarón en todos los sentidos (véase Hebreos 7). Este sacerdocio es eterno porque el sacerdocio de Jesús es como el de Melquisedec (5:6). Por lo tanto, es eficaz en todas las épocas. Afecta a los que vivieron antes de Jesús, así como a todos aquellos que vivan después de él.

Jesús es nuestro representante (v.1), él es el sacerdote modelo y muy superior a cualquier otro sacerdote.

Jesús adquirió experiencia a través de las cosas que sufrió (v.9). Dios usa todo en tu camino, por más doloroso que sea, para que ganes experiencia. Puedes aprender a usar tu dolor para el bien de otra persona.

Joyce Meyer escribe que Dios «usará todo en nuestro pasado. No importa lo doloroso que sea pues Él lo considera experiencia \[...\]. Soy una especialista en superar la vergüenza, la culpa, la mala imagen de mí misma, la falta de confianza, el miedo, la ira, la amargura, la autocompasión, etc. \[Sé\] positivo acerca de tu pasado y tu dolor, y date cuenta de que todo puede usarse para bien en el reino de Dios».

Como nosotros, Jesús ganó experiencia a través de lo que sufrió. Sin embargo, a diferencia de nosotros, él no tiene pecado. Por lo tanto, no necesitaba ofrecer sacrificios por sus propios pecados. Él es «autor de salvación eterna para todos los que le obedecen» (v.9).

Podemos acercarnos «confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos» (v.16). Cuando pides perdón por tu pasado, puedes saber que recibirás «misericordia». Al pedir ayuda para tu futuro, puedes saber que recibirás «la gracia que nos ayuda» en cualquier necesidad que tengas y cualquier dificultad que enfrentes en este momento.

La imagen del trono es una manera de enfatizar la majestad y la gloria de quien se sienta en ella: Dios. Y a través de Jesús, puedes acercarte a Dios en oración y adoración sin importar cómo te sientas o lo que hayas hecho.

Oración

Señor Jesucristo, mi gran sumo sacerdote, gracias por haber hecho posible que me acerque al trono de la gracia con confianza. Gracias porque hoy puedo recibir misericordia y encontrar la gracia que me ayuda en mi momento de necesidad.

Antiguo Testamento

Ezequiel 1:1-3:27

1En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios. 2 Habían pasado cinco años y cinco meses desde que el rey Joaquín fue deportado.

3 (En este tiempo, mientras Ezequiel hijo de Buzí estaba a orillas del río Quebar, en la tierra de los caldeos, el Señor le dirigió la palabra, y su mano se posó sobre él.)

4 De pronto me fijé y vi que del norte venían un viento huracanado y una nube inmensa rodeada de un fuego fulgurante y de un gran resplandor. En medio del fuego se veía algo semejante a un metal refulgente. 5 También en medio del fuego vi algo parecido a cuatro seres vivientes, 6 cada uno de los cuales tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Sus piernas eran rectas, y sus pies parecían pezuñas de ternero y brillaban como el bronce bruñido. 8 En sus cuatro costados, debajo de las alas, tenían manos humanas. Estos cuatro seres tenían caras y alas, 9 y las alas se tocaban entre sí. Cuando avanzaban no se volvían, sino que cada uno caminaba de frente. 10 Sus rostros tenían el siguiente aspecto: de frente, los cuatro tenían rostro humano; a la derecha tenían cara de león; a la izquierda, de toro; y por detrás, de águila. 11 Tales eran sus caras. Sus alas se desplegaban hacia arriba. Con dos alas se tocaban entre sí, mientras que con las otras dos se cubrían el cuerpo. 12 Los cuatro seres avanzaban de frente. Iban adonde el espíritu los impulsaba, y no se volvían al andar. 13 Estos seres vivientes parecían carbones encendidos, o antorchas, que se movían de un lado a otro. El fuego resplandecía, y de él se desprendían relámpagos. 14 Los seres vivientes se desplazaban de un lado a otro con la rapidez de un rayo.

