Día 21

Ser Honestos Con Dios

Sabiduría Salmo 12:1-8
Nuevo Testamento Mateo 14:22-15:9
Antiguo Testamento Génesis 41:41-57, 42:1-38

Introducción

En una de las veinte charlas más populares de TED, Pamela Meyer, autora de Liespotting, afirmó que en un día cualquiera nos mienten… ¡entre diez y doscientas veces!

  • «El cheque está en el correo»
  • «Habrá alguien para reparar su caldera en las primeras horas de la mañana»
  • « ¡Estoy bien!»

A veces se trata de palabras vacías. El corazón no acompaña los labios. Hemos sido engañados. Queremos que la gente simplemente nos diga la verdad.

En los pasajes bíblicos de hoy vemos que Dios odia las mentiras y el engaño. David dice: «No hacen sino mentirse unos a otros; sus labios lisonjeros hablan con doblez» (Salmo 12:2). Jesús citó a Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mateo 15:8). Vimos cómo los hermanos de José habían engañado a su padre sobre el destino de su hijo (Génesis 37:31-35). No obstante, hoy vemos también que sabían en sus corazones que no podían engañar a Dios: «Sin duda estamos sufriendo las consecuencias de lo que hicimos con nuestro hermano» (42:21).

Dios quiere que seas sincero con él. Le agrada la franqueza. Desea escuchar lo que hoy está en tu corazón.

Sabiduría

Salmo 12:1-8

Salmo 12

Al director musical. Sobre la octava. Salmo de David.

1 Sálvanos, Señor, que ya no hay gente fiel; ya no queda gente sincera en este mundo. 2 No hacen sino mentirse unos a otros; sus labios lisonjeros hablan con doblez. \t\t 3 El Señor cortará todo labio lisonjero y toda lengua jactanciosa 4 que dice: «Venceremos con la lengua; en nuestros labios confiamos. ¿Quién puede dominarnos a nosotros?»

5 Dice el Señor: «Voy ahora a levantarme, y pondré a salvo a los oprimidos, pues al pobre se le oprime, y el necesitado se queja».

6 Las palabras del Señor son puras, son como la plata refinada, siete veces purificada en el crisol.

7 Tú, Señor, nos protegerás; tú siempre nos defenderás de esta gente, 8 aun cuando los malvados sigan merodeando, y la maldad sea exaltada en este mundo.

Comentario

Pide ayuda a Dios

El clamor del corazón de David era: «Sálvanos, Señor» (v.1). Se lamentaba por la condición de la sociedad de su época, una sociedad no muy distinta a la nuestra. Mencionaba mentiras, engaños, arrogancia, codicia y egoísmo. Presentaba su clamor ante Dios.

«… ya no hay gente fiel; ya no queda gente sincera en este mundo. No hacen sino mentirse unos a otros; sus labios lisonjeros hablan con doblez» (vv.1,2).

A Dios no le impresiona la gente astuta en el uso de las palabras. El clamor inicial de David pidiendo ayuda halló respuesta cuando Dios prometió asistir al débil y al necesitado: «Voy ahora a levantarme, y pondré a salvo a los oprimidos, pues al pobre se le oprime, y el necesitado se queja» (v.5).

David luego contrastó la confiabilidad de Dios con el vacío de las mentiras de quienes lo rodeaban: «Las palabras del Señor son puras, son como la plata refinada, siete veces purificada en el crisol» (v.6). Tenía la confianza de que el Señor lo guardaría y protegería pese al engaño que lo rodeaba. «Tú, Señor, nos protegerás; tú siempre nos defenderás de esta gente» (v.7).

«Sálvanos, Señor» es una gran oración que puedes realizar al comenzar el día, pidiendo que Dios te guíe en todo lo que emprendas.

Oración

Señor, ayúdame a… (presenta ante Dios las cosas que harás hoy).

Nuevo Testamento

Mateo 14:22-15:9

Jesús camina sobre el agua

22 En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud. 23 Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo, 24 y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.

25 En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados.

—¡Es un fantasma! —gritaron de miedo.

27 Pero Jesús les dijo en seguida:

—¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.

28 —Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua.

29 —Ven —dijo Jesús.

Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó:

—¡Señor, sálvame!

31 En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió:

—¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

32 Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo:

—Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.

