Día 92

Sigue a Jesús

Sabiduría Salmos 40:1-8
Nuevo Testamento Lucas 8:40-9:9
Antiguo Testamento Números 31:25-32:42

Introducción

Llegados a un punto, Pippa y yo nos adentramos en el mundo de Twitter. Es un mundo donde «sigues» a otras personas y tú mismo eres «seguido».

Katy Perry y Justin Bieber tienen en la actualidad más de 75 millones de seguidores cada uno. Muchas otras celebridades tienen también enormes cantidades de seguidores. La gente sigue sus vidas, palabras, estilos de vida, dietas y elecciones de moda. Quieren saberlo todo sobre ellos, interactuar con ellos y ser como ellos al imitarlos. No hay nada que sea inherentemente malo en esto. Es natural querer seguir a quienes admiramos. Seguir a los famosos en Twitter puede ser divertido e incluso enriquecedor.

Pero seguir a la gente en Twitter es una cosa; ser un verdadero seguidor de alguien es otra muy distinta. Significa imitar su vida y hacer lo que aquella persona nos dice hacer. Elige seguir a la gente adecuada. Al contrario que en Twitter, a quien sigas es algo verdaderamente importante. Por ejemplo, millones de personas siguieron a Hitler, Stalin y Pol Pot. Todavía hoy millones de personas siguen a dictadores malvados, terroristas y líderes de pandillas.

Alguna gente se muestra escéptica respecto a la tradición y las instituciones, y no saben a quién seguir. Los modelos tradicionales, que con frecuencia eran apoyados por nuestras familias o provenían de ellas, en cierta medida se han quebrado. Esta situación deja a mucha gente en la indecisión acerca de a quién seguir.

Jesús dijo en muchas ocasiones «sígueme». De toda la gente que jamás haya vivido, Jesús es quien tiene el número mayor de seguidores. Más de 2400 millones de personas profesan seguir a Jesús en el mundo de hoy. Los seguidores de Jesús quieren conocerlo y ser como él. En cada uno de los pasajes de hoy vemos algo de lo que significa seguir a Jesús.

Sabiduría

Salmos 40:1-8

Al director musical. Salmo de David.

1 Puse en el Señor toda mi esperanza;
 él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
2 Me sacó de la fosa de la muerte,
 del lodo y del pantano;
puso mis pies sobre una roca,
 y me plantó en terreno firme.
3 Puso en mis labios un cántico nuevo,
 un himno de alabanza a nuestro Dios.
Al ver esto, muchos tuvieron miedo
 y pusieron su confianza en el Señor.

4 Dichoso el que pone su confianza en el
 y no recurre a los idólatras
 ni a los que adoran dioses falsos.
5 Muchas son, Señor mi Dios,
 las maravillas que tú has hecho.
No es posible enumerar
 tus bondades en favor nuestro.
Si quisiera anunciarlas y proclamarlas,
 serían más de lo que puedo contar.

6 A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas,
 pero me has hecho obediente;
tú no has pedido holocaustos
 ni sacrificios por el pecado.
7 Por eso dije: «Aquí me tienes
 —como el libro dice de mí—.
8 Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad;
 tu ley la llevo dentro de mí.»

Comentario

Sigue el ejemplo de Jesús

Cuando pases por momentos difíciles, serás reconfortado al recordar las bendiciones pasadas y los momentos en los que Dios te ha rescatado.

David escribe sobre la época en la que estaba en la «fosa de la muerte», lleno del «lodo del pantano» (v.2a). Puede que estuviera describiendo la experiencia del pecado, la enfermedad o la profundidad de la depresión. Corrie ten Boom afirmó: «No hay fosa tan profunda que supere en profundidad al amor de Dios».

«La fosa» de la depresión puede ser un lugar aterrador. En tiempos así, recordamos todos nuestros fallos y nuestras decepciones. Empezamos a creer que nada bueno nos puede suceder jamás. Nos sentimos infelices y sin remedio. Empezamos a pensar que nunca superaremos nuestros problemas para cumplir el llamado de Dios en nuestras vidas.