15 Miré a los seres vivientes de cuatro caras, y vi que en el suelo, junto a cada uno de ellos, había una rueda. 16 Las cuatro ruedas tenían el mismo aspecto, es decir, brillaban como el topacio y tenían la misma forma. Su estructura era tal que cada rueda parecía estar encajada dentro de la otra. 17 Las ruedas podían avanzar en las cuatro direcciones sin tener que volverse. 18 Las cuatro ruedas tenían grandes aros y estaban llenas de ojos por todas partes. 19 Cuando los seres vivientes avanzaban, las ruedas a su lado hacían lo mismo, y cuando se levantaban del suelo, también se levantaban las ruedas. 20 Los seres iban adonde el espíritu los impulsaba, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. 21 Cuando los seres se movían, las ruedas también se movían; cuando se detenían, las ruedas también se detenían; cuando se elevaban del suelo, las ruedas también se elevaban. Las ruedas hacían lo mismo que ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.

22 Sobre las cabezas de los seres vivientes había una especie de bóveda, muy hermosa y reluciente como el cristal. 23 Debajo de la bóveda las alas de estos seres se extendían y se tocaban entre sí, y cada uno de ellos tenía otras dos alas con las que se cubría el cuerpo. 24 Cuando los seres avanzaban, yo podía oír el ruido de sus alas: era como el estruendo de muchas aguas, como la voz del Todopoderoso, como el tumultuoso ruido de un campamento militar. Cuando se detenían, replegaban sus alas. 25 Luego, mientras estaban parados con sus alas replegadas, se produjo un estruendo por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas. 26 Por encima de esa bóveda había algo semejante a un trono de zafiro, y sobre lo que parecía un trono había una figura de aspecto humano. 27 De lo que parecía ser su cintura para arriba, vi algo que brillaba como el metal bruñido, rodeado de fuego. De su cintura para abajo, vi algo semejante al fuego, y un resplandor a su alrededor. 28 El resplandor era semejante al del arco iris cuando aparece en las nubes en un día de lluvia. Tal era el aspecto de la gloria del Señor. Ante esa visión, caí rostro en tierra y oí que una voz me hablaba.

Llamamiento de Ezequiel

2Esa voz me dijo: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte.»

2 Mientras me hablaba, el Espíritu entró en mí, hizo que me pusiera de pie, y pude oír al que me hablaba. 3 Me dijo: «Hijo de hombre, te voy a enviar a los israelitas. Es una nación rebelde que se ha sublevado contra mí. Ellos y sus antepasados se han rebelado contra mí hasta el día de hoy. 4 Te estoy enviando a un pueblo obstinado y terco, al que deberás advertirle: “Así dice el Señor omnipotente.” 5 Tal vez te escuchen, tal vez no, pues son un pueblo rebelde; pero al menos sabrán que entre ellos hay un profeta. 6 Tú, hijo de hombre, no tengas miedo de ellos ni de sus palabras, por más que estés en medio de cardos y espinas, y vivas rodeado de escorpiones. No temas por lo que digan, ni te sientas atemorizado, porque son un pueblo obstinado. 7 Tal vez te escuchen, tal vez no, pues son un pueblo rebelde; pero tú les proclamarás mis palabras. 8 Tú, hijo de hombre, atiende bien a lo que te voy a decir, y no seas rebelde como ellos. Abre tu boca y come lo que te voy a dar.»

9 Entonces miré, y vi que una mano con un rollo escrito se extendía hacia mí. 10 La mano abrió ante mis ojos el rollo, el cual estaba escrito por ambos lados, y contenía lamentos, gemidos y amenazas.

3Y me dijo: «Hijo de hombre, cómete este rollo escrito, y luego ve a hablarles a los israelitas.»

2 Yo abrí la boca y él hizo que me comiera el rollo. 3 Luego me dijo: «Hijo de hombre, cómete el rollo que te estoy dando hasta que te sacies.» Y yo me lo comí, y era tan dulce como la miel.

4 Otra vez me dijo: «Hijo de hombre, ve a la nación de Israel y proclámale mis palabras. 5 No te envío a un pueblo de lenguaje complicado y difícil de entender, sino a la nación de Israel. 6 No te mando a naciones numerosas de lenguaje complicado y difícil de entender, aunque si te hubiera mandado a ellas seguramente te escucharían. 7 Pero el pueblo de Israel no va a escucharte porque no quiere obedecerme. Todo el pueblo de Israel es terco y obstinado. 8 No obstante, yo te haré tan terco y obstinado como ellos. 9 ¡Te haré inquebrantable como el diamante, inconmovible como la roca! No les tengas miedo ni te asustes, por más que sean un pueblo rebelde.»