34 Después de cruzar el lago, desembarcaron en Genesaret. 35 Los habitantes de aquel lugar reconocieron a Jesús y divulgaron la noticia por todos los alrededores. Le llevaban todos los enfermos, 36 suplicándole que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban quedaban sanos.

Lo limpio y lo impuro

15Se acercaron a Jesús algunos fariseos y maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén, y le preguntaron:

2 —¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? ¡Comen sin cumplir primero el rito de lavarse las manos!

3 Jesús les contestó:

—¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición? 4 Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y también: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte.” 5 Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decir a su padre o a su madre: “Cualquier ayuda que pudiera darte ya la he dedicado como ofrenda a Dios.” 6 En ese caso, el tal hijo no tiene que honrar a su padre. Así por causa de la tradición anulan ustedes la palabra de Dios. 7 ¡Hipócritas! Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes:

8 »“Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
9 En vano me adoran;
humanas”

Comentario

Sigue hablando a Dios en la tormenta

A Jesús le encantaba aislarse para orar: «… subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo» (14:23). Cuando estás completamente a solas con Dios, puedes hablar con sinceridad y desde lo profundo de tu ser.

Esta intimidad con Dios es la que capacitó a Jesús para andar sobre las aguas. Animó a Pedro a que hiciera lo mismo. Pero cuando Pedro sintió el «viento fuerte» (v.30), entró en pánico. Sé exactamente cómo se siente eso. En ocasiones, cuando las cosas salen mal, quito mis ojos de Jesús. Me enfoco en las circunstancias que me rodean, y comienzo a "hundirme". En medio de esto, Pedro realizó una oración de pánico: «¡Señor, sálvame!» (v.30).

Aunque fuera una oración de temor, también fue un clamor desde el corazón. «En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo...» (v.31). Al considerar las oraciones de pánico que he realizado, me maravilla pensar en las maneras en que algunas de ellas han sido respondidas.

Cuando Jesús y Pedro regresaron a la barca, el viento se calmó «Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios. » (v.33).

El incidente concluyó con todos los discípulos expresando un clamor del corazon en alabanza. Es bastante extraordinario. Judíos Monoteístas, que conocían el mandamiento de que solo debían adorar a Dios, adoraron a Jesús. Reconocieron que Jesús es «el Hijo de Dios».

En realidad, las primeras palabras de Jesús a los discípulos mientras caminaba por las aguas fueron literalmente: «¡Cálmense! SOY YO. No tengan miedo» (v.27). «YO SOY» es el nombre utilizado para Dios en el Antiguo Testamento (Éxodo 3:14). Jesús dijo a sus discípulos, y nos dice a nosotros, que él es el gran «YO SOY», de modo que no había nada que temer. Sea cual fuere tu situación actual, esta es una reafirmación clara de que Jesús tiene todo controlado.

Tal vez no siempre tengas el consuelo de entender lo que realiza Jesús ni por qué permite que la vida sea como es, pero tienes el consuelo de saber que él tiene todo controlado.

Llevaron ante Jesús todos los que estaban enfermos y clamaron por sanidad. Le suplicaban «que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban quedaban sanos» (Mateo 14:36).

En la sección siguiente (15:1-9) Jesús desafío a los fariseos con respecto a lo que ocurría realmente en «su corazón» (v.8). Comenzó cuando ellos lo cuestionan acerca del quebrantamiento de las tradiciones de parte de sus discípulos. Pero Jesús le dio la vuelta al argumento para cuestionarles a ellos.

La Escritura deja claro que cuidar de nuestra familia, en especial de nuestros padres, debería ser una prioridad absoluta. Los fariseos habían elaborado razonamientos espurios del por qué el dinero que debiera ser usado para ayudar a los padres se había de dedicar a Dios y por lo tanto no podía usarse para honorar y ayudar a sus propios padres (v.5).

Jesús los acusa de hipocresía. La palabra «hipócrita» significa literalmente «alguien que se pone una máscara en una representación». La máscara que llevaban era honrar a Dios con sus labios, pero realmente «su corazón está lejos de mí \[del Señor\]» (v.8). Dios está mucho más interesado en tu corazón que en tus labios.

Oración

Señor, hoy te reconozco y te alabo como el Hijo de Dios. Gracias porque no tengo por qué temer. Cuando las cosas salen mal puedo hablar contigo y saber que escuchas mis oraciones.