En medio de este desvalimiento, David dice: «Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano» (vv.1.2a).

Después de que Dios lo sacara de la fosa de la muerte, «puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme» (v.2b). Dios puso una nueva canción de alabanza en los labios de David y su testimonio llevó a que muchos otros «pusieron su confianza en el Señor» (v.3).

David describe la gran bendición de ignorar lo que el mundo adora (v.4) y seguir al Señor. «Dichoso el que pone su confianza en él \[…\] No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro. Si quisiera anunciarlas y proclamarlas, serían más de lo que puedo contar. Muchas son, Señor mi Dios, las maravillas que tú has hecho. No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro» (vv.4-5).

David escribe «Tú no pides sacrificios a cambio de tu perdón; tan solo nos pides obediencia» (v.6, TLA). El secreto del éxito de David fue la oración y la obediencia.

David se ofrece a sí mismo para seguir la voluntad de Dios con todo su ser, proclamando «Por eso he dicho: Aquí estoy, tal como el libro dice de mí. A mí me agrada hacer tu voluntad, Dios mío; ¡llevo tu enseñanza en el corazón!» (vv.7-8, DHH).

También este era el secreto del éxito de Jesús. Según el autor de los Hebreos, estos versículos encontraron su cumplimiento perfecto en Jesús. Nos dice que el mismo Jesús citó los versículos 6-8 de este salmo (ver Hebreos 10:5-10). Jesús oró y obedeció diciendo: «He venido, oh Dios, a hacer tu voluntad» (v.7). El escritor de los Hebreos prosigue: «Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre» (v.10).

Sigue el ejemplo de Jesús y ofrécete para hacer la voluntad de Dios. David dice que aquellos que hacen del Señor su confianza serán bendecidos. Verás todo tipo de «maravillas» (Salmo 40:5) querrás «anunciarlas, hablar de ellas, pero son más de las que puedo contar» (v.5).

Oración

Señor, gracias por las veces que me has sacado de la fosa de la muerte y del lodo del pantano, has puesto mis pies sobre la roca, dándome un lugar firme donde pisar y una nueva canción para mis labios, capacitándome para testificar para que otros pongan su confianza en el Señor. Ayúdame hoy a orar y obedecer.

Nuevo Testamento

Lucas 8:40-9:9

Una niña muerta y una mujer enferma

40 Cuando Jesús regresó, la multitud se alegró de verlo, pues todos estaban esperándolo. 41 En esto llegó un hombre llamado Jairo, que era un jefe de la sinagoga. Arrojándose a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, 42 porque su única hija, de unos doce años, se estaba muriendo.

Jesús se puso en camino y las multitudes lo apretujaban. 43 Había entre la gente una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias, sin que nadie pudiera sanarla. 44 Ella se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, y al instante cesó su hemorragia.

45 —¿Quién me ha tocado? —preguntó Jesús.

Como todos negaban haberlo tocado, Pedro le dijo:

—Maestro, son multitudes las que te aprietan y te oprimen.

46 —No, alguien me ha tocado —replicó Jesús—; yo sé que de mí ha salido poder.

47 La mujer, al ver que no podía pasar inadvertida, se acercó temblando y se arrojó a sus pies. En presencia de toda la gente, contó por qué lo había tocado y cómo había sido sanada al instante.

48 —Hija, tu fe te ha sanado —le dijo Jesús—. Vete en paz.

49 Todavía estaba hablando Jesús, cuando alguien llegó de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle:

—Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro.

50 Al oír esto, Jesús le dijo a Jairo:

—No tengas miedo; cree nada más, y ella será sanada.

51 Cuando llegó a la casa de Jairo, no dejó que nadie entrara con él, excepto Pedro, Juan y Jacobo, y el padre y la madre de la niña. 52 Todos estaban llorando, muy afligidos por ella.

—Dejen de llorar —les dijo Jesús—. No está muerta sino dormida.