10 Luego me dijo: «Hijo de hombre, escucha bien todo lo que voy a decirte, y atesóralo en tu corazón. 11 Ahora ve adonde están exiliados tus compatriotas. Tal vez te escuchen, tal vez no; pero tú adviérteles: “Así dice el Señor omnipotente.” »

12 Entonces el Espíritu de Dios me levantó, y detrás de mí oí decir con el estruendo de un terremoto: «¡Bendita sea la gloria del Señor, donde él habita!» 13 Oí el ruido de las alas de los seres vivientes al rozarse unas con otras, y el de las ruedas que estaban junto a ellas, y el ruido era estruendoso. 14 El Espíritu me levantó y se apoderó de mí, y me fui amargado y enardecido, mientras la mano del Señor me sujetaba con fuerza. 15 Así llegué a Tel Aviv, a orillas del río Quebar, adonde estaban los israelitas exiliados, y totalmente abatido me quedé con ellos durante siete días.

Advertencia a Israel

16 Al cabo de los siete días, el Señor me dijo lo siguiente: 17 «Hijo de hombre, a ti te he puesto como centinela del pueblo de Israel. Por tanto, cuando oigas mi palabra, adviértele de mi parte 18 al malvado: “Estás condenado a muerte.” Si tú no le hablas al malvado ni le haces ver su mala conducta, para que siga viviendo, ese malvado morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte. 19 En cambio, si tú se lo adviertes, y él no se arrepiente de su maldad ni de su mala conducta, morirá por causa de su pecado, pero tú habrás salvado tu vida. 20 Por otra parte, si un justo se desvía de su buena conducta y hace lo malo, y yo lo hago caer y tú no se lo adviertes, él morirá sin que se le tome en cuenta todo el bien que haya hecho. Por no haberle hecho ver su maldad, él morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte. 21 Pero si tú le adviertes al justo que no peque, y en efecto él no peca, él seguirá viviendo porque hizo caso de tu advertencia, y tú habrás salvado tu vida.»

22 Luego el Señor puso su mano sobre mí, y me dijo: «Levántate y dirígete al campo, que allí voy a hablarte.» 23 Yo me levanté y salí al campo. Allí vi la gloria del Señor, tal como la había visto a orillas del río Quebar, y caí rostro en tierra. 24 Entonces el Espíritu de Dios entró en mí, hizo que me pusiera de pie, y me dijo: «Ve y enciérrate en tu casa. 25 A ti, hijo de hombre, te atarán con sogas para que no puedas salir ni andar entre el pueblo. 26 Yo haré que se te pegue la lengua al paladar, y así te quedarás mudo y no podrás reprenderlos, por más que sean un pueblo rebelde. 27 Pero cuando yo te hable, te soltaré la lengua y les advertirás: “Así dice el Señor omnipotente.” El que quiera oír, que oiga; y el que no quiera, que no oiga, porque son un pueblo rebelde.

Comentario

3. Acércate al trono de la gracia con confianza

¡Qué asombroso es que nos digan que podemos acercarnos al trono celestial y además «confiadamente» (Hebreos 4:16)! El profeta Ezequiel (cuyo nombre significa «Dios es fuerte») vislumbró este trono: «Por encima de esa bóveda había algo semejante a un trono de zafiro, y sobre lo que parecía un trono había una figura de aspecto humano. De lo que parecía ser su cintura para arriba, vi algo que brillaba como el metal bruñido, rodeado de fuego. De su cintura para abajo, vi algo semejante al fuego, y un resplandor a su alrededor. \[…\]. Tal era el aspecto de la gloria del Señor. Ante esa visión, caí rostro en tierra y oí que una voz me hablaba» (Ezequiel 1:26-28).