Antiguo Testamento

Génesis 41:41-57, 42:1-38

José, gobernador de Egipto

41 Así que el faraón le informó a José:

—Mira, yo te pongo a cargo de todo el territorio de Egipto.

42 De inmediato, el faraón se quitó el anillo oficial y se lo puso a José. Hizo que lo vistieran con ropas de lino fino, y que le pusieran un collar de oro en el cuello. 43 Después lo invitó a subirse al carro reservado para el segundo en autoridad, y ordenó que gritaran: «¡Abran paso!» Fue así como el faraón puso a José al frente de todo el territorio de Egipto.

44 Entonces el faraón le dijo:

—Yo soy el faraón, pero nadie en todo Egipto podrá hacer nada sin tu permiso.

45 Y le cambió el nombre a José, y lo llamó Zafenat Panea; además, le dio por esposa a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On. De este modo quedó José a cargo de Egipto. 46 Tenía treinta años cuando comenzó a trabajar al servicio del faraón, rey de Egipto.

Tan pronto como se retiró José de la presencia del faraón, se dedicó a recorrer todo el territorio de Egipto. 47 Durante los siete años de abundancia la tierra produjo grandes cosechas, 48 así que José fue recogiendo todo el alimento que se produjo en Egipto durante esos siete años, y lo almacenó en las ciudades. 49 Juntó alimento como quien junta arena del mar, y fue tanto lo que recogió que dejó de contabilizarlo. ¡Ya no había forma de mantener el control!

50 Antes de comenzar el primer año de hambre, José tuvo dos hijos con su esposa Asenat, la hija de Potifera, sacerdote de On. 51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo: «Dios ha hecho que me olvide de todos mis problemas, y de mi casa paterna.» 52 Al segundo lo llamó Efraín, porque dijo: «Dios me ha hecho fecundo en esta tierra donde he sufrido.»

53 Los siete años de abundancia en Egipto llegaron a su fin 54 y, tal como José lo había anunciado, comenzaron los siete años de hambre, la cual se extendió por todos los países. Pero a lo largo y a lo ancho del territorio de Egipto había alimento. 55 Cuando también en Egipto comenzó a sentirse el hambre, el pueblo clamó al faraón pidiéndole comida. Entonces el faraón le dijo a todo el pueblo de Egipto: «Vayan a ver a José, y hagan lo que él les diga.»

56 Cuando ya el hambre se había extendido por todo el territorio, y había arreciado, José abrió los graneros para vender alimento a los egipcios. 57 Además, de todos los países llegaban a Egipto para comprarle alimento a José, porque el hambre cundía ya por todo el mundo.

Los hermanos de José van a Egipto

42Cuando Jacob se enteró de que había alimento en Egipto, les dijo a sus hijos: «¿Qué hacen ahí parados, mirándose unos a otros? 2 He sabido que hay alimento en Egipto. Vayan allá y compren comida para nosotros, para que no muramos, sino que podamos sobrevivir.»

3 Diez de los hermanos de José fueron a Egipto a comprar alimento. 4 Pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José, se fuera con ellos porque pensó que podría sucederle alguna desgracia. 5 Fue así como los hijos de Israel fueron a comprar alimento, al igual que otros, porque el hambre se había apoderado de Canaán.

6 José era el gobernador del país, y el que vendía trigo a todo el mundo. Cuando sus hermanos llegaron ante él, se postraron rostro en tierra. 7 En cuanto José vio a sus hermanos, los reconoció; pero, fingiendo no conocerlos, les habló con rudeza:

—¡Y ustedes!, ¿de dónde vienen?

—Venimos de Canaán, para comprar alimento —contestaron.

8 Aunque José los había reconocido, sus hermanos no lo reconocieron a él. 9 En ese momento se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo:

—¡De seguro ustedes son espías, y han venido para investigar las zonas desprotegidas del país!

10 —¡No, señor! —respondieron—. Sus siervos hemos venido a comprar alimento. 11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y además somos gente honrada. ¡Sus siervos no somos espías!

12 —¡No es verdad! —insistió José—. Ustedes han venido para investigar las zonas desprotegidas del país.