53 Entonces ellos empezaron a burlarse de él porque sabían que estaba muerta. 54 Pero él la tomó de la mano y le dijo:

—¡Niña, levántate!

55 Recobró la vida y al instante se levantó. Jesús mandó darle de comer. 56 Los padres se quedaron atónitos, pero él les advirtió que no contaran a nadie lo que había sucedido.

Jesús envía a los doce

9Habiendo reunido a los doce, Jesús les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y para sanar enfermedades. 2 Entonces los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. 3 «No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni dos mudas de ropa —les dijo—. 4 En cualquier casa que entren, quédense allí hasta que salgan del pueblo. 5 Si no los reciben bien, al salir de ese pueblo, sacúdanse el polvo de los pies como un testimonio contra sus habitantes.» 6 Así que partieron y fueron por todas partes de pueblo en pueblo, predicando el evangelio y sanando a la gente.

7 Herodes el tetrarca se enteró de todo lo que estaba sucediendo. Estaba perplejo porque algunos decían que Juan había resucitado; 8 otros, que se había aparecido Elías; y otros, en fin, que había resucitado alguno de los antiguos profetas. 9 Pero Herodes dijo: «A Juan mandé que le cortaran la cabeza; ¿quién es, entonces, éste de quien oigo tales cosas?» Y procuraba verlo.

Comentario

Sigue las instrucciones de Jesús

Jesús no tenía redes sociales, capacidad de difusión, pantallas grandes o tan siquiera un simple micrófono con el que emitir el mensaje. No necesitó nada de esto: tenía el «poder y la autoridad» que transmitió a sus seguidores (9:1).

Aunque esté bien usar todos los medios disponibles para dar a conocer el mensaje de Jesús, no debemos centrarnos tanto en los medios modernos de comunicación que olvidemos lo esencial de todo. Sigue el ejemplo de Jesús y sus instrucciones, de las cuales leemos en este pasaje.

Jesús sanó a una mujer que había padecido de hemorragias y resucitó a la hija de Jairo trayéndola de vuelta a la vida. Jairo y la hemorroisa son dos personajes muy diferentes: uno hombre y la otra mujer; uno un sujeto, la otra parte de la multitud; uno influyente, la otra aparentemente insignificante; uno le habló a Jesús de su hija, la otra fue llamada «hija» por Jesús; uno era rico y la otra estaba enferma.

Aun así, ambos dependían del poder y la autoridad de Jesús, y los dos reaccionaron de la misma manera al acercarse a Jesús. Jairo «se postró a los pies de Jesús» (8:41, DHH) y la mujer «fue temblando a arrodillarse a los pies de Jesús» (v.47, DHH).

Ambos dieron la respuesta adecuada a Jesús. Reconocieron su poder y estaban preparados para seguir sus instrucciones y creer que Jesús tenía el poder para sanar. Jesús le dijo a la mujer: «Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz» (v.48). A su vez, dijo a Jairo: «No tengas miedo; cree nada más, y ella será sanada» (v.50). Ambas son historias de un extraordinario poder y una extraordinaria compasión.

Se decía de Jesús que «quienes lo tocaban quedaban sanos» (Marcos 6:56). Cuando la mujer que había tenido hemorragias por doce años lo tocó, él replicó: «Alguien me ha tocado; yo sé que de mí ha salido poder» (Lucas 8:46). La mujer fue «sanada al instante» (v.47). Después, Jesús resucitó a la hija de Jairo de entre los muertos. La gente estaba «atónita» (v.56). Jesús ejerció su ministerio con gran poder y autoridad.

Lo que aún es más asombroso es que él te pasa este poder a ti. Poder y autoridad son palabras que justamente asociamos con el ministerio de Jesús. Pero no solo se dan en Jesús. Él llamó a todos sus discípulos juntos y «les dio poder y autoridad para \[…\] predicar el reino de Dios y sanar a los enfermos» (9:1-2). Este es el ministerio al que están llamados todos y cada uno de los discípulos de Jesús (Mateo 28:18-20). Su poder y autoridad están disponibles para ti hoy en día.