Ezequiel fue llamado por Dios (en 593 a.C.) a los treinta años (v.1). Era un sacerdote (v.3) y exiliado judío en Babilonia (mientras que Jeremías estaba en Jerusalén). Fue capturado junto con el joven rey Joaquín en 597 a.C. (2 Reyes 24:8-17). Al igual que Jeremías, instó al pueblo al arrepentimiento y predijo que un día se reconstruiría Jerusalén.

El llamado de Ezequiel comienza con una visión de Dios. En la visión ve cuatro extrañas criaturas (Ezequiel 1:10). Cada una da testimonio de una parte del carácter de Dios.

El primero tiene la cara de un ser humano; el segundo un león, que representa la fuerza y ​​el coraje; el tercero un buey, que representa la fertilidad; y el cuarto un águila, que representa la velocidad. Todos juntos apuntan a la impresionante majestad y la grandeza de Dios (v.10).

En aquella visión, Ezequiel vislumbra a un hombre, a quien ahora conocemos como Jesús (Apocalipsis 4:1-10).

La respuesta de Ezequiel a la visión del trono de la gracia es caer rostro en tierra (Ezequiel 1:28). Aquella no fue una respuesta inusual a la presencia de Dios (véase, por ejemplo, Apocalipsis 4:10).

Dios le habla (Ezequiel 2:1) y el Espíritu Santo entra en Ezequiel (v.2). Las palabras de Dios le son dadas para que se las comiera (3:1): «Y yo me lo comí, y era tan dulce como la miel» (v.3b). Se le dice que vaya a decir el mensaje que Dios le ha dado.

Se enfrenta a una gran oposición, de la cual se le avisó con antelación: «No les tengas miedo ni te asustes» (v.9). No es su responsabilidad: «Tal vez te escuchen, tal vez no» (v.11b). Tu responsabilidad, como la de Ezequiel, es simplemente decir el mensaje que Dios te da.

No eres responsable de la reacción de los demás (vv.18-21), pero serás responsable de obedecer a Dios y decir las palabras que Dios te ha dado (vv.18,20). A veces no sabes cuál será el resultado en cierta situación, pero siempre puedes confiar y obedecer a Dios.

Más adelante, la gloria del Señor se aparece a Ezequiel nuevamente y él cae rostro en tierra (v.23). De nuevo, el Espíritu entra en él (v.24). Dios le ordena: «… cuando yo te hable, te soltaré la lengua y les advertirás: “Así dice el Señor omnipotente”» (v.27).

Oración

Señor, gracias por el inmenso privilegio de que a través de tu sacrificio como gran sumo sacerdote, puedo acercarme hoy al trono de la gracia con confianza.

Añadidos de Pippa

Pippa añade

Hebreos 4:16 (The Message)

«Así que vamos a acercarnos a él y conseguir lo que está tan dispuesto a darnos. Tomamos la misericordia y aceptamos la ayuda».

Eso es tener confianza.

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Referencias

Notas:

Joyce Meyer, La Biblia de la vida diaria, (Casa Creación, 2013).

Escritura marcada (MSG) es tomada de la traducción bíblica The Message, no está traducida a español, se parafrasea.

Joyce Meyer, The Everyday Life Bible, (Faithwords, 2014) p.2039.

Unless otherwise stated, Scripture quotations taken from the Holy Bible, New International Version Anglicised, Copyright © 1979, 1984, 2011 Biblica, formerly International Bible Society. Used by permission of Hodder & Stoughton Publishers, an Hachette UK company. All rights reserved. ‘NIV’ is a registered trademark of Biblica. UK trademark number 1448790.

Scripture quotations marked (AMP) taken from the Amplified® Bible, Copyright © 1954, 1958, 1962, 1964, 1965, 1987 by The Lockman Foundation. Used by permission. (www.Lockman.org)

Scripture marked (MSG) taken from The Message. Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, 2000, 2001, 2002. Used by permission of NavPress Publishing Group.

Joyce Meyer, The Everyday Life Bible, ‘I am a specialist in overcoming shame, guilt, poor self-image, lack of confidence, fear, anger, bitterness, self-pity, etc. Let me encourage you to be positive about your past and your pain, and realise that it can all be used for good in God’s kingdom.’

Pg 2039

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