13 Pero ellos volvieron a responder:

—Nosotros, sus siervos, éramos doce hermanos, todos hijos de un mismo padre que vive en Canaán. El menor se ha quedado con nuestro padre, y el otro ya no vive.

14 Pero José los increpó una vez más:

—Es tal como les he dicho. ¡Ustedes son espías! 15 Y con esto lo vamos a comprobar: Les juro por la vida del faraón, que de aquí no saldrán con vida a menos que traigan a su hermano menor. 16 Manden a uno de ustedes a buscar a su hermano; los demás se quedarán en la cárcel. Así sabremos si es verdad lo que dicen. Y si no es así, ¡por la vida del faraón, ustedes son espías!

17 José los encerró en la cárcel durante tres días. 18 Al tercer día les dijo:

—Yo soy un hombre temeroso de Dios. Hagan lo siguiente y salvarán su vida. 19 Si en verdad son honrados, quédese uno de ustedes bajo custodia, y vayan los demás y lleven alimento para calmar el hambre de sus familias. 20 Pero tráiganme a su hermano menor y pruébenme que dicen la verdad. Así no morirán.

Ellos aceptaron la propuesta, 21 pero se decían unos a otros:

—Sin duda estamos sufriendo las consecuencias de lo que hicimos con nuestro hermano. Aunque vimos su angustia cuando nos suplicaba que le tuviéramos compasión, no le hicimos caso. Por eso ahora nos vemos en aprietos.

22 Entonces habló Rubén:

—Yo les advertí que no le hicieran daño al muchacho, pero no me hicieron caso. ¡Ahora tenemos que pagar el precio de su sangre!

23 Como José les hablaba por medio de un intérprete, ellos no sabían que él entendía todo lo que estaban diciendo. 24 José se apartó de ellos y se echó a llorar. Luego, cuando se controló y pudo hablarles, apartó a Simeón y ordenó que lo ataran en presencia de ellos.

25 José dio también la orden de que llenaran de alimentos sus costales, que repusieran en cada una de sus bolsas el dinero que habían pagado, y que les dieran provisiones para el viaje. Y así se hizo. 26 Entonces ellos cargaron el alimento sobre sus asnos y emprendieron el viaje de vuelta.

27 Cuando llegaron al lugar donde acamparían esa noche, uno de ellos abrió su bolsa para darle de comer a su asno, ¡y allí en la abertura descubrió su dinero! 28 Entonces les dijo a sus hermanos:

—¡Me devolvieron el dinero! Miren, ¡aquí está, en mi bolsa!

Los otros se asustaron mucho, y temblando se decían unos a otros:

—¿Qué es lo que Dios nos ha hecho?

29 Al llegar a Canaán, donde estaba su padre Jacob, le contaron todo lo que les había sucedido:

30 —El hombre que gobierna aquel país nos trató con rudeza, a tal grado que nos acusó de ser espías. 31 Nosotros le dijimos: “Somos gente honrada. No somos espías.” 32 Además, le dijimos: “Somos doce hermanos, hijos de un mismo padre. Uno ya no vive, y el menor se ha quedado con nuestro padre en Canaán.”

33 »Entonces el hombre que gobierna aquel país nos dijo: “Con esto voy a comprobar si en verdad son gente honrada. Dejen aquí conmigo a uno de sus hermanos, y vayan a llevar alimento para calmar el hambre de sus familias. 34 Pero a la vuelta tráiganme a su hermano menor. Así comprobaré que no son espías, y que en verdad son gente honrada. Luego les entregaré de vuelta a su hermano, y podrán moverse con libertad por el país.”

35 Cuando comenzaron a vaciar sus costales, se encontraron con que la bolsa de dinero de cada uno estaba allí. Esto hizo que ellos y su padre se llenaran de temor. 36 Entonces Jacob, su padre, les dijo:

—¡Ustedes me van a dejar sin hijos! José ya no está con nosotros, Simeón tampoco está aquí, ¡y ahora se quieren llevar a Benjamín! ¡Todo esto me perjudica!

37 Pero Rubén le dijo a su padre:

—Yo me hago cargo de Benjamín. Si no te lo devuelvo, podrás matar a mis dos hijos.

38 —¡Mi hijo no se irá con ustedes! —replicó Jacob—. Su hermano José ya está muerto, y ahora sólo él me queda. Si le llega a pasar una desgracia en el viaje que van a emprender, ustedes tendrán la culpa de que este pobre viejo se muera de tristeza.