Oración

Señor, enséñame a seguir tus instrucciones: a predicar el reino de Dios y sanar a los enfermos. Ayúdame a seguir tu ejemplo de cerca y aprender a ministrar con poder y autoridad.

Antiguo Testamento

Números 31:25-32:42

Reparto del botín

25 El Señor le dijo a Moisés: 26 «Tú y el sacerdote Eleazar y los jefes de las familias patriarcales harán un recuento de toda la gente y de todos los animales capturados. 27 Dividirán el botín entre los soldados que fueron a la guerra y el resto de la comunidad. 28 A los que fueron a la guerra les exigirás del botín una contribución para el Señor. Tanto de la gente como de los asnos, vacas u ovejas, apartarás uno de cada quinientos. 29 Los tomarás de la parte que les tocó a los soldados, y se los darás al sacerdote Eleazar como contribución al Señor. 30 De la parte que les toca a los israelitas, apartarás de la gente uno de cada cincuenta, lo mismo que de los asnos, vacas, ovejas u otros animales, y se los darás a los levitas, pues ellos son los responsables del cuidado de mi santuario.»

31 Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron tal como el Señor se lo ordenó a Moisés.

32 Sin tomar en cuenta los despojos que tomaron los soldados, el botín fue de seiscientas setenta y cinco mil ovejas, 33 setenta y dos mil cabezas de ganado, 34 sesenta y un mil asnos 35 y treinta y dos mil mujeres que jamás habían tenido relaciones sexuales.

36 A los que fueron a la guerra les tocó lo siguiente:

Trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas, 37 de las cuales se entregaron seiscientas setenta y cinco como contribución al Señor.

38 Treinta y seis mil vacas, de las cuales se entregaron setenta y dos como contribución al Señor.

39 Treinta mil quinientos asnos, de los cuales se entregaron sesenta y uno como contribución al Señor.

40 Dieciséis mil mujeres, de las cuales se entregaron treinta y dos como contribución al Señor.

41 La parte que le correspondía al Señor, se la entregó Moisés al sacerdote Eleazar, tal como el Señor se lo había ordenado.

42 Del botín que trajeron los soldados, Moisés tomó la mitad que les correspondía a los israelitas, 43 de modo que a la comunidad le tocaron trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas, 44 treinta y seis mil vacas, 45 treinta mil quinientos asnos 46 y dieciséis mil mujeres. 47 De la parte que les tocó a los israelitas, Moisés tomó una de cada cincuenta personas, y uno de cada cincuenta animales, tal como el Señor se lo había ordenado, y todos ellos se los entregó a los levitas, que eran los responsables del cuidado del santuario del Señor.

La ofrenda de los capitanes

48 Entonces los oficiales que estaban a cargo de la tropa, es decir, los jefes de mil y de cien soldados, se acercaron a Moisés 49 y le dijeron: «Tus siervos han pasado revista, y no falta ninguno de los soldados que estaban bajo nuestras órdenes. 50 Por eso hemos traído, como ofrenda al Señor, los artículos de oro que cada uno de nosotros encontró: brazaletes, cadenas, sortijas, pendientes y collares. Todo esto lo traemos para hacer propiciación por nosotros ante el Señor.»

51 Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron todos los artículos de oro. 52 Todo el oro que los jefes de mil y de cien soldados presentaron como contribución al Señor pesó ciento noventa kilos. 53 Cada soldado había tomado botín para sí mismo. 54 Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de manos de los jefes, y lo llevaron a la Tienda de reunión para que el Señor tuviera presentes a los israelitas.

Rubén y Gad se establecen en Transjordania

32Las tribus de Rubén y Gad, que tenían mucho ganado, se dieron cuenta de que las tierras de Jazer y Galaad eran apropiadas para la ganadería. 2 Así que fueron a decirles a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los jefes de la comunidad:

3 —Las tierras de Atarot, Dibón, Jazer, Nimrá, Hesbón, Elalé, Sebán, Nebo y Beón 4 las conquistó el Señor para el pueblo de Israel, y son apropiadas para la ganadería de tus siervos. 5 Si nos hemos ganado tu favor, permítenos tomar esas tierras como heredad. No nos hagas cruzar el Jordán.