Comentario

Habla con Dios desde lo profundo de tu corazón

José concluyó bien, pero había comenzado mal. Había estado en una «cisterna» (37:24) y en una «cárcel» (39:20), pero terminó en un «palacio» (45:16).

Como muchos en la Biblia (Jesús, Juan el Bautista, Ezequiel, y los sacerdotes y levitas que servían en el templo, ver Números 4), José comenzó su vida laboral a los treinta años de edad (41:46). Hasta entonces había pasado por un entrenamiento particular. Llegó el momento, pues, en que lo pusieron «a cargo de todo el territorio de Egipto» (v.41).

Dios había visto el corazón de José en medio de todas sus tribulaciones. Durante los trece años comprendidos entre la edad de los diecisiete y los treinta, José probablemente se preguntó qué estaba haciendo Dios. Había experimentado rechazo, sufrimiento, injusticia, encarcelamiento, decepción y otras pruebas. Pero por medio de todo aquello, Dios lo preparaba para estar «a cargo de todo el territorio de Egipto» (v.41).

Dios sabía que José era confiable porque su corazón era correcto. Había permanecido cerca del Señor en medio de todas las pruebas. Esto es lo que importa, no si estás en un período de batalla o de bendición, sino si permaneces cerca del Señor y te comunicas con él desde tu corazón.

José llamó a sus dos hijos Manasés («Dios ha hecho que me olvide de todos mis problemas, y de mi casa paterna», v.51) y Efraín («Dios me ha hecho fecundo en esta tierra donde he sufrido», v.52). El hilo conductor entre ambos nombres es la frase de cuatro palabras: «Dios me ha hecho». Tanto en épocas de sufrimiento (Manasés) como en momentos de éxito (Efraín), José reconocía que Dios tenía el control.

No permitas que tu corazón se amargue en momentos de sufrimiento ni se jacte en épocas de éxito. Reconoce que Dios es soberano sobre tu vida y tu situación.

A diferencia de José, sus hermanos tuvieron que vivir con su engaño y culpabilidad (42:21 en adelante). «…Pero se decían el uno al otro: “Verdaderamente nos portamos muy mal con nuestro hermano, pues no le hicimos caso cuando nos rogaba que le tuviéramos compasión, aunque veíamos que estaba afligido. Por eso ahora nos ha venido esta aflicción”» (v.21, DHH). «Se asustaron mucho» en su corazón (v.28), pero con sus labios dijeron: «Somos gente honrada» (v.31).

En todo esto, los sueños originales de José hallaron cumplimiento. Pese a todo lo que había pasado, siguió confiando en Dios y fue fiel a él. Comenzó mal pero terminó bien.

Nunca abandones los sueños dados por Dios. Aunque comiences en una "fosa" o una "cárcel", como José, puede que termines en un "palacio". Como señala Joyce Meyer: «No importa dónde comenzaste, puedes tener un gran final... Aunque hoy te encuentres en un fosa, ¡Dios aún puede levantarte y hacer grandes cosas en ti y a través de tu vida!».

Oración

Señor, ayúdame a llevar una vida de integridad total. Que mis labios y mi corazón sean uno. En mis oraciones, ayúdame a hablarte con sinceridad desde lo profundo de mi corazón. Gracias por escuchar el clamor de mi corazón.

Añadidos de Pippa

Pippa añade:

José pasa de ser un prisionero olvidado a gobernador de la nación más poderosa de su tiempo.

(Pedro pasa de un valiente acto de fe - caminar sobre el agua - a hundirse en el miedo).

Son los altibajos de la fe.

José estaba preparado para su repentino ascenso al poder. Salvó miles de vidas de la hambruna y una economía de la ruina. Necesitamos que más personas se levanten como José, que teman a Dios, tengan revelación profética y sean grandes líderes con las habilidades para implementar un plan de rescate.

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Referencias

Notas:

Joyce Meyer, La Biblia de la Vida Diaria, Casa Creación; (marzo 2008) Pamela Meyer, ‘How to Spot a Liar’, TED, julio de 2011:

Escritura tomada de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional TM, NVI TM Copyright © 1999, 2005, 2015 por Biblica, Inc. Usado con permiso. Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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