6 Entonces Moisés les dijo a los rubenitas y a los gaditas:

—¿Les parece justo que sus hermanos vayan al combate mientras ustedes se quedan aquí sentados? 7 Los israelitas se han propuesto conquistar la tierra que el Señor les ha dado; ¿no se dan cuenta de que esto los desanimaría? 8 ¡Esto mismo hicieron los padres de ustedes cuando yo los envié a explorar la tierra de Cades Barnea! 9 Fueron a inspeccionar la tierra en el valle de Escol y, cuando volvieron, desanimaron a los israelitas para que no entraran en la tierra que el Señor les había dado. 10 Ese día el Señor se encendió en ira y juró: 11 “Por no haberme seguido de todo corazón, ninguno de los mayores de veinte años que salieron de Egipto verá la tierra que juré darles a Abraham, Isaac y Jacob. 12 Ninguno de ellos la verá, con la sola excepción de Caleb hijo de Jefone, el quenizita, y Josué hijo de Nun, los cuales me siguieron de todo corazón.” 13 El Señor se encendió en ira contra Israel, y los hizo vagar por el desierto cuarenta años, hasta que murió toda la generación que había pecado.

14 »¡Y ahora ustedes, caterva de pecadores, vienen en lugar de sus padres para aumentar la ira del Señor contra Israel! 15 Si ustedes se niegan a seguir al Señor, él volverá a dejar en el desierto a todo este pueblo, y ustedes serán la causa de su destrucción.

16 Entonces ellos se acercaron otra vez a Moisés, y le dijeron:

—Vamos a construir corrales para el ganado, y a edificar ciudades para nuestros pequeños. 17 Sin embargo, tomaremos las armas y marcharemos al frente de los israelitas hasta llevarlos a su lugar. Mientras tanto, nuestros pequeños vivirán en ciudades fortificadas que los protejan de los habitantes del país. 18 No volveremos a nuestras casas hasta que cada uno de los israelitas haya recibido su heredad. 19 Nosotros no queremos compartir con ellos ninguna heredad al otro lado del Jordán, porque nuestra heredad está aquí, en el lado oriental del río.

20 Moisés les contestó:

—Si están dispuestos a hacerlo así, tomen las armas y marchen al combate. 21 Crucen con sus armas el Jordán, y con la ayuda del Señor luchen hasta que él haya quitado del camino a sus enemigos. 22 Cuando a su paso el Señor haya sometido la tierra, entonces podrán ustedes regresar a casa, pues habrán cumplido con su deber hacia el Señor y hacia Israel. Y con la aprobación del Señor esta tierra será de ustedes.

23 »Pero si se niegan, estarán pecando contra el Señor. Y pueden estar seguros de que no escaparán de su pecado. 24 Edifiquen ciudades para sus pequeños, y construyan corrales para su ganado, pero cumplan también lo que han prometido.

25 Los gaditas y los rubenitas le dijeron a Moisés:

—Tus siervos harán tal como el Señor lo ha mandado. 26 Aquí en las ciudades de Galaad se quedarán nuestros pequeños, y todos nuestros ganados y rebaños, 27 pero tus siervos cruzarán con sus armas el Jordán para pelear a la vanguardia del Señor, tal como él lo ha ordenado.

28 Así que Moisés dio las siguientes instrucciones al sacerdote Eleazar, y a Josué hijo de Nun y a los jefes de las familias patriarcales de las tribus de Israel:

29 —Si los gaditas y los rubenitas, armados para la guerra, cruzan el Jordán con ustedes y conquistan el país, como el Señor quiere, ustedes les entregarán como heredad la tierra de Galaad. 30 Pero si no lo cruzan, ellos recibirán su heredad entre ustedes en Canaán.

31 Los gaditas y los rubenitas respondieron:

—Tus siervos harán lo que el Señor ha mandado. 32 Tal como él lo quiere, cruzaremos armados delante del Señor a la tierra de Canaán. Pero nuestra heredad estará de este lado del Jordán.

33 Entonces Moisés entregó a los gaditas y rubenitas, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sijón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán. Les entregó la tierra con las ciudades que estaban dentro de sus fronteras, es decir, las ciudades de todo el país.

34 Los gaditas edificaron las ciudades de Dibón, Atarot, Aroer, 35 Atarot Sofán, Jazer, Yogbea, 36 Bet Nimrá y Bet Arán. Las edificaron como ciudades fortificadas, y construyeron corrales para sus rebaños. 37 También edificaron las ciudades de Hesbón, Elalé, Quiriatayin, 38 Nebo, Baal Megón y Sibma, y les cambiaron de nombre.

39 Los descendientes de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad y la conquistaron, echando de allí a los amorreos que la habitaban. 40 Entonces Moisés entregó Galaad a los maquiritas, que eran descendientes de Manasés, y ellos se establecieron allí. 41 Yaír hijo de Manasés capturó algunas aldeas y les puso por nombre Javot Yaír. 42 Noba capturó Quenat y sus aldeas, y a la región le dio su propio nombre.

Comentario

Sigue a Jesús de todo corazón

El poder y la autoridad de Dios son dados a aquellos que siguen al Señor de todo corazón (32:22). Caleb y Josué son tomados como la excepción entre los israelitas porque son los dos únicos de ellos que «siguieron (al Señor) de todo corazón» (v.12). Esto es lo que el pueblo está llamado a hacer.

Moisés advirtió al pueblo de que no se negaran «a seguir al Señor» (v.15). Les advirtió de que no pecaran contra la Ley: «pueden estar seguros de que no escaparán de su pecado» (v.23). Las Escrituras nos constantemente a seguir al Señor con todo nuestro corazón y a no tontear con el pecado.

Al leer esto con los lentes del Nuevo Testamento, «seguir al Señor» es seguir a Jesús. La declaración central del Nuevo Testamento es que «Jesús es el Señor» (ver por ejemplo Romanos 10:9).

En estos pasajes vemos todos lo que está a disposición de aquellos que siguen a Jesús de todo corazón, ponen su fe y su confianza en él y se ofrecen para hacer su voluntad. Esto es aquello a lo que estás llamado. Al hacerlo, Jesús te envía al mundo con poder y autoridad para proclamar el evangelio y sanar a los enfermos.

Oración

Señor, quiero ser como Caleb y Josué y seguirte de todo corazón. Hoy quiero seguir tu ejemplo y ofrecerme para hacer tu voluntad. Ayúdame a ministrar con poder y autoridad, a proclamar el evangelio y sanar a los enfermos.

Añadidos de Pippa

Pippa añade

Lucas 9:2-3

Jesús «los envió a predicar el reino de Dios \[…\] Les dijo “No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni dos mudas de ropa”»

Tendrían que ver lo nos llevamos cuando viajamos a otros países. ¡Parecemos incapaces de viajar ligeros de equipaje! ¡A Nicky le digo que no parece que los apóstoles se llevaran la raqueta de squash con ellos cuando iban de viaje!

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Referencias

Dibujo © Charlie Mackesy

Corrie ten Boom, El refugio secreto, (Palabra, 2015)

Unless otherwise stated, Scripture quotations taken from the Holy Bible, New International Version Anglicised, Copyright © 1979, 1984, 2011 Biblica, formerly International Bible Society. Used by permission of Hodder & Stoughton Publishers, an Hachette UK company. All rights reserved. ‘NIV’ is a registered trademark of Biblica. UK trademark number 1448790.

Scripture quotations marked (AMP) taken from the Amplified® Bible, Copyright © 1954, 1958, 1962, 1964, 1965, 1987 by The Lockman Foundation. Used by permission. (www.Lockman.org)

Scripture marked (MSG) taken from The Message. Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, 2000, 2001, 2002. Used by permission of NavPress Publishing Group

La Biblia con Nicky y Pippa Gumbel